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Full text of "El primer arzobispo de Montevideo : doctor don Mariano Soler"

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APR 2 




BX 4705 .S667 V53 1935 v.l 
Vidal, Josjbe María, fl. 

1877-1893. 
El primer arzobispo de 

Montevideo 



Digitized by the Internet Archive 
in 2014 



https://archive.org/details/elprimerarzobisp01vida_0 



BIBLlOTECñ URUGUñYñ DE ñUTORES CñTOLiCOS 



DR. JOSE MñRlñ VIDñL 

El PRIMER ARZOBISPO 
DE MONTEVIOEO 



* (Dr. Don 'Mariano Solcn 



f 



TOMO 



EDITORIAL DO N B O S C O 
MALDONADO 2125 — MONTEVIDEO 



Excmo. Sr. Dr. D. Mariano Soler 



Dr. JOSE MñRlñ VIDñL 



S a I e s i a n o 



EL PRIMER 
DE M O N 

Doctor Don lA 



ñRZOBISPO 
T E V I D E O 



APR i?r> 2006 



■ Escuela Tipográfica 
Tálleres Don Bosco 
/v\ontevídeo 1935 



PREFACIO 



No me he propuesto escribir un libro, sino pre- 
sentar una personalidad a quienes no han logrado la 
suerte de conocerla, y reavivar su imagen en la me- 
moria de quienes la han conocido. 

A este propósito mío se debe el que en las pá- 
ginas que van a continuación desaparezca, en la me- 
dida de lo posible, el narrador y hable directamente 
el protagonista. Por fortuna quedan de él ciento 
veintiuna obras, amén de numerosos artículos de pe- 
riódico, de cartas y manuscritos diversos. 

El apremio con que hubo de escribirse este 
opúsculo, en los intersticios de múltiples ocupacio- 
nes, no ha permitido que el autor realizara su plan 
con la relativa perfección a que aspiraba. Sin embar- 
go él afirma en conciencia que ha trabajado con te- 
són y con sincero amor de la verdad. Ha consultado 
sus recuerdos personales ; se ha valido de los inapre- 
ciables datos proporcionados por los hermanos so- 
brevivientes del primer Arzobispo de Montevideo, 
D*. Carolina Soler de Gurruchaga y D. Eduardo Soler ; 
ha repasado, hoja por hoja, la colección de El Men- 
sajero del Pueblo, de El Bien Público, de La Semana 
Religiosa, y los trece volúmenes del Diario de Sesio- 
nes de la Cámara de Representantes, correspondien- 



4 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



tes a la XIII Legislatura; ha examinado minuciosa- 
mente los legajos del archivo de la Curia Eclesiás- 
tica de Montevideo, y ha recorrido la vasta publica- 
ción del insigne Prelado. 

Esta documentación puede suplir por el tibio 
empeño que ha encontrado en general en las perso- 
nas que hubieran podido aportar al caudal históri- 
co alguna noticia interesante. 

Y tales asomos de indiferencia ponen de mani- 
fiesto, más y más, la necesidad urgente del impreso 
que el lector tiene en sus manos. "Todo lo gasta y 
borra el tiempo ingrato", dijo el poeta. Las genera- 
ciones nuevas, separadas de Monseñor Soler por el 
intervalo de los años, ignoran ya los hechos del gran 
Arzobispo; sus contemporáneos van desapareciendo 
con rapidez, y en los que permanecen se obnubilan 
y pierden su vivacidad las reminiscencias. 

Es cierto que se ha erigido un mausoleo, crea- 
ción magnífica del arte, en la Santa Iglesia Metropo- 
litana, al primer Arzobispo de Montevideo; es ver- 
dad que se le ha honrado con solemnes conmemora- 
ciones; pero todo ello deja en el alma una impresión 
harto vaga y fugaz, si no se completa y comenta con 
la historia orgánica escrita. Viendo yo que no lo ha- 
cían plumas autorizadas, me atreví a intentar la em- 
presa. Para una eventual futura edición, aceptaré 
agradecido los reparos y ampliaciones de los hom- 
bres de buena voluntad. 

Entretanto no me cabe duda de que, con sus de- 
fectos y todo, los apuntes que ofrezco al público sus- 
citarán en unos y confirmarán en otros la convic- 
ción de que el Dr. D. Mariano Soler fué uno de los 
hijos más preclaros del Uruguay, uno de los ecle- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



5 



siásticos- más eminentes de América, uno de los más 
egregios obispos de la Iglesia católica. 

Villa Colón, 2 de Febrero de 1935, 

Fiesta de la Purificación de María Santísima. 



P. José M. Vidal 

(Salesiano) 



PRIMERñ PñRTE 



EN EL CAMINO DEL SACERDOCIO 
El terruño natal -- 

Una sencilla casa de la hoy ciudad uruguaya de 
San Carlos, en la esquina de las calles de Treinta y 
Tres y Mariano Soler, fué la cuna del primer Arzobis- 
po de Montevideo. 

Dicha población debe su origen al preclaro gober- 
nador de Buenos Aires, Don Pedro de Ceballos, quien 
en el año 1763 congregó en una localidad sita a 12 
kilómetros de Maldonado algunas faimilias portugue- 
sas diseminadas en nuestras fronteras del Este por 
las autoridades de Río Grande del Sur con aviesas in- 
tenciones de penetración conquistadora. 

El nuevo núcleo se llamó Maldonado Chico. Acre- 
crecentado con elementos canarios, gallegos y asturia- 
nos, se le impuso, en honor del rey de España Carlos 
III, la actual denominación, y en 29 de Junio de 1800 
los vecinos vetaron y aclam.aron por celestial patrono 
a San Carlos Borromeo. 

Lo que conserva en el casco urbano el aspecto y 
carácter colonial es la iglesia. 



8 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



La primitiva fué, como en casi todos nuestros po- 
blados de antaño, una construcción de tierra cruda 
con techo de totora. En ella se erigió canónicamente 
la parroquia, en 28 de Julio de 1775, por Juan Balta- 
sar Maciel, Vicario General y Gobernador del Obis- 
pado de Buenos Aires, de orden de Don Manuel Anto- 
nio de la Torre, décimocuarto obispo de aquella dió- 
cesis. 

La primera piedra del templo actual la mandó 
asentar en 1792 Don Manuel Azamor y Ramírez, dé- 
cimosexto obispo de Buenos Aires. 

Era a la sazón cura de San Carlos Don Manuel 
Amenedo Montenegro. 

Los despojos de este sacerdote aguardan la resu- 
rrección gloriosa en el atrio, bajo una lápida que can- 
ta su memoria. Tal sepulcro es el que por derecho co- 
rresponde a quien por casi medio siglo (de 1781 a 
1829) ejerció aquel curato; a quien, más que nadie, 
se desveló en erigir aquella casa de Dios. 

En efecto, además de contribuir con 6.000 pesos 
de su propio peculio, de tal manera enfervorizó a sus 
feligreses, modestos colonos, que en siete años concu- 
rrieron con diezmos por el valor de 14.735 pesos. 

Veinte mil quinientos cincuenta y tres y un real 
costó el sagrado edificio, que fué inaugurado el 1." de 
Enero de 1801, y consagrado algún tiempo después por 
Don Benito de Lué y Riega, décimoctavo obispo (úl- 
timo eslpañol) de Buenos Aires. 

Anotemos de paso que el Pbro. Don Manuel Ame- 
nedo Montenegro, español y leonés, fué gran amigo 
de Artigas y de la causa criolla, y solicitó y obtuvo 
la ciudadanía oriental. 

La iglesia colonial de San Carlos, maciza como de 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



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la época, consta de una sola nave con bóveda de cañón. 

Además de ese venerable ascendiente propio de 
todo lo antiguo e histórico, ofrece de notable los clá- 
sicos herrajes de las puertas y las dos pilas del agua 
bendita, consistentes en tinajas que, empotradas hasta 
la mitad en la pared, sirven de soporte a sendos lebri- 
llos de loza, con fondo blanco y ornato azul, ornato que 
en uno de los recipientes es un rostro goyesco de mu- 
jer. 

La torre del Sur sostiene dos campanas, una mo- 
derna, fabricada en la capital de la República, en los 
talleres de J. West, y otra que lleva grabada la fecha 
de 1701 y fué enviada desde Montevideo en 20 de Ma- 
yo de 1793. 

La originalidad de esta torre y de su par del 
lado del Norte la constituye una serie de platos, de 
la labor de las mencionadas pilas, que, en sustitución 
de azulejos, corre por toda la imposta correspondien- 
te al piso del tercer cuerpo. En cada esquina una ja- 
rra de la misma clase cumple el oficio de columnita 
divisoria-. 

En la sacristía llama la atención una gran cómo- 
da de jacarandá, que data de 1804, y que en los ya en- 
trados en años despierta el recuerdo nostálgico, y casi 
diría religioso, de aquellos sólidos y valiosos muebles 
de los hogares del tiempo viejo. 

Y finalmente, en un pequeño museo de la casa pa- 
rroquial, se atesora un conjunto de objetos de culto, 
más preciados aún por el lenguaje de lo vetusto 
con que nos hablan, que por la plata maciza de que 
los más están fonnados. 

Pero lo que sobre todo impresiona aquí, si no los 



10 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



ajos del cuerpo, los del espíritu, es la visión del per- 
sonaje de nuestra historia. 

En aquel bautisterio nació Mariano Soler a la 
vida de la gracia ; en aquel comulgatorio se alimentó 
por primera vez y sucesivamente con el Pan vivo que 
descendió del cielo; en aquel altar asistió y ministró 
a menudo al augusto sacrificio de la misa; en este 
santuario, en una palabra, se puso en comunicación 
frecuente y fervorosa con Dios, y dentro de estos sa- 
grados muros fué donde oyó, a no dudarlo, el divino 
llamamiento al sacerdocio. A la sombra de esta igle- 
sia recibió las lecciones de su párroco y padrino, y 
por este solar que rodea el templo paseó lentamente, 
absorto en sus lecturas y meditaciones. Explayando su 
vista por el panorama circundante pensaría que, en 
fecha no muy lejana, había de trasponer el recinto de 
alturas que cierran, excepto por el Sur, el horizonte 
de San Carlos, para dirigirse a completar sus conoci- 
mientos y su formación eclesiástica . . . 

Mas entremos ya> en materia. 

Los albores de una vida -- 

Don Mariano Soler, oriundo de Cataluña, y Doña 
Ramona Vidal, de procedencia galaica y natural de 
San Carlos, en el Departamento de Maldonado, con- 
trajeron matrimonio en aquella parroquia el 12 de Ju- 
nio de 1845, en la época aciaga que se conoce en la 
historia nacional con el nombre de la Guerra Grande. 

Dios bendijo el cristiano hogar con el nacimiento 
de trece hijos. 

El primero de ellos vió la luz de este mundo el 
25 de Marzo del siguiente año, día de la Anunciación 



(ÜOCTOU D. MARIANO SOLER) 



11 



de la Virgen Santísima y de la Encarnación del Hijo 
de Dios, y recibió los nombres de Mariano Celmiro En- 
carnación (1). Le bautizó el 20 de Abril el Presbítero 
Don José Betolasa, y le sacaron de pila el Cura Pá- 
rroco, Presbítero Don Angel Singla, y Doña Clemen- 
cia Vidal. 

El niño que acababa de recibir el sacramento de 
la regeneración había de inmortalizar a su familia, 
dar gloria a su departamento y país y ser el tercer 
obispo y el primer arzobispo de Montevideo. 

Cuando se lee la vida de un grande se está es- 
perando descubrir, ya en los albores de ella, el rasgo no 
común, el episodio extraordinario, en que apunten 
el indicio y presagio del porvenir. 

¿Hay algo de ello en los primeros años de nues- 
tro biografiado? 

Son escasos los pormenores que poseemos de es- 
te período de su existencia. 

Sin embargo, he aquí un hecho interesantísimo. 



(1) La partida trae Salmiro; mas para mí es indudable 
que este nombre es Celmiro pronunciado a la catalana. Esta- 
mos oyendo hablar a Don Mariano Soler, padre, al modo que 
en el archivo parroquial de Las Piedras oímos la viva voz de 
Don Manuel Meléndez y de Don Juan Camilo Trápani, padres 
de los Treinta y Ti-es de igual apellido, cuando el primei'o al 
bautizar a su hijo Juan Félix, el 23 de Mayo de 1779, se dice 
natural de Sanlúcar de Barramea (Barrameda), y llama a su 
mujer Cataliiía Machao (Machado), y el segundo, en el bau- 
tismo de su vástago Juan Jacinto Miguel, err 16 de Mayo de 
1797, declara ser natural do Sorriente (Sorrento), en el reino 
f'e Nápoles. 



12 



KL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



que tiene sus asomos de portento, y que recogemos 
de quien lo oyó de sus propios labios. 

Sabrán nuestros lectores que el pueblo nativo de 
Monseñor Soler está situado a la margen derecha 
del arroyo de San Carlos, cerca de la confluencia de 
éste con el de Maldonado. 

En uno de ellos, probablemente en el de San 
Carlos, fué a bañarse sólo el niño Mariano. 

Hizo la señal de la cruz, y entró en el agua. Ha- 
lló que tenía poco fondo, y se aventuró en ella con- 
fiadamente. 

Mas de pronto perdió pie, y entonces se apo- 
deró de él ese pánico invencible que domina a los 
que corren peligro en el traidor elemento. 

Comenzó a hundirse y a tragar agua, sin que 
sus desesperados esfuerzos sirviesen más que pa- 
ra alejarle de la orilla. 

En tan angustioso trance pensó en la Madre 
de Dios, y la invocó exclamando: "¡Virgen Santí- 
sima, sálvame!" 

Sintió que una mano, asiéndole del cabello, le 
arrastraba suavemente a la playa. Y, sin saber có- 
mo, se encontró sano y salvo sobre la arena. 

En el mismo pueblo de San Carlos cursó los pri- 
meros estudios; al principio bajo la disciplina de 
un señor Solari y después bajo la del Presbítero Don 
Angel Singla, su párroco y padrino. 

Aunque sin documentos positivos sobre el par- 
ticular, de su apasionada aplicación a la labor cien- 
tífica en el resto de su vida podemos colegir que en 
aquella iniciación puso ya toda su alma. 

Otro argumento en favor de esta conjetura es 
el de haberse determinado su padre a enviarle a com- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



13 



pletar su ilustración en Montevideo, no sin propó- 
sito de pasarle a Europa, según veremos. 

Mariano frisaba entonces con los quince años. 

Tenía un instituto en la Capital Don Jaime Rol- 
dós y Pons, cuyos textos escolares habrán conocido 
algunos de mis lectores. Se convino en que allí se ha- 
bía de alojar, en calidad de pupilo, nuestro joven 
Soler. 

Era a la sazón, desde el 25 de Mayo de 1859, 
Vicario Apostólico del Uruguay Don Jacinto Vera, 
y Presidente de la República, desde el 1.^ de Marzo 
de 1860, Don Bernardo Prudencio Berro. 

Un viaje in illo témpora 

De San Carlos a Montevideo se trasladó Maria- 
no Soler, evidentemente, en diligencia, el pintores- 
co vehículo para los viajes largos, por aquellas ca- 
lendas. 

Hoy, con el tren, el automóvil, el aeroplano, he- 
mos ganado en velocidad, pero no sé si en poesía. 
Los que alcanzamos a recorrer grandes trayectos 
en la típica diligencia nunca olvidaremos aquellas 
jornadas heroicas. 

Comenzaba el día con la novedad de levantarse 
los pasajeros entre gallos y media noche, pues el 
voluminoso carruaje salía generalmente a eso de 
las tres de la madrugada. 

Se iba en volandas a la agencia. Allí reinaba el 
más característico bullicio. Viajeros que, despuée 
de haber evacuado los últimos trámites, y contado 
apresuradamente los bultos del equipaje para remi- 
tirlos a la baca, trataban de ocultar su emoción per- 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



sonal y consolar la de quienes los despedían con 
mil extremos cariñosos; empleados que circulaban 
en todas direcciones; órdenes apremiantes; subir 
apresurado al coche, iluminado a medias por el rec- 
tángulo de luz que se proyectaba por la puerta del 
establecimiento; piafar y bufar de caballos; toques 
insistentes de corneta; restallido del látigo del ma- 
yoral, y arranque violento del rodante artefacto, 
que, guiado por el galope del cuarteador, salía dando 
barquinazos y sacando chispas del empedrado de las 
calles. 

Dentro del móvil reinaba profunda obscuridad. 
Yo declaro que para mí uno de los mayores atrac- 
tivos y encantos del viaje lo constituían aquellas pri- 
meras horas en que se oía sin ver. En el ambiente 
saturado de olores, entre los que predominaban los 
de las provisiones de boca, sonaban el carraspear o el 
habla cascada de un viejo, el tiple de una señora, la 
llantina de un niño, los múltiples metales y tonos de 
la voz humana. Me agradaba ejercitar ese don que 
todos poseemos de figurarnos inmediatamente el as- 
pecto de las personas a quienes no conocemos de vis- 
ta. Y era muy curioso, a medida que con el alba iban 
brotando los semblantes de entre las tinieblas, co- 
tejar los retratos dibujados por la imaginación con 
los totalmente diversos que ofrecía la realidad. 

A todo esto, las postas o paradas brindaban im- 
presiones originales. En cada una, la escena, en pe- 
queño, que hemos descrito en el punto de partida. 
Y luego, las voces soñolientas de los que, con el rit- 
mo mecánico de la rutina, desempeñaban los necesa- 
rios menesteres ; los gritosí de los peones ; el tropel de 
los caballos que se remudaban ; el canto de los gallos 



(DOCTOll D. MARIANO SOLER) 



15 



desde el ombú estremecido; el más estrecho apiña- 
miento dentro del vehículo por sobrevinientes pa- 
sajeros. 

Y de nuevo el rodar veloz por los caminos, que 
seguían el lomo de la cuchilla, bajaban a la hondona- 
da, volvían a trepar la ladera y se chapuzaban en el 
paso del arroyo, donde, a lo más, los sustituía a veces 
una balsa; que, en aquella época, contados eran los 
puentes, y el afirmado artificial un refinamiento ab- 
solutamente desconocido. 

Ya aclarado el día, después de la exploración de 
aquel interno mundo abreviado y aun del descubri- 
miento en él de seres conocidos y amigos, ya se po- 
día explayar la vista por el vasto panorama. 

Allá adelante, el cuarteador viboreando con ha- 
bilidad única, recogiendo y largando la cuarta para 
dirigir la marcha de las caballos de tiro, que galopa- 
ban con voluntario empeño. A lo largo del camino, 
los alambrados, los vallados de piedra seca, las pitas 
erizadas, y en las inmediaciones de las corrientes, 
la flora indígena, en cuya maraña se llegaba a perci- 
bir un instante la animación del movimiento y ga- 
rrulidad de los pájaros. En los cercas y en los le- 
jos, los ranchos con su inseparable ombú, o el ganado 
multicolor, que pastaba en bajos, faldas y lomas. 
Acá y allá, una bandada de avestruces, un grupo de 
venados. Y cerrando el horizonte, la cadena de alturas 
o la arboleda de la estancia azulada por la lejanía. 

Todo lo que se delineaba después del primer 
término parecía entregado por momentos a una ca- 
rrera fantástica para adelantarse a la diligencia y 
atajarle el paso. 

Mariano Soler hizo la primera etapa de su vía- 



16 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



je en la zona de las sierras embozadas aún en las 
sombras, Y paulatinamente las vió irse recortando 
con nitidez sobre el cielo iluminado. El aislado gigan- 
te de aquella tribu, el Pan de Azúcar, le miró por 
largas horas, como despidiéndole con cierto rudo y 
protector cariño. 

Entretanto, dejando a la izquierda) la laguna del 
Sauce, se internó en la pintoresca Abra de Perdomo, 
atravesó el sitio del futuro pueblo de Pan de Azú- 
car, en el que veinte años más tarde, el 6 de Mayo 
de 1881, se durmió en el Señor el primer Obispo 
de Montevideo; vadeó el arroyo del mismo nombre, 
ya muy cerca del cerro imponente; observó hacia la 
derecha la prolongada fila de la Sierra de las Ani- 
mas ; torciendo hacia el Norte, fué a pasar por donde 
hoy está Solís de Mataojo, y, traspuesto el Solís 
Grande, se vió, no ciertamente sin hondo sentimien- 
to de nostalgia, fuera de su departamento, y en el 
de Canelones. 

Después de un alto en Pando, cruzó a poco el 
arroyo de Toledo y entró en el departamento de 
Montevideo, y al fin en la capital de éste y de toda 
la República. 

Estudiando en los libros y en la vida -- 

A quienes han conocido al protagonista de nues- 
tra historia no les cabe duda de que el ingénito es- 
píritu de observación de Soler captó uno por uno 
los detallas del viaje y del panorama, y de que, 
una vez en Montevideo, olvidado del cansancio del 
trayecto, respiró como en una atmósfera más oxi- 
genada, pues iba por fin a satisfacer cumplidamen- 



<DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



17 



te su ansia de ciencia para corresponder a la voca- 
ción sacerdotal con que la d.vina Bondad le había 
favorecido. 

Fué, según llevamos dicho, a pairar a la casa de 
Don Jaime Roídos y Pons, quien, como el padre del 
recién llegado, había venido de la emprendedora Ca- 
taluña a desaiToUar sus actividades en nuestra tie- 
rra, donde ejercía con provecho la enseñanza. 

¿Cuál fué el tenor de vida del nuevo pupilo? 

La viuda del profesor recordaba a menudo al 
estudiante de San Carlos siempre grave, concentrado 
en sus pensamientos, consagrado al estudio. Aun en 
las hora ■ en que sus colegas disfrutaban de un bien 
conquistado et^parcimiento, él dialogaba con sus li- 
bros y preparaba las lecciones de la Universi- 
dad y las de su maestro doméstico. 

Y resuenan en la memoria aquellas palabras del 
Libro Sagrado: "Tobías, siendo el más joven de la 
tribu de Neftalí, nada mostró de pueril en sus ac- 
ciones". (Tob. I, 4). 

Un pormenor curioso. Parece ser que en la ca^a 
de Don Jaime celebraba sus conventículos o tenidas 
la masonería. Y el predestinado en los designios del 
Altísimo para empuñar el báculo pastoral de la Igle- 
sia Uruguaya era precisamente el encargado de apres- 
tar el salón en que iban a reunirse los hermanos del 
mandil y el palustre, 

¿No habrá comenzado a alborear en su mente, 
mientras ordenaba las sillas del conciliábulo, el plan 
de aquellas obras con que impugnó al cabo de los 
años a la tenebrosa secta: La masonería universal 

2 — T^'^r-'.-t 



18 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



ante la religión, la moral y la dignidad humana (1881) 
y Católicos y Masones (1884) ? 

El piadoso adolescente, futuro invicto campeón 
de los derechos eclesiásticos, pudo a la sazón ver 
cómo éstos son insensatamente atropellados por los 
poderes terrenos y cómo son defendidos por los pre- 
lados santos. 

El Vicario Apostólico Don Jacinto Vera exone- 
ró del cargo de Cura Rector de la Matriz al sacerdo- 
te que lo ejercía. Opúsose a tal providencia el Go- 
bierno, alegando malamente la tan llevada y traí- 
da regalía del Patronato, y, como el impertérrito Je- 
rarca no cediese a las intrusiones de la potestad 
civil, hubo de emprender el camino del destierro, 
que se prolongó desde el 8 de Octubre de 1862 has- 
ta el 23 de Agosto de 1863. 

¡Lección objetiva de energía inquebrantable y 
de heroica fidelidad al deber, la cual, según lo evi- 
denciaron losi hechos posteriores, quedó indeleble- 
mente grabada en el alma de quien había de ser el 
segundo sucesor de aquel perseguido Jefe de nuestra 
Iglesia ! 

Entretanto, el 19 de Abril del mencionado año 
de 1863, el general Venancio Flores, alzado en armas 
contra el Gobierno, desembarcaba en el Rincón de 
Haedo y daba principio a la que él llamó la Cruzada 
Libertadora y la que nuestros viejos tomaban como 
punto de referencia, con el nombre de Guerra de Flo- 
res, sangrienta campaña no terminada hasta el 21 
de Febrero de 1865 con la entrada victoriosa del cé- 
lebre caudillo en la plaza de Montevideo. 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



19 



La familia Soler que, dejando a San Carlos, ha- 
bía ido a establecerse a Chafalote, departamento de 
Rocha, tenía reunida por este tiempo una regular 
cantidad de animales que representaban un capital 
suficiente para» arrostrar las necesidades de la vida. 
Pero la guerra devoró el ganado y Don Mariano se 
vió en la imposibilidad de seguir pagando el pupila- 
je de su hijo que estudiaba en Montevideo. En conse- 
cuencia realizó las gestiones para colocarlo en cali- 
dad de mozo en la casa de comercio de un señor Ba- 
rrios. 

Se resignó el joven, con la pena imaginable, a 
aquella brusca interrupción de sus estudios, a aquel 
amarguísimo adiós a sus vehementes aspiraciones. 

Se encontraron providencialmente con él las se- 
ñoritas de Marrupe y las de Yéregui, y le interro- 
garon : 

— ¿Es verdad que te vas a emplear de depen- 
diente? 

— Es la pura verdad. 

— Pero, muchacho, ¿tú no ibas a seguir la ca- 
rrera eclesiástica? 

— ¿Qué le vamos a hacer? A mi padre no le es 
posible ya costearme los estudios. 

— ¡Esto no puede quedar así! Nosotras recurri- 
remos a Don Jacinto Vera. 

Don Jacinto Vera se hallaba a la sazón en el 
destierro. Y Don Rafael Yéregui le escribió una car- 
ta, que confirma y amplía cuanto acabamos de de- 
cir, y que debo a la generosidad científica del P. 
Juan F. Sallaberri, S. J., el cual trabaja actualmente 
en una documentada biografía del primer obispo de 
Montevideo. 



20 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



La epístola, fechada el 28 de Junio de 1863, es 
del tenor siguiente: 

. .He sabido que en ésta hay un joven de San 
Carlos, de edad de diez y siete años, inclinado a la 
carrera eclesiástica, hace ya tiempo. El padre de ese 
joven, aunque no muy adelantado en recursos, se 
esmera por darle una buena educación, deseando, se- 
gún entiendo, segundar los deseos de su hijo. Con 
ese objeto lo trajo hace algún tiempo, y pensaba en- 
viarlo a Europa; pero un amigo lo disuadió y se en- 
cargó de darle educación, teniéndole en su propia 
casa. 

Pero ese amigo, por lo que entiendo, pone poco 
empeño en cultivar la vocación del joven; y antes 
bien, sospecho que se esfuerza en separarlo de su in- 
tento, pues el joven se queja de que no pone empe- 
ño en enseñarle latín y sí sólo matemáticas. 

No lo extraño; pues ese maestro es masón fa- 
nático: ítem más, es el maestro de la Escuela Fi- 
lantrópica. 

Yo me he valido de unas tías del joven para in- 
dagar si persiste en su vocación; y, por lo que me 
dicen, está muy firme en ella; y desea ir a alguna 
parte, como por ejemplo a Buenos Aires, para llenar 
sus deseos. 

No he podido hablar con él, pues, con motivo de 
la guerra, está metido en la casa de su Maestro; 
pero hago diligencias para conseguir hablarlo, y son- 
dearlo bien ; y, en tal caso, si S. S. lo cree convenien- 
te, hacer que escriba a su padre para enviarlo a San- 
ta Fe. . . 

Me aseguran que es muy estudioso, muy juicio- 
so, y que creen firme su vocación, porque no hay 



(DOCTOR D. MARÍANO SOLER) 



21 



quien se la alimente, y, sin embargo, persiste en 
ella. 

Las tías le indicaron que acaso no sería difí- 
cil que fuese a un buen Colegio en el que pudiera 
seguir bien su carrera, y me dicen que esto lo llenó 
de contento. 

Todo esto lo hago con reserva, pues si lo sabe 
un tío que tiene, o el maestro, tengo casi cierto que 
pondrán entorpecimientos ; pero espero que Dios arre- 
glará todo, si es de su divina voluntad". 

En Santa Fe de la Vera Cruz -- 

El Vicario Apostólico tomó a su cargo los es- 
tudios del candidato. Y en Noviembre de 1863 sa- 
lía de Montevideo un grupo de aspirantes al sacer- 
docio integrado por Mariano Soler, Ricardo Isasa, 
Norberto Betancur, Nicanor Falcón, Gil Sánchez e 
Ignacio Torres. 

Iban a la ciudad fundada por el bizarro y noble 
Don Juan de Garay, con el nombre de Santa Fe de 
la Vera Cruz, entre el Paraná y el Salado, en la 
confluencia del hoy Riacho de Santa Fe y la laguna 
de Guadalupe. 

A aquella entonces exigua población acababan de 
volver, llamados por el Gobierno Argentino para abrir 
un instituto escolar, los Padres de la Compañía de 
Jesús, ausentes desde la expulsión de Carlos III, o 
sea, desde el 13 de Julio de 1767. El P. Joaquín 
Suárez, enviado por el Prepósito General con título 
de Superior, concluyó este convenio: "ha Compañía 
se obliga a plantear un establecimiento de enseñan- 
za pública. . . El Gobierno pondrá a disposición del 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



P, Joaquín Suárez el edificio del antiguo convento 
de la Merced con todos sus accesorios". 

Conforme a este mutuo compromiso, el 9 de No- 
viembre de 1862 se declaró solemnemente "instalado 
el Colegio de la Inmaculada Concepción". 

Pase por aquí, como un soplo animador, la pa- 
labra de Juan] Zorrilla de San Martín, quien, en 
su página Piedras Vivas, publicada en "Obras Com- 
pletas" en el volumen de Huerto Cerrado, dice: 

"No es. . . la opulenta ciudad de Buenos Aires, 
ni su próspera hermana la de Montevideo, quien ha 
de ser la primera sede firme de un gran colegio de 
Jesuítas en la Plata: ese honor ha de caber en suer- 
te a Santa Fe. Era bien pobre entonces la vieja 
ciudad de la "Vera Cruz" ; pero era patricia como la 
que más ; ninguna más genuinamente argentina, más 
platense, más nuestra. . . Jamás dejaré de decir "nues- 
tra" al hablar de la vieja ciudad que fué asilo de mi 
niñez. 

¡ Mi buen colegio de Santa Fe ! . . Era un antiguo 
convento de padres mercedarios, lleno de color y de 
carácter; había sido testigo del nacer de nuestra ci- 
vilización; tenía techumbres de troncos de palme- 
ras, muros de tierra cruda y una vetusta torre alme- 
nada que era todo un símbolo. . . 

Y muchas enredaderas de flores azules, y, sobre 
todo, muchos naranjos de flores nupciales y de fru- 
tos generosos. 

Allí nos acogimos, llevados por las manos de 
nuestros padres, los que éramos niños hace cincuenta 
años y no teníamos en nuestra ciudad natal una ca- 
sa grande en que vivieran reunidas nuestras almas. . . 

Fué casa paterna, no cabe duda, casa solariega, 
aquel primer pobre colegio de Santa F«. . . 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



23 



Allí afluyó toda la familia piálense o argentina, 
que es lo mismo. En aquel Colegio nos conocimos, 
y nos quisimos con amor de hermanos todos los de 
esta gran familia, indisoluble, bajo la paternidad 
de los jesuítas, los amigos buenos, permanentemente 
renovados. Había compañeros de Buenos Aires y de 
Córdoba, de Entre Ríos y de Santiago, de Salta y de 
Corrientes, de las provincias todas argentinas, de 
todas sin excepción. Cada uno hablaba con su acento 
propio regional. . . Y nos reíamos los unos de los 
otros cuando nos abrazábamos. . . Y también los ha- 
bía del Paraguay. . . Y nosotros, por fin, los "Orienta- 
les del Uruguay", estábamos allí, nosotros especial- 
mente, porque fué allí donde se fundó nuestro pri- 
mer Seminario nacional. Fué Monseñor Jacinto Ve- 
ra, primer Obispo de Montevideo, de memoria per- 
durable, quien echó en aquella tierra la simiente de 
nuestro clero. El nombre de Monseñor Mariano So- 
ler, primer Arzobispo de Montevideo, alumno ilustre 
de este colegio santafecino, basta y sobra para dar 
luz a estos recuerdos, que lo son de cariño y grati- 
tud." 

Por aquella época el Vicario Apostólico del Uru- 
guay se hallaba empeñado, con el tesón propio de su 
celo y de su carácter, en la empresa de organizar un 
seminario para la formación del clero nacional, bajo 
la dirección de los mismos Padres Jesuítas. 

Estos, después de la mencionada draconiana ex- 
pulsión de todos los dominios españoles resuelta por 
Carlos III, volvieron por primera vez a nuestro terri- 
torio a principios de Abril de 1848. Ejercieron con 
solicitud apostólica el sagrado ministerio en la C«- 



24 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



pital y fundaron en el pueblo de San Juan Bautista, 
hoy Santa Lucía, un colegio, en el cual iniciaron el 
estudio de las ciencias eclesiásticas los futuros pres- 
bíteros Inocencio María Yéregui (más tarde segun- 
do obispo de Montevideo), su hermano Rafael, Ma- 
nuel Madruga y Esteban de León. 

Mas el Gobierno de Don Gabriel Antonio Pe- 
reira, por quisquillas sectarias, ordenó de pronto, 
con decreto del 26 de Enero de 1859, el destierro de 
los Hijos de San Ignacio. 

Es cierto que todo inducía a creer en una pró- 
xima reparación de la inconsulta y vejatoria medida 
gubernativa; y en efecto ésta fué abrogada en 4 de 
Abril de 1865 por el Gobernador Venancio Flores; 
los Jesuítas volvieron en 1873, y el 16 de Diciembre 
de 1878 se puso la primera piedra del Colegio Semi- 
nario de la calle Soriano. 

Pero en este intervalo Don Jacinto se veía en la 
precisión de enviar a sus seminaristas fuera de la 
patria. 

Y tal fué el motivo de la partida de Soler y sus 
compañeros para el Colegio de Santa Fe. 

No es posible defraudar aquí a nuestros lecto- 
res de otra de las páginas vivas de Zorrilla de San 
Martín, en "Huerto Cerrado": 

"Yo conocí al arzobispo de Montevideo, dice, 
allá por los años 65 y 66, en el Colegio de los PP. 
Jesuítas de Santa Fe, en que ambos nos formamos. 
Era yo niño en aquel entonces: nueve o diez años; 
él, joven : diez y ocho o veinte. Yo estaba en la bulli- 
ciosa sección de los más pequeños; él, en la de los 
seminaristas, que nosotros veíamos sólo desde lejos. 



JOVEN MñRIñNO SOLER 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



25 



Hoy lo veo con toda precisión en mi memoria. Su 
figura se destaca entre las de los jóvenes levitas, 
sus compañeros; me parece verla recortada en el ai- 
re como la silueta de un bajjDrrelieve asirlo. Es la 
misma que la del prelado actual ; pasa rígido, aquili- 
no, muy limpio, muy correcto en el vestir modesto. 
Al rendir sus exámenes públicos, está inmóvil como 
un modelo de taller; las palabras salen de su boca 
frías y sólidas; expone sus conocimientos tales cua- 
les son, ni más ni menos; va a recibir los prime^-oá 
premios, como el que ejecuta una orden urgente, sin 
que el goce del triunfo encienda una luz en sus ojos, 
ni modifique el dibujo correctísimo, pero muy duro 
de sus labios". 

Mirando a la patria - 

Entretanto miraba desde lejos a la patria. 

Siempre la amó con todo su corazón. 

En uno de sus primeros escritos, un folleto de 
treinta y dos páginas publicado en 1878 con el tí- 
tulo El catolicismo, la civilización y el progreso, ba- 
jo el epígrafe "A la Patria", se expresaba en estos 
términos : 

"Arde en mi pecho un fuego sagrado, el amor 
a mi patria querida. El patriota que no lo siente no 
es digno de ese nombre augusto, es reo de lesa-nación. 

"La naturaleza lo puso en el corazón de los mor- 
tales para bien de los pueblos. 

"Y cuando ese amor es puro, cuando ese amor es 
noble arrastra con el poder de un talismán sagrado a 
desear y procurar de todas veras para el objeto ama- 
do el mayor bien posible. Ese bien supremo para un 
üueblo digno es la civilización. 



26 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



"Quiero, pues, para mi patria, deseo ardiente- 
mente la más hermosa civilización; y a trueque de 
procurársela por todos los medios posibles y legítimos 
tengo en nada que se vilipendie mi nombre y se ca- 
lumnien mis intenciones. 

"Dios, que ve los corazones, es quien me ha de 
juzgar". 

Y veintitrés años más tarde, en 1904, concluye 
su Pastoral por la terminación de la guerra civil y por 
los caídos en ella, documento vibrante todo él de inten- 
so patriotismo, con estas palabras: 

"He aquí, amados fieles, lo que a nuestra plu- 
ma ha dictado el corazón inspirado y anhelante por la 
felicidad y la grandeza de la patria. Si no lo hemos sa^- 
bido expresar según lo sentimos, es torpeza de la plu- 
ma o cortedad de entendimiento ; pero sabed al menos 
que lo que hemos querido infundir en vuestras almas 
y en vuestros corazones en estos momentos supremos 
para los destinos de la República, es el amor a la pa- 
tria, amor que no es vano nombre ni un disfraz, sino 
un anhelo sincero por el bien de la tierra querida en 
que Dios nos ha designado nuestra misión, sentimien- 
to consagrado por la religión, como un deber sacro- 
santo, que engrandece a los hombres. 

"Pero ¡ cuidado con traicionar nuestra propia con- 
ciencia, calificando de patriotismo lo que no lo es! 
Cuando ese amor no nos determina a preferir el sa- 
crificio de los intereses particulares o de partido al 
bien de la patria, ese amor no va bien encaminado, no 
es amor patrio. Cuando ante el interés de las institu- 
ciones no sabemos tolerarnos en las luchas partidarias 
y en las mutuas pretensiones, no abrigamos amor a la 
patria. Cuando, al luchar por nuestros derechos, no 



(COCTOE D. MARIANO SOLER) 



27 



titubeamos en hacer sufrir los intereses y el nombre 
de la patria, no es patrio amor el que sentimos; y 
cuando tampoco estamos dispuestos a inmolar en sus 
aras nuestra propia vida, no es patriotismo en grado 
heroico; pues, al decir de la Sagrada Escritura, debe 
darnos energía para morir por la patriai: pro patria 
morí paral!. (2 Mac. 8, 21). 

"Mas, si en todas nuestras aspiraciones políti- 
cas y civiles nos proponemos ante todo el bien de la 
patria sin titubear, resignados a sufrir y hasta a per- 
der de nuestros derechos, con tal que la patria no su- 
fra menoscabo ni detrimento, entonces, con tales hi- 
tjos y semejantes ciudadanos, la patria, sinceramente 
amada, tendrá vida próspera, reinará en ella la jus- 
ticia, y resplandecerá con gloria inmarcesible: "invé- 
niet vitam, justitiam et gloriam". (Prov. 21, 21)". 

El, decíamos, miraba desde lejos a la patria. 

La veía afligida por todas las calamidades. 

Proseguía, con su cortejo de desastres, la Guerra 
de Flores. El viento arremolinaba el polvo de los eó- 
combros de Paysandú. Pasaban como meteoros por 
el gobierno de la República, Atanasio Cruz Aguirre 
y Tomás Villalba, y más adelante los presidentes de 
quita y pon Francisco A. Vidal y Pedro Várela. En- 
tretanto Flores se sentaba vencedor en la silla del 
primer magistrado. Y se iniciaba la Guerra del Pa^- 
raguay, no ufano paseo militar, como lo había fanta- 
seado Mitre, sino espantosa tragedia, que sólo había 
de terminar al cabo de un lustro al pie del Cerro Co- 
ré, en 1.' de Marzo de 1870. Y se inscribía en el ca- 
lendario nacional como día nefasto el 19 de Febrero 
de 1868, teñido con la sangre alevemente derramada 



28 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



de Venancio Flores y de Bernardo Prudencio Berro. 
Y comenzaba con aciagos auspicios, en 1.'' de Marzo 
del mismo año, la presidencia de Lorenzo Batlle, enlu- 
tada por la epidemia del cólera, el derrumbamiento 
económico, la inquietud política y la guerra. 

En este cuadro de tonos oscuros ponían fugaces 
toques de luz los adelantos logrados en la segunda ad- 
ministración de Flores í la afluencia de la inmigración 
laboriosa; el visible incremento del comercio; la cons- 
trucción de numerosos templos y de edificios para las 
entidades oficiales ; en 1865, la primera línea telegrá- 
fica tendida en el país, y, el 25 de Abril de 1867, el 
comienzo de los traba-jos de la vía férrea, cuyo tramo 
inicial, de Montevideo a Las Piedras, se inauguró en 
1869, ya en el gobierno de Lorenzo Batlle. 

En el orden religioso y moral nuestro seminaris- 
ta veía en auge la ignorancia, la impiedad, la activi- 
dad perniciosa de las sectas. Es verdad que estaba allí 
Don Jacinto Vera. Los estudiantes de Santa Fe supie- 
ron con inefable regocijo que su Pastor, preconizado 
Obispo titular de Megara en 22 de Setiembre de 1864, 
iba 3, ser consagrado en la Matriz de Montevideo en 
16 de Julio del año siguiente. El Angel de la Iglesia 
Uruguaya merecía, sin la mezcla de los reproches ad- 
juntos, los encomios que por intermedio de San Juan 
tributa el Señor en el Apocalipsis a los ángeles u 
obispos de las Iglesias de Asia: "Conozco tu fe, y tu 
caridad, y tus obras cada vez más meritorias, y tu 
entereza en combatii* a los malos, y tu celo inaccesible 
al cansancio, y las tribulaciones que has soportado por 
mi nombre, y tu paciencia heroica, y tu pobreza ma- 
terial hermanada con la riqueza de bienes espiritua- 
les". (Apoc. capts. 2 y 3). 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



29 



Mas, para el vasto campo que había que desbro- 
zar y cultivar, muy escasos resultaban los obreros 
evangélicos; para el trabajo agobiador de cristiani- 
zación y organización, insuficientes los colaborado- 
res del ínclito Prelado. 

Conocido nuestro héroe, se apodera de uno la con- 
vicción de que tan lastimoso panorama confirmaba en 
su espíritu este propósito: sacaré de los libros y de 
la experiencia, de la comunicación con los hombres y 
del trato con Dios el caudal de saber y de virtud que 
neciesito para trabajar esforzada y eficazmente junto 
a mi Superior Eclesiástico por la salvación y el en- 
grandecimiento de mi patria. 

Estuvo Soler en Santa Fe del 1863 al 1869. 
Es de notar que en 1868 obtuvo el título de bachi- 
ller en aquel Colegio de la Inmaculada. 
¿Episodios de estos años? 

Ni los conozco, ni son necesarios. Su vida en esta 
época tiene la monotonía solemne de una gran embal- 
se donde se van acopiando silenciosamente las aguas 
para alimentar a su tiempo todas las acequias de riego. 

En la Ciudad Eterna -- 

Corrieron, pues, los añor-, callados y fecundos. 

S. S. Pío IX, con Bula del 29 de Junio de 1868, 
convocó a los Pastores de la Iglesia para un conci- 
lio ecuménico que debía iniciarse en el Vaticano el 
8 de Diciembre de 1869. 

Y a fines de Octubre de este último año, el limo. 
Sr. Don Jacinto Vera zarpaba de Montevideo con rum- 
bo a la capital del orbe católico, en compañía del Pres- 



30 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



bítero Don Inocencio María Yéregui y de los semina- 
ristas del Colegio de la Inmaculada Concepción de 
Santa Fe, Mariano Soler, Ricardo Isasa y Norberto 
Betancur, quienes iban a terminar y perfeccionar sus 
estudios mayores en la Universidad Gregoriana. 

La impresión de Roma en cualquier alma, por 
menos preparada que la supongamos, es profunda, 
única. ¡Cuál habrá sido en un espíritu tan elevado, 
estudioso, animado de fe y poseído de admiración ha- 
cia el pontificado como el de Soler! 

Algo de ello nos insinuará el primer Arzobispo de 
Montevideo, treinta y ocho años más tarde, en su Pas- 
toral sobre la Peregrinación a Roma y Tierra Santa, 
fechada el 31 de Marzo de 1907: 

"Ahora, dice, nos toca hablaros del otro térmi- 
no de la peregrinación, que es Roma, la Ciudad Eter- 
na, Sede del Vicario de Jesucristo. 

"Y desde luego, las peregrinaciones a Roma han 
sido las predilectas del orbe católico, y en todo tiem- 
po tan frecuentes, que el nombre de romería es hoy 
sinónimo de peregrinación por antonomasia. 

"Pero sobre todo desde la época de la ocupación 
de Roma, de tal manera se han hecho frecuentes las 
peregrinaciones de los católicos para visitar y rendir 
su homenaje y el tributo de su filial amor al prisione- 
ro del Vaticano, que ese hecho asombra a los indife- 
rentes, asusta a los enemigos y consuela y da alientos 
a los creyentes. 

"La impiedad quiso abatir al Pontificado; y he 
aquí que nunca ha brillado con más grandes esplendo- 
res. El Rey de las almas y el Soberano del mundo mo- 
ral continúa siendo la suprema expectación del orbe 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



31 



entero, a pesar de no tener el dominio temporal de 
Roma. 

"Además, está muy puesto en razón que los cató- 
licos vayan a Roma a venerar la tumba de Pedro, so- 
bre quien Cristo fundó la Iglesia, constituyéndole, 
como a sus sucesores, su representante en la tierra, 
y colocándolo a la cabeza del mundo católico. Pedro vi- 
ve allí en la persona de los Papas, Vicarios de Jesu- 
cristo. 

Venerar el sepulcro de Pedro, y rendir homenaje 
al Papa, Jefe de la Iglesia Universal, son, en verdad, 
dos grandes motivos para la peregrinación a Roma. 

"Pero hay más : juntamente con la tumba de Pe- 
dro, se encuentran en Roma las de innumerables hé- 
roes, que han regado con su sangre el árbol frondoso 
del cristianismo, y dado su vida por confesar nuestra 
religión sacrosanta. Allí están esos monumentos sa- 
grados, esas ciudades subterráneas, las catacumbas, 
donde se refugiaban en las persecuciones, para prac- 
ticar el culto divino, nuestros padres en la fe ; donde 
oraban por sus verdugos ; donde mezclábanse los can- 
tos de alabanzas al Señor con el eco de los rugidos de 
las fieras y de la gritería de las turbas, que vocife- 
raban a la puerta del circo : "Los cristianes a las fie- 
ras" ; allí, en fin, como dice un gran vate, la tierra — 
de sangre de mártires regada — es la reliquia univer- 
sal del suelo. — Para quien sabe meditar, la sola con- 
templación de esas catacumbas prueba la divinidad 
del cristianismo: sin más armas que el martirio, sa- 
lieron de ellas los cristianos vencedores, enseñoreán- 
dose de Roma y destronando a los Césares persegui- 
dores. Mahoma venció con la cimitarra, Pedro con el 
martirio. Esa victoria no tiene semejante ; es divina. 



32 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



"Pero además de encontrar motivo?, de santifi- 
cación, los peregrinos que visiten a Roma los encuen- 
tran también de ilustración y de la más pura compla- 
cencia. Es la ciudad de los museos incomparables y de 
las bibliotecas sin rival; la reina de las artes, el san- 
tuario de todas las maravillas del genio, la ciudad mo- 
numental por excelencia, donde los ojos no se cansan 
de ver ni la imaginación de admirar; donde el sabio 
encuentra siempre mucho que aprender, y el aficiona- 
do a bellezas artísticas halla juntas las producciones 
estéticas más acabadas, el mayor número de las obras 
soberanas en las bellas artes, y de que apenas existe 
algún ejemplar en las otras ciudades del mundo ci- 
vilizado. La sola contemplación de la Basílica de San 
Pedro y del anexo Vaticano, residencia del Papa, val- 
dría la pena del viaje, pues nada hay en el mundo que 
se le pueda comparar en su género; y tal es el con- 
junto de bellezas artísticas allí contenidas, que hizo 
exclamar a un incrédulo: "Creí en un tiempo que la 
Iglesia y los Papas eran fautores de retroceso y os- 
curantismo, como vulgarmente se pregona ; pero basta 
para desvanecer este prejuicio contemplar un solo 
día este monumento incomparable de grandezas ar- 
tísticas, obra magna y gloriosa de los Papas". 

"¿Y qué diremos de los monumentos y recuerdos 
históricos ? Roma, capital del mundo gentil y del mun- 
do cristiano, clave de la historia, colocada en mxedio 
de los tiempos, ha conservado al rededor de sus mo- 
numentos modernos las ruinas augustas de sus mo- 
numentos antiguos; la cultura cristiana, al desarro- 
llarse, no ha destruido los restos de la cultura pasada ; 
el gran Pontífice de los cristianos ha procurado la 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



38 



salvación de lo que el tiempo y la barbarie perdonara 
de los altares y templos de los dioses que se fueron ; 
servicio que jamás le pagará la cultura de las artes. 
Por eso es que allí cada ruina es un recuerdo, cada 
tumba una página interesante de la historia, cada 
piedra un testimonio de las grandezas de una civili- 
zación que ya no existe ; y todo habla al alma, y todo 
excita la fantasía del poeta, y presta alas a la inspira- 
ción del artista, y da materia de investigación al ar- 
queólogo, y luz al historiador para leer las semibo- 
rradas páginas de las edades que fueron. 

"Mas aún: debe tenerse presente que, cuando va- 
mos a Roma, no vamos en rigor a una ciudad ex- 
tranjera, sino a la patria de nuestro espíritu, porque 
allí está el Padre común de los fieles de todas las 
naciones. Lejos de estar en ella como en tierra extra- 
ña, nos encontramos los católicos como en nuestra ca- 
isa paterna, la casa solariega de nuestra santa religión. 

"Vamos, pues, a Roma, donde acuden los fieles de 
todo el orbe a congregarse como hijos al rededor de 
su Padre, yendo de todas las naciones a rendir home- 
naje al Supremo Jerarca; de esa manera, todos los 
pueblos cristianos forman un solo pueblo, el pueblo 
predilecto y de promisión del Nuevo Testamento. Así 
desaparecen las barreras naturales, para constituir 
esa civilización universal, cuyo Padre y Jefe espiri-' 
tual es el soberano moral del mundo; es éste el más 
augusto personaje de la tierra, que ambicionan cono- 
cer aun sus propios adversarios, porque instintiva- 
mente saben que no existe majestad semejante en el 
mundo ..." 

Pero a nuestros seminaristas uruguayos les cupo 
hallarse en la capital del mundo católico en circuns- 



« — Bdi»«ilal 



34 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



tancias excepcionales, en que fueron testigos de acon- 
tecimientos de sin igual trascendencia en la histo- 
ria de la Iglesia. 

El Concilio Vaticano -- 

Ya hemos señalado que el viaje del Vicario Apos- 
tólico de Montevideo era motivado por la convocato- 
ria de Pío IX al Concilio Vaticano. 

Tres siglos largos habían transcurrido desde el 
Tridentino o de Trento, clausurado el 4 de Diciembre 
de 1563. Ninguna de estas asambleas ecuménicas se 
haúia celebrado en tan considerable lapso de tiempo, 
¿«inaniiente, después de prolongada y minuciosa pre- 
paración, el 8 de Diciembre de 1869, inscritos unos 
ochocientos Padres de todas las regiones del orbe, se 
realizó la apertura del nuevo Concilio, cuyo solo anun- 
cio liabia aeopertado intensa expectativa en la cris- 
Lianuad. 

í^uien esto escribe sintió indescriptible conmoción 
al descubrir en una lápida adherida a la pared de la 
Basílica de ¡San Pedro, entre los de los demás Pre- 
lados asistentes al magno sínodo, este nombre tan 
queiido y tan nuestro: Hyacinthus Vera. 

y, a no dudarlo, a los actos en que se permitió 
el acceso al puDiico debieron hallarse presentes nues- 
tros seminaristas uruguayos, orgullosos de ver allí 
a su sanco Jf abtor, admiraao por todos los conciliares, 
y auscrios en aquel espectáculo grandioso y deslum- 
biauor, que nos recueraa lo descrito en el Apocalipsis : 

"Vi una gran muchedumbre de elegidos, que na- 
die podía contar, de todas las naciones y tribus y pue- 
blos y lenguas, que estaban ante el trono y delante del 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



35 



Cordero, vestidos de ropaje blanco y con palmas en 
las manos". (Apee. 7, 9). 

Allí, pues, en aquella imponente asamblea, se les 
presentó la Iglesia en su universalidad y en todo su 
esplendor; allí se verificó para ellos lo que se lee en 
el mismo inspirado libro del Apocalipsis: 

"Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que 
bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada cual espo- 
sa engalanada para su esposo. 

"Y oí una gran voz del trono que decía: "He aquí 
el tabernáculo de Dios entre I03 hombres." (Apoc. 
^ 21, 2. 3). 

Allí escucharon, poseídos de viva fe, de religioso 
acatamiento y de adhesión filial, la constitución De 
fide catholica, promulgada el 4 de Abril de 1870 con- 
tra los errores de la incredulidad moderna ; y, el 18 de 
Julio del mismo año, la proclamación del dogma de 
la infalibilidad pontificia, que la impiedad maldijo 
por ese instinto certero que posee para discernir lo 
que la daña o favorece, y que todo el pueblo cristiano 
acogió con aclamaciones de júbilo e himnos de ala- 
banza y gracias a Dios. 

Los Colegios Eclesiásticos de Roma: el Pío Latino 
Americano -- 

Estas magníficas lecciones intuitivas que se les 
presentaban, y que por todas partes le salen al en- 
cuentro al que asienta el pie en Koma, se aclararon 
y consolidaron en las aulas. 

Dice la Civiitá Cattolica del 4 de Noviembre de 
1933, a propósito de la fundación del Colegio Pío 
Latino Americano : 



36 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



"Cuanto a clases y maestros, no había mucho 
que pensa>r. Allí mismo en Roma, florecía ya desde 
1551 aquella gran casa de Estudios Generales, empo- 
rio de la ciencia sagrada, el Colegio Romano, después 
Universidad Gregoriana [por su munífico protector 
Gregorio XIII, 1572-1585], adonde concurría la flor 
y nata de la juventud de varias órdenes religiosas 
y Colegios Eclesiásticas a oír las doctas lecciones de 
ios profesores más eminentes de la Compañía de 
Jesús. Los componentes de las nuevas falanges veni- 
das de la lejana América, frecuentarían, pues, estas 
mismas aulaS:, donde hallarían campo para descollar en 
las ciencias físicas y matemáticas, en la filosofía y 
en el derecho, en la teología y en la Sagrada Escritu- 
ra y prepararse a ser, vueltos a sus patrias respecti- 
vas, idóneos maestros en los seminarios conciliares". 

¡ Con qué avidez y provecho bebería en tales fuen- 
tes una inteligencia tan privilegiada como la del jo- 
ven Mariano Soler ! 

En el año 1908, poco antes de su muerte, al visi- 
tarle yo en el Colegio Pío Latino Americano, donde le 
encontré ya postrado en cama, me decía: 

"Este insomnio que me mata es efecto de la 
privación de sueño en toda mi vida. Siendo muy joven 
visité al médico, el cual definió ex cáthedra: "Si us- 
ted quiere vivir, debe dejar los estudios, el tabaco y 
el café". "Ninguna de las tres cosas", le contesté re- 
suelto. Discutimos, y llegamos a una transacción: yo 
no interrumpiría los estudios, ni me abstendría del ca- 
fé, ni renunciaría al cigarro, pero no tragaría el humo. 
Por eso yo no fumo en realidad, sino que echo hu- 
mo, soy un botafumeiro. En cuanto al café, me acom- 
paña desde aquel entonces una máquina que lo pre- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLlfc> 



37 



para excelente. Cuando hube de rendir el último exa- 
men en la Universidad Gregoriana, por dos meses 
consecutivos se me pasaron las noches de claro en 
claro. Hacía con la consabida maquinilla una taza de 
café, e inmediatamente echaba lo necesario para» otra, 
A la vuelta del examen (era mediodía) me tumbé en 
la cama, y no supe de mí hasta el mediodía siguiente". 

Esta conversación vale más que muchas páginas 
para demostrar la intensidpJ con que estudió en Ro- 
ma nuestro futuro Prelado. Y al mismo tiempo nos 
recuerda aquello que observa Balmes en la segunda 
nota de El Criterio, refiriéndose a los hombres que 
de tal manera se abisman en la meditación y el estu- 
dio: "Ellos tenían verdaderamente una misión que 
cumplir, y, en cierto modo, era excusable que a tan 
alto objeto sacrificaran su salud y su vida". 

Ya veremos como Mariano Soler tenía en efecto 
esa misión providencial en la patria y en la Iglesia. 

Los Colegios Eclesiásticos antes mencionados son 
hogares de estudiantes o convictorios, cuyos pupilos 
suelen frecuentar alguna de las insignes Universida- 
des de la Ciudad Eterna. El Pío Latino Americano, 
ideado por el ilustre chileno Monseñor José Ignacio 
Víctor Eyzaguirre, aprobado y bendecido por S. S. 
Pío IX, se inauguró en 21 de Septiembre de 1858, en 
la fiesta de la Presentación de la Virgen. Establecido 
modestamente en San Andrés del Quirinal, ocupa hoy 
un hermoso palacio en el Lungotévere, Vía Gioacchino 
Belli, N.' 3. Sus alumnos, que, como ya se ha dicho, 
asisten a la Gregoriana, sumaban 18 en el primer año, 
273 en 1928. Entre ellos, del 1858 al 1933, ha habido 
69 uruguayos. Hasta hoy el fecundo plantel ha dado 
82 obispos (el primero, en 1871, el mejicano Don José 



S8 



EL purarcn arzobispo de Montevideo 



Ignacio Montes de Oca y Obregón) y dos cardenales. 

La citada Civiltá Cattolica escribe: 

"En esta fecha memorable para el Colegio [los 
75 años de su fundación], annoue 1^ brevedad del es- 
pacio no nos permite mencionar otros nombres, no 
puede Quedar olvidado el del Excmo. Sefior Don Ma- 
riano Soler, primer Arzobispo de Montevideo, aue. 
nnr su amor al Colegio, por sus escrito^, por sus tra- 
bíiios y viáies emprendidos en pro del mismo, me- 
reció ser llamado el segundo Fundador del Colegio Pío 
Latino Americano." 

A su tiempo hablaremos de esto. Entretanto de- 
bemos noner aauí una mancha de color que da singu- 
lar carácter al cuadro de Roma. 

Cada Colegio Eclesiástico tiene su uniforme. Pa- 
ra todos consta de sotana, generalmente neorra, fa<ia 
y soprana. la cual es un sobretodo o balandrán abier- 
to y sin mangas, con dos colgantes angostos, llamados 
obediencias, aue caen desde los hombros hasta el rup- 
do de los talares. La diferencia consiste en el tinte de 
determinadas piezas del vestido. Los del Colegio Ger- 
mánico, por ejemplo, lo llevan todo escarlata con fa- 
ía negra. Los latinoamericanos, fa,ia y forro de las 
obediencias, celestes. Los españoles tienen, además, 
celestes los botones. Los belgas, la faia listada de 
negro y rojo. Y así los otros. 

Agréguese a esto la diversidad de forma y co- 
lor de los múltiples hábitos de los religiosos, y se 
explicará el que los visitantes de la Ciudad Eterna 
traten de no perder el pintoresco espectáculo de la 
salida de clase de los colegios universitarios. Tam- 
poco desaprovechan esta nota los pintores que re- 
producen algún aspecto de la Ciudad: dando vida a la 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



39 



escena aparece a menudo una fila de seminaristas, 
máxime el trazo rojo de la del Colegio Germánico. 

Miremos de hito en hito, en ese desfile de alum- 
nos del sajntuario, al futuro Arzobispo de Montevideo, 
que pasa con su porte distinguido y grave y su perfil 
clásico y prelaticio. 

Y recordemos que en los días de sus estudios 
romanos presenció otro acontecimiento de los de más 
resonancia en la historia contemporánea: la caída 
del poder temporal de los Papas. 

Mi primer sermón de estudiante seminarista -- 

Esta indicación, de puño y letra de Monseñor 
Mariano Soler, ^e lee a la cabeza del manuscrito de im 
panegírico de Santa Rosq de Lima, rtredicado en el 
Colep-io Pío Latino Americano en 30 de Ap-ostn de 
1870. durante el Concilio Vaticano y menos de un mes 
antes de la toma de Roma. 

El orador presenta a la celestial Patrona de Amé- 
rica como dechado de pureza, penitencia y caridad, y 
termina con esta sentida invocación: 

"Sí, Virgen Rosa; grande te hizo el Altísimo 
porque debías ser el ángel tutelar de América. 

Mírala, pues, con predilección y presenta al Ex- 
celso las plegarias y alabanzas que hoy enviamos a 
tus pies entre el humo del incienso. Mira que tu ama- 
da América, si no suspendes su marcha, camina ya 
derecha a su perdición, por correr fanática tras las 
huellas de la fementida civilización de nuestro siglo. 
Interpón tu poderoso valimiento para que el Dios de 
las misericordias derrame sobre nosotros y sobre ella 
los torrentes de su gracia, que hoy más que nunca 



40 



BL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



los necesita su fe vacilante. Y haz que los pastores 
americanos reunidos hoy bajo los auspicios del au- 
gusto Vicario de tu Esposo vuelvan a sus sedes lle- 
nos de sacro ardimiento, sobre todo para derribar ese 
ídolo de impiedad, la sociedad masónica, y coloquen 
gloriosa sobre sus ruinas la fe de nuestros mayores. 

Echa, en fin, una mirada de protección sobre es- 
ta juventud escogida para quien se abre una época 
de lucha que será de gloria si tú los sostienes en el 
campo del deber. Ellos te invocan, sí, por protectora 
y cubiertos con tu égida trabajarán con denuedo y 
con gloria en la viña del Señor para merecer después 
volar a tu lado a la gloriosa Salén, como a todos 
deseo". ^ - 

La caída del poder temporal de los Papas - 

El 20 de Septiembre de 1870 la artillería piamon- 
tesa baitió los muros de Roma y abrió la brecha de 
Puerta Pía. El Sumo Pontífice Pío IX ordenó que ce- 
sase la inútil resistencia, que no había sido más que 
una manifestación de protesta contra el sitio y ocu- 
pación de la ciudad cabeza> de la cristiandad, y en el 
castillo de Santángelo flameó la bandera blanca. 

El limo. Sr. Don Jacinto Vera, aun en Roma, 
pues asistió a todas las reuniones del Concilio Vatica- 
no, "presenció", dice su biógrafo el Dr. D. Lorenzo 
A, Pons, "con el alma lacerada por la ingratitud, de 
que era objeto el bondadoso Pío IX, la invasión de 
las tropas del Rey del Piamonte y en los momentos 
de mayor peligro para los eclesiásticos, poseído de 
aquel valor intrépido que jamás desmintió, tuvo la 
bsadía de cruzar las calles de la ciudad, vestido con 



(DOCTOR D. MARIANO SOLBR) 



41 



SUS hábitos episcopales, acompañado de un solo sacer- 
dote; llegar al Vaticano para ofrecer sus respetos al 
atribulado Pontífice y condolerse haciendo propias 
las amarguras de aquel anciano inerme y triste por el 
atropello cometido sin protestas, a la faz de la Euro- 
pa enmudecida." 

Y al volver a la patria el santo prelado escri- 
bía en una pastoral dirigida a sus fieles con fecha del 
10 de febrero de 1871: 

"¡Ah! No quisiéramos recordar los días de amar- 
gura, y más que de amargura, de justa indignación, 
que pasamos en Roma al ver aquella ciudad, pocos 
días antes tan tranquila, tan llena de recogijo con- 
templando en el Soberano Pontífice al más bondado- 
so Padre; al verla, decíamos, rodeada» de poderosas 
legiones que por todas partes la asediaban y que, sin 
respetar lo más augusto y sagrado que existe sobre 
la tierra, arrojaban un fuego mortífero sobre el pue- 
blo pacífico, sobre los grandiosos monumentos que 
honran, no ya a Roma, sino a todo el mundo católico, 
al que Roma pertenece. 

"Quisiéramos olvidar, pero jamás se borrará de 
nuestra memoria el recuerdo de las iniquidades, de 
los vejámenes y ultrajes sin número de que fueron 
objeto las personas más venerandas, las instituciones 
más respetables, los lugares más santos y de mayor 
veneración para el Orbe Católico . . . 

Por muy sombrío que bosquejásemos el cuadro 
de la situación de Roma en aquellos días y en los que 
les han sucedido, no podríamos jamás llegar a daros 
una idea completa de los males que, como un torrente 
impetuoso, inundaron aquella ciudad, llenando de 
amargura el bondadoso corazón de Nuestro Santí- 



42 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



simo Padre Pío IX. que sufría y sufre en su alma to- 
dos y cada uno de los ultrajes de que han sido blan- 
co las personas y los lugares más venerables. 

Los trabajos del Santo Concilio debieron necesa- 
riamente suspenderse; porque, no gozando el Sumo 
Pontífice de la libertad e independencia necesarias, 
mal podría la augusta Asamblea proseguir con liber- 
tad e independencia sus trabajos." 

Pero ¿qué impresiones e ideas removió en el al- 
ma del joven levita Mariano Soler aquel episodio 
luctuoso ? 

Dejemos que nos hable él mismo en el capítulo 
"La caída del poder temporal" de su libro Apología 
del Pontificado, que vió la luz pública en 1902: 

"La algazara y aplauso de la masonería y de loa 
sectarios del mundo entero, al consumarse la toma de 
Roma con la brecha de Porta Pía, demuestra eviden- 
temente que fué obra del sectarismo masónico, propo- 
niéndose abatir la religión con el pretexto de la uni- 
dad nacional italiana; simple pretexto, como lo evi- 
dencia la existencia de la República de San Marino y 
el Principado de Monaco, enclavados en la península 
italiana. 

Mas ¿qué juicio debemos formarnos de esa ex- 
poliación consumada ? . . . 

No tenemos que desesperar por la suerte de la 
soberanía temporal del Papa; la expoliación del 20 
de Setiembre de 1870 no es más que uno de los acci- 
dentes tan comunes en la historia, a los que suave 
y enérgicamente puso remedio la divina Providencia. 

Ni se eche en olvido lo que publicistas imparcia- 
les han dicho acerca de la necesidad íntima, continua 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



43 



y espontánea del poder temporal para garantía del 
poder espiritual ; y como éste es inmortal, aquél debe 
surcfir necesariamente, pese a quien pese. ¡Tiempo 
al tiempo! . . . 

Lo que se desearía es sujetar a esta Iglesia, en 
pu Jefe Supremo, al laicismo del Estado y hacer e<?a 
sujeción estable y permanente, consagrándola por 
una situación jurídica definitiva; y éste sería el 
mavor retroceso en las conquistas de la civilización 
cristiana : sería una vuelta al paganismo, cuyo Pontí- 
fice Máximo dependía servilmente del Sumo Impe- 
rante. ' 

Pero antes que retroceder a situación tan de- 
gradante de la conciencia religiosa, se volvería a las 
catacumbas, para salir de ellas con un triunfo más 
espléndido para la fe y la civilización. 

Y tanto más insoportable e? ese orden de cosas 
cuanto que son conocidos los trabajos sectarios que 
en Italia, y especialmente en la misma Roma, se ha- 
cen para arruinar moralmente también al Papado 
en el espíritu de sus subditos más inmediatos, y ca- 
var un abismo entre el obispo de Roma y su propia 
grey; con lo cual se demuestra que no ha existido sin- 
ceridad en la cuestión romana, pues se sirven de 
la supresión del poder temporal para conseguir, si pu- 
diesen, la del espiritual. Los medios corruptores de 
toda especie se emplean, sobre todo, en aminorar 
en la conciencia popular el respeto al Papa, por m.ás 
que el pueblo italiano sea eminentemente católico; 
para este fin todo sirve: mentiras, calumnias, propó- 
sitos de desdén. 

Las famosas garantías son letra muerta: toda 
libertad está concedida a la prensa, que ultraja al 



44 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



Papa y sus funciones y llega hasta a hacer creer al 
pueblo ignorante que el augusto anciano es el ins- 
trumento de los politiqueros del Vaticano, que ya no 
es el Papa, sino el Cardenal Secretario quien gobierna 
a la Iglesia. En la misma Roma vese a todas las sec- 
tas protestantes levantar sus cátedras de error con- 
tra la cátedra de Pedro, y la capital del catolicismo 
se ha convertido en una Benares, en el centro y el 
reino de todas las sectas famosas por su odio en deni- 
grar al Pontificado. Lástima da ver a la capital del 
orbe católico en tan mísero estado, y hace exclamar 
con el profeta: Haéccine est Urbs perfecti decóris, 
princeps provinciárum, gáudium iiniversae terrae? 
Vide, Dómine, el considera quóniam facta sum vilis. 
Vide, Dómine, afflictiónem méam, quóniam eréctus 
est inimicus": "¿A este estado ha venido a parar la 
ciudad de perfecta hermosura, cabeza de las naciones 
y alegría de toda la tierra? ¡Vé, Señor, y considera 
a qué vil estado me han reducido ! Mira, Señor, cuán- 
ta es mi aflicción, porque ha prevalecido mi enemi- 
go." Pero vive Dios, y no será así por siempre . . . 

Toda la historia del pasado, particularmente del 
último siglo, muestra que la Providencia ha multi- 
plicado sus intervenciones extraordinarias para sal- 
vaguardar la libertad y la independencia del Jefe 
Supremo de la Iglesia. . . 

Poco importa que la victoria parezca imposible 
de obtenerse. Gregorio VII emprendió y sostuvo ca- 
si solo una lucha semejante, "perseveró en esta lu- 
cha titánica, fija la esperanza en Dios, y fué a él a 
quien la Iglesia debió su victoria." 

Esperemos, pues, en ella, de.iando al Papa el cui- 
dado de definir soberanamente la medida y los modos 



(DOCTOR D. MARIANO SOLEE) 



45 



accidentales de las garantías y de las condiciones te- 
rritoriales de la independencia pontifical. Este es el 
ideal que debe dominar en nuestras esperanzas, y ss 
el pensamiento que constituye el resumen de una im- 
portante obra: El Papa. . . "En esta hora de dolorosas 
transiciones, dice, en que los pueblos se transforman... 
el Papado se mantiene en su puesto de vigía, aunque 
perseguido y ultrajado, como debe suceder en épocas 
en que la iniquidad triunfa y el derecho es oprimido. 
En vano se agitan y enfurecen las potencias sec- 
tarias : su voz domina las tempestades, y, por un mi- 
lagro inaudito de la Providencia, la influencia de es- 
te cautivo se hace cada vez más grande . . . Des- 
pués de múltiples luchas internas y externas, en 
las que perecerán muchas de estas potencias) que hoy 
figuran en el primer rango. . . el derecho pontificio 
será restablecido a su independencia natural, y, le- 
jos de perder en ella nada de su libertad civil, ganará 
al ejercerlo bajo una forma más perfecta. . ." 

Esa será la victoria para la Iglesia, para la civi- 
lización cristiana y para la humanidad, con honor y 
gloria de la misma Italia, sede del Papado. 

La Iglesia está acostumbrada a esos triunfos 
espontáneos del derecho y de la justicia; y nunca ha 
sido defraudada en su esperanza." 

Si estas palabras del gran Arzobispo nos pare- 
cen por una parte adivinadoras y proféticas, por 
otra nos revelan lo que, siquiera confusamente, se 
agitaba en su espíritu al producirse los hechos acia- 
gos de 1870. 

El 20 de Octubre del mismo año apareció la 
Bula de suspensión del Concilio Vaticano, cuya con- 



46 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



tinuación ha dejado entrever el actual Pontífice Pío 
XI en su primera Encíclica. 

Grados académicos y órdenes sagradas. 

Soler y sus colegas uruguayos recibieron en- 
tonces la bendición con que se despedía de ellos el 
limo. Don Jacinto Vera, quien volvía a su Vicariato 
con el título y dignidad de Prelado Asistente al So- 
lio Pontificio y con universal fama de santo. 

Nuestro biografiado fué conquistando por sus ca- 
bales y con loa los grados académicos. Según consta 
en los registros de la Universidad Gregoriana, con- 
forme a nota que se me ha remitido, recibió el de 
bachiller en teología el 9 de Agosto de 1871; el de 
licenciado, el 8 de Agosto de 1872, y la borla de 
doctor, el 11 de Agosto de 1873. 

El 29 de Julio de 1874 se graduó de doctor en 
Derecho Canónico, "por privilegio de Pío IX", ad- 
vierte la anotación. Tal privilegio debe de haber 
consistido en la facultad de simultanear el estudio 
del Derecho con el de la Teología. 

Entretanto, el 21 de Diciembre de 1872, había 
recibido la sagrada orden del presbiterado. 

¿Con qué palabras sugerir las impresiones ex- 
perimentadas por su alma grande en aquel día en 
que, colmadas las aspiraciones más vehementes de 
su corazón, se veía ungido con la gracia del sacer- 
docio, con los carismas del apostolado? 

Y recordemos que aquella ordenación se veri- 
ficaba en Koma, conferida por un Purpurado de la 
Santa Iglesia, en una de aquellas augustas basí- 



(DOCTOP. D. MARIANO SOLER) 



47 



licas milenarias, a una falange numerosa de levi- 
tas congregados de todas las partes del mundo. 

Acompañemos luego a los noveles ministros del 
altar en sus primeras misas, celebradas sobre los 
sepulcros gloriosos de los mártires, en las catacum- 
bas, en que se respira el hálito de los tiempos heroi- 
cos de nuestra religión, en los templos más vene- 
rados del orbe. 

Con estas consideraciones nos será posible aso- 
marnos al mundo interior de aquellos dichosos jó- 
venes, de nuestro Mariano Soler. 

Este al día siguiente de ordenado ofreció el au- 
gusto sacrificio en la confesión o tumba de San Pedro. 

Escrito lo que antecede, el P. Juan F. Salla- 
berry, S. J., obligando de nuevo mi gratitud, me co- 
munica este otro precioso documento: 

"limo. Sr. Don Jacinto Vera. 

Roma, 27 de Diciembre de 1872. 

limo. Sr. y protector mío: Los protegidos de 
V. S. lima., en este Colegio, y cuya educación tan 
cara y tantos desvelos ha costado a S. S., recibieron, 
el 21 del corriente, la sagrada orden del presbitera- 
do en la iáasílica Lateranense. 

Lo participo a V. S. lima., pues creo llenará de go- 
zo el paterno corazón de S. S. el ver realizados en 
nosotros los sacrificios que, con tanta constancia y 
tan liDeral y bondadosamente, nos prodigó. 

y. a, soy saceraote, padre y protector mío; por- 
que ¿a quien, después de Dios, debo dar las gracias 
de üaDer tenido tan grande dicha, sino a V. S. lima. ? 
¿Hubiera acaso llegado yo a ser Ministro del Señor, 
SI la paterna liberalidad de V. S. lima, no me hu- 



48 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



biera protegido tan decididamente y sacádome de ese 
foco de corrupción de la Universidad? Cada vez que 
de ello me acuerdo, bendigo a V. S. lima, y la hora 
en que fué creado Vicario Apostólico de nuestra 
Patria. 

¡Cuánto no sentí que V. S. lima, no fuera nues- 
tro ordenante! La gratitud me hizo tener presente 
a V. S. lima, al recibir el sagrado carácter, y mi 
tercera Misa fué aplicada para que el Señor le col- 
me de gracias y le conserve siempre con el espíritu 
apostólico que distingue a V. S. lima. La dije sobre 
el sepulcro del Apóstol de las Gentes, para que ha- 
ga a V. S. el Apóstol dei Montevideo : hasta ahora no 
pude corresponder de otra manera a la gratitud 
de que soy deudor a V. S. lima. Por esto deseo que 
llegue el momento de postrarme a los pies de V. S., 
para que disponga de mí en el ministerio apostólico. 

Termino prometiendo recordar todos los días 
a V. S. en el memento, y suplicándole que alguna vez 
se digne hacerlo por este hijo, humilde Capellán y 
obediente servidor Q. B. L. M. D. S. S. lima. Mariano 
Soler. ^ ^ 

En la hermosa carta de respuesta, que el P. 
Sallaberry publicará en la anunciada biografía, el 
limo. Sr. Vera se expresa, poco más o menos, así: 
"Te agradezco las oraciones que me prometes. Las 
necesito grandemente. Siempre a los obispos les han 
cabido muchos cuidados y penas. Pero los de otros 
tiempos no tuvieron lo que tenemos los de hoy: a 
Pío IX. Para que el ánimo se tranquilice y temple 
basta mirar a Roma". 



(DOCTO» D. MARIAHO BOLSR) 



Con los ojos puestos en la patria remota. 

En este período romano, él, tan solícito del bien 
de su patria, a cuya prosperidad material, intelectual 
y moral ansiaba consagrar todas sus fuerzas, habrá 
tenido una vez más los ojos fijos en el nativo Uru- 
guay. 

¿Qué pasaba en su nación remota? 

Muchas calamidades caían sobre un país tan ge- 
nerosamente favorecido por la naturaleza y tan digno 
de más halagüeña suerte. 

Desde el 5 de Mayo de 1870 hasta el 6 de Abril 
de 1872 la Guerra de Aparicio ensangrienta la Repú- 
blica. Fracasados repetidos intentos de pacificación, 
entre ellos el insistente del limo. Sr. Don Jacinto Ve- 
ra», al fin la obtiene Don Tomás Gomensoro, que el 
1." de Marzo de 1372 ha sustituido en la presidencia 
al General Lorenzo BatUe. 

j Qué armoniosa habrá llegado a los oídos de nues- 
tro estudiante romano la resonancia del Tedéum de 
la paz cantado en la Matriz de Montevideo ! 

Empero muy pronto recibe la funesta noticia de 
los estragos de la fiebre amarilla, que en los prime- 
ros cinco meses de 1873 se ensaña en los vecinos de 
la Capital y enluta numerosos hogares. 

Sin embargo, bajo los probos gobiernos de Don 
Tomás Gomensoro y de su inmediato sucesor Don 
José E. EUauri (1.' de Marzo de 1873 - 15 de Enero 
de 1875) florece la campaña, prosperan el comercio 
y la industria, inaugúranse el ferrocarril del Salto a 
Santa Rosa del Cuareim y el ramal de Canelones a 
Durazno, se inicia la viticultura por Don Pascual 
Harriague y Don Francisco Vidiella, y se anima la 

4 — Editoml 



50 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



soledad del territorio nacional con la fundación de 
varias poblaciones. 

Y todo ello para el buen Uruguayo ausente era 
consuelo y augurio de más risueños días. 

Verdad que más aún alentaban y regocijaban su 
ánimo los progresos directamente religiosos, de que 
era alma el santo Vicario Apostólico, limo. Sr. Don 
Jacinto Vera. 

Este, fracasada su mediación pacífica en la Gue- 
rra de Aparicio, "llegó a Montevideo, eh,cribe su bió- 
grafo, ... a últimos de Julio de 1871 ... y aprove- 
chándose de la paz tan pronto como ésta se hubo ce- 
lebrado, continuó evangelizando los pueblos, aten- 
diendo a todas las necesidades de la grey amada y 
ocupándose con incansable solicitud en la organiza- 
ción de la Iglesia del Uruguay". 

En este período el celosísimo Prelado erigió nue- 
vas parroquias y construyó templos, de que tan ne- 
cesitado estaba su Vicariato. Vió además satisfechos 
sus anhelos de que se multiplicasen en su juris- 
dicción las comunidades religiosas: los Capuchinos 
asentaron la primera piedra de su convento el 20 de 
Febrero de 1870; las Hijas de la Caridad de San Vi- 
cente de Paúl, venidas de Buenos Aires el 27 de Sep- 
tiembre del mismo año, al llegar al edificio destina- 
do al Asilo de Mendigos en la Unión, encontraron pa- 
rapetadas allí las fuerzas revolucionarias de Apari- 
cio y trabadas con las del gobierno en combate san- 
griento, y se dedicaron por de pronto, bajo la gra- 
nizada de las balas, al auxilio de los heridos; los 
Jesuítas, desterrados en 1859, volvieron el 3 de Sep- 
tiembre de 1872 e instalaron a poco su residencia en 
una casa de Don Antonio Bonfiglio, Canelones 216, 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



de donde se trasladaron al nuevo Colegio - Seminario 
en 24 de Octubre de 1879 ; en Marzo de 1874 arriba- 
ron las Hermanas Terciarias de Santo Domingo (Do- 
minicas) para dedicarse a la asistencia domiciliaria 
de los enfermos y a la enseñanza. 

Tal era el panorama que se desplegaba a través 
de la distancia ante los ojos de Mariano Soler. 

El cual, terminados ya sus estudios y llevan- 
do consigo, como el filósofo griego, todos sus bienes, 
a saber, sus virtudes acendradas de sacerdote y sus 
excepcionales conocimientos científicos, partió con 
rumbo a la patria, a la cual arribó en las postrimerías 
de 1874. 



SEGUNDA PARTE 



EN EL MINISTERIO APOSTOLICO 
Una síntesis magistral - 

A modo de magnífico sumario de este nuevo 
período de la vida de Mariano Soler, citemos una vez 
más a Zorrilla de San Martín en su Huerto Cerrado; 

"No bien regresó a su patria, su persona se tor- 
nó en eje de hierro de un movimiento desconocido; 
Be dijera que había venido en él un núcleo de atrac- 
ción y de rotación vertiginosa, que arrastraba en 
su órbita todos los elementos de fe inertes y dispersos 
por la nación: asociaciones católicas, centros litera- 
rios y científicos, la juventud escogida que se agrupa 
ba y apercibía a la lucha, la prensa católica que nació 
de su aliento, las conferencias de propaganda, la 
controversia pública sostenida por él solo contra una 
legión en una atmósfera candente, todo giraba en tor- 
no de su figura marmórea e impasible como una esfin- 
ge. En solos cuatro o cincos años, fué director de uni- 
versidad libre, presidente de la Sociedad de Ciencias 
y Artes, Diputado, Cura Párroco, propagandista de 
la palabra y de la pluma, organizador de todos los 
centros católicos, juez eclesiástico, asesor y consultor 



54 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



del Prelado, Vicario General de la diócesis. En esos 
cuatro O cinco años lo hizo todo, todo lo que existe en 
materia de organización laica católica ; aun todo lo que 
se hará en mucho tiempo, estaba ya en sus apuntes 
o en su cabeza poblada de proyectos. Con encontrár- 
sele en todas partes en que se trabajaba por la or- 
ganización católica, no cesaba, sin embargo, de estu- 
diar y de escribir en su rincón de trabajo: public^aíba 
libros, trazaba planes, formaba estatutos de socie- 
dades científicas, proyectos de leyes que llevaba al 
Congreso, organizaba museos y gabinetes. Ya esta- 
ba entonces en su mente la actual organización de la 
Iglesia nacional: la arquidiócesis. los obispados su- 
fragáneos, los cabildos; ya entonces dió un principio 
de ejecución a la universidad libre que realizará el 
porvenir; ya proyectaba la construcción de una nue- 
va gran catedral en la capital de la República, la 
creación de un santuario nacional como el de Mont- 
martre. 

El país lo seguía con esfuerzo; a las veces, se 
le quedaba muy atrás, y lo abandonaba; él volvía 
entonces la cabeza, se encontraba solo, y regresaba 
tranquilo al presente desde el porvenir. 

Tal conjunto de raras cualidades, con ser sufi- 
ciente para trazar su carácter, no lo sería para defi- 
finir al que debía ser arzobispo de Montevideo, 
si no agi'egáramos uno fundamental: su discipli- 
na, su acatamiento y veneración hacia la autori- 
dad de su obispo. 

Fueron sus prelados Monseñor Vera, el patriar- 
ca del Uruguay, y Monseñor Yéregui, el obispo már- 
tir de su deber pastoral. La adhesión del doctor 
Soler a estos sus dos obispos ; el afecto y el respeto 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



65 



filiales que les profesaba eran de una espontanei- 
dad tal, que excluía todo juicio de su parte con rela- 
ción a las órdenes u opiniones de aquéllos. Todos 
sus actos, por más personales que fuesen, no eran 
sino la volunta-d de su prelado vestida de su inteli- 
gencia, de su preparación científica, de su actividad. 
La santidad, la inteligencia, la superioridad del cri- 
terio y el acierto de sus obispos eran para él indis- 
cutibles. Se unían y conciliaban en él, por manera 
realmente peregrina, la independencia y el espíri- 
tu innovador, con la sumisión y la obediencia más 
perfectas. La idea enérgicamente concebida en la so- 
ledad se desvanecía, como por ensalmo, en su men- 
te sin dejar huella alguna, al faltarle la aprobadón 
de su prelado. Su cabeza», en plena eflorescencia, 
producía pensamientos para su obispo, y sólo para 
él, como la flor produce frutos para su árbol. Ja- 
más pasó por su mente la idea de que, andando el 
tiempo, podía llegar él a ocupar el puesto de su su- 
perior; fe consideraba como nacido sólo para obede- 
cer, para trabajar secundando un pensamiento ma- 
yor que el suyo. Por eso la obediencia, no sólo no 
menoscababa su carácter, pero lo fijaba y diferencia- 
ba, por la gran libertad y la espontaneidad suma 
que a sus acciones comunicaba. Eran éstas persona- 
lísimas, y, al mismo tiempo, dóciles ejecutoras del 
ajeno pensar; eran la libertad en la obediencia, y 
el vigor en esa razonable libertad. Fué el ejecutor 
dócil de la voluntad de sus obispos cuando vivos ; 
el apologista de su memoria cuando muertos," 



56 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



El Fiscal Eclesiástico - 

El recién llegado Pbro. Don Mariano Soler fué 
nombrado Fiscal de la Curia por decreto del limo. 
Sr. Don Jacinto Vera, datado el 6 de Abril de 1875. 

Al fiscal, llamado también promotor fiscal o pro- 
motor de la justicia, o simplemente promotor, le co- 
rresponde en lo eclesiástico el cometido de promover 
la averiguación y corrección de los abusos y delitos 
y, en general, de cuanto lesione los derechos de la 
Iglesia. 

Suele asociarse a este ministerio el de defensor 
del vínculo, cuya misión consiste en sostener, mien- 
tras no se pruebe concluyentemonte lo contrario, 
la validez del matrimonio contraído o de la sagrada 
ordenación recibida. 

Unas Instrucciones Especiales al Señor Fiscal 
Eclesiástico, escritas del puño y letra del primer Ar- 
zobispo de Montevideo en el año 1900, especifican las 
funciones que, con mayor o menor amplitud, han si- 
do de incumbencia de dicho cargo en la tradición de 
la Curia Uruguaya. 

Dicen así: 

"Además de las atribuciones contenidas en el 
título de Promotor General de la Arquidiócesis, es 
nuestra voluntad consignar las siguientes: 

1. a Representar y defender, en jincio y fuera 
de él, a la Curia e Iglesia Nacional, tanto ante los 
poderes públicos como ante particulares, previo 
acuerdo con el Prelado. 

2. a Dar su opinión en todos los asuntos en que 
fuere consultado por traslado de las autoridades 
eclesiásticas. 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



B7 



3. a Verificar los informes y hacer las visitas e 
inspecciones que le cometiere el Prelado en las pa- 
rroquias u otros establecimientos eclesiásticos. 

4. a Emitir su juicio u opinión sobre obras o es- 
critos que le fueren enviados o sometidos por el Or- 
dinario para los efectos de la censura eclesiástica. 

5. a Coadyuvar al Prelado en la predicación. 
[Abreviamos la redacción de este punto], 

6. a Vigilar acerca de las Constituciones Dioce- 
sa.nas y decretos del Concilio Latino Americano, así 
como otras disposiciones generales acerca del culto 
y progreso de la causa católica ; v. gr., las disposicio- 
nes del Congreso Eucarístico." 

El Código de Derecho Canónico, canon 1589. 
párrafo 1, exige que el promotor fiscal y el defen- 
sor del vínculo sean sacerdotes de fama intachable, 
doctores en Derecho Canónico, o, por lo menos, muy 
versados en él, de acrisolada prudencia y de celo de 
la justicia a toda prueba. 

i Qué bien cuadraba este ministerio al Dr. Soler, 
defensor perenne del derecho, y cuyo mismo porte fí- 
sico, erguido sin arrogancia, parecía el símbolo de la 
rectitud inflexible! 

El Club Católico - 

Mas un oficio en la Curia no bastaba, ni con 
mucho, para absorber la actividad de nuestro sa- 
cerdote. 

El 24 de Junio de 1875 se inauguró, e instaló en 
un salón de la casa del limo. Sr. Don Jacinto Vera, el 
Club Católico. 

Lo componía un grupo de nuestros mozos, que se 



58 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



proponían "dar cohesión y unidad a la iiiventud ca- 
tólica uruííuaya hoy dividida, aislada» e impotente, 
para mejor resistir a los incesantes y desiguales ata- 
ques de la incredulidad". 

Pronunció el discurso inaugural el Fiscal Ecle- 
siástico Dr. Don Mariano Soler, que era el alma de 
toda aquella vida. 

Y con tal ahínco y entusiasmo bregaron los biza- 
rros muchachos, que en la "Memoria de la primera 
Comisión Directiva Interina del Club Católico", fir- 
mada el 19 de Septiembre de aquel mismo año. ya 
se detallan eftos trabajos realizados: 

"En la sesión inaugural del Club. 24 de Junio, 
el Sr. Horacio Tavares disertó sobre el indiferentis- 
mo religioso. 

En la del 4 de Julio se leyó y discutió una tesis 
de Ramón J. López Lomba intitulada: La abolición 
de la esclavitud llevada a cabo única y gloriosamen- 
te por la Iglesia. 

En la del 11 del mismo mes el Señor Presidente 
Don Augusto Serralta pronunció una disertación 
acerca de la existencia del Ser Supremo. 

En la del 25 de Julio, se puso en discusión un 
trabajo de Don Jacinto Casaravilla, cuyo título era: 
La inmortalidad del alma. [De objetante hacia Don 
Vicente Ponce de León]. 

En la sesión del 1.' de Agosto, Don Lu^'s Ba- 
rattini leyó y sustentó una tesis intitulada: La es- 
piritualidad del alma en sus relaciones con la Fre- 
nología y la Fisiología. 

En la del 8 de Agosto, el Sr. D. Antonino D' 
Elía presentó y defendió una disertación, cuyo epí- 
grafe era: Examen crítico del libro de E. Renán. 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



59 



En la siguiente sesión se continuó la lectura 
y discusión de la misma tesis. 

En la del 22 de Agosto, D. Luis Queirolo pre- 
sentó un trabajo intitulado: El Dogma en sus rela- 
ciones con el progreso de las ciencias. 

Y en la del 29 del mismo mes se puso en discu- 
sión una tesis de Ramón J. López Lomba con el 
título: La Providencia divina en los destinos de la 
humanidad". 

Suscriben la memoria: Augusto V. Serralta (Pre- 
sidente), Horacio Tavares (Vice), Ramón J. López 
Lomba (Secretario), Horacio Marella (Tesorero), 
Juan Antonio Ardito (Bibliotecario). El mismo día 
19 de Septiembre quedó elegido Presidente efecti'/o 
Horacio Tavares. Los socios activos, honorarios, sun- 
critores y corresponsales sumaban ya ochenta. 

El Dr. Soler va al frente de la denodada milicia, 
sube un día y otro día a la cátedra del Club Católico, 
desarrolla un vasto programa de apologética, sostiene 
memorables polémicas con los adversarios de la Igle- 
sia, a los que ofrece caballerosamente tribuna libre. 

A éstos acompaña rugiente malón de sectarios, 
quienes, viendo inquebrantables los argumentos del 
sabio y sereno sacerdote, apedrean y hacen añicos los 
cristales de aquella Casa. 

Resonancia de aquellas disertaciones y épicas 
controversias son muchas obras de nuestro escritor 
sobre todo las intituladas El Génesis y la Geología 
(Controversia con el Dr. Manuel Otero), 1878, y Ra- 
cionalismo y Catolicismo (Conferencias discutidas en 
el Club Católico), 1880. 

Y voy a ceder de nuevo la palabra a Zorrilla, de 
San Martín, no sólo porque es una forma de arte su- 



60 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



premo, sino porque en ella nos habla el alma de aque- 
lla generación, nos comunica sus ansias y emociones 
la falange de los católicos de aquellos días. 

Dice, pues, el poeta de la patria en el discurso de 
las "bodas de plata del Club Católico" : 

"Este Club Católico en Montevideo es la casa 
madre de todas las instituciones laicas católicas de 
la República; su aparición marcó una nueva era en 
nuestro país. Nació en el regazo de un santo: fué 
Monseñor Vera quien lo fundó; Monseñor Vera era 
un santo. Se constituyó con un pequeño núcleo de 
il'óvenes, casi niños, en una época muy distinta de 
la nuestra, oh sí, muy distinta. Entonces nadie odia- 
ba a los católicos; con despreciarlos era bastante. 
Los hombres prestigiosos de la sociedad, del foro, 
de las letras incipientes, eran casi unánimemente 
incrédulos, o desdeñosamente indiferentes. Y como 
entonces se les juzgaba sabios eximios, su palabra, 
que sólo era la reproducción de ailgunos escritores 
franceses, no siempre bien traducidos, era una pala- 
brai solemne, profética, que hacía silencio en torno 
suyo. Así era de enfática. Ese énfasis se reflejaba 
naturalmente en nuestra prensa, que, salvo el peque- 
ño y valiente semanario El Mensajero del Pueblo, 
dirigido por Don Rafael Yéregui, el virtuoso sacer- 
dote, era unánimemente anticristiana. La Universi- 
dad de la Repúbhca constituía el vivero en que los 
jóvenes se formaban para la incredulidad ; su profeso- 
rado, su librería, su atmósfera, todo era olvido o 
negación, desdén olímpico sobre todo, del principio 
religioso que, fuera del templo, se refugiaba en la fa- 
milia para no morirse de frío. 

¿Qué había de ser un joven cristiano que en la 



{DOCTOÍi D. MAftIAKO SOLláft) 



61 



Universidad cayera, y que sintiera sobre su alma el 
peso de aquella atmósfera? 

Quizá ese joven se sentaba en las aulas al 
lado de otro que, como él, amaba sus creencias ma- 
ternas, y, como él, sufría al principio al verlas des- 
preciadas; pero ambos callaban, como callaba el de 
enfrente, y el otro, y el otro de más allá. Se encon- 
traban, pues, solos, y, por fin, acababan por reírse 
como los demás de sus propias creencias heridas 
de muerte. ¡ Se reían de miedo y de dolor ! 

¿Y qué habían de hacer ante el prestigio del 
profesor que creían eminente, ante las risas burlo- 
nas del corrillo, ante la convicción, al menos aparen- 
te, de todo el mundo, que condenaba a desdén mortal 
la fe, el culto, el sacerdocio ? 

Si alguna sociedad literaria de jóvenes se cons- 
tituía, ella se fonnaba de jóvenes estudiantes de 
la Universidad. Y es claro que ellos no podían decir 
y pensar sino lo que habían oído y aprendido de 
sus maestros; y, para descollar, procuraban superar 
a éstos en manifestaciones radicales contrarias a la 
Religión, por lo mismo que sabían menos que aqué- 
llos. Eran más olímpicos, más dogmáticos, y se lla- 
maban a sí mismos espíritus fuertes, fundados pre- 
cisamente en su desventurada debilidad. Es ése un 
fenómeno común bien conocido. 

Entonces fué, señores, cuando se reunieron los 
primeros jóvenes ... en casa de Monseñor Vera, para 
organizar este Club. Se reunieron a lanzar el peque- 
ño guantelete de hierro, que arrancaban marcialmen- 
te de sus manos, a la incredulidad dueña del campo, 
e iniciar, como ellos mismos lo decían con lírico des- 
enfado, la regeneración de la patria. Querían tri- 



62 



EL PllIMEU ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



buna para hacer sus protestas de fe generosas y 
enérgicas; para prestar en voz alta el juramento de 
fidelidad sobre la empuñadura de la espada; pa- 
ra cerrarse ellos mismos la retirada hacia la apos- 
tasía. Los bravos conquistadores quemaban sus na- 
ves. ¡Los bravos conquistadores! 

Acabo de recorrer, señores, un ciiaderno peque- 
ño, Heno de correcciones y enmendaduras, que con- 
tiene el acta de fundación y las de las primeras se- 
siones del Club. Es de ver y de celebrar el candoro- 
so celo de apóstoles de los jóvenes fundadores. Se 
armaban apresuradamente ; estudiaban las posiciones 
propias y las del enemigo; discutían temas de filo- 
sofía, de apologética cristiana, de ciencias f ísiconatu- 
rales ; organizaban sociedades científicas y literarias ; 
adoptaban todas las actitudes de grandes reformado- 
res. No cabe en los límites que me he trazado el 
detallar o describir aquellas sesiones tan llenas de 
carácter, ni el pronunciar los nombres de aquellos 
jóvenes". 

Menciona después el orador "al que presidía las 
claras sesiones de la mañana de este Club. . . Es Ho- 
racio Tavares, cuyo rápido corazón no tuvo necesi- 
dad de esperar la noche para haber terminado su 
día; es un joven casi desconocido, casi sin nombre, 
sin historia, y que, sin embargo, vivirá en nuestra 
tierra mientras viva la causa que defendemos" 

"Pero al lado de la matinal figura, apagada en la 
muerte, de su joven primer presidente, yo veo otra 
de muy distinto carácter, que en vano he pretendido 
desvanecer en el conjunto; ella se me ha impuesto, 
me ha salido al encuentro de todas las páginas del 
primer libro de actas que acabo de recorrer. Es la de 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



63 



un joven también, un joven sacerdote, que, llegado 
recientemente en aquella sazón de Roma, donde ha- 
bía terminado brillantemente sus estudios y recibido 
las sagradas órdenes, se constituyó, gracias a su ro- 
tación vertiginosa, en núcleo de atracción de todos los 
elementos católicos dispersos en el país. El fué, sin 
duda alguna, quien sugirió a Monseñor Vera la idea 
de la fundación de este Club. . . 

El ha sido siempre, desde entonces, el conserva- 
dor de todo, a través de todas las dificultades y des- 
alientos, el ejemplo de toda virtud, de toda fortale- 
za, de toda abnegación; él ha aceptado, como talla- 
das expresamente para él, todas las cruces que son 
el lote obligado del propagandista católico de nues- 
tros tiempos. . . Y, para no rechazar, señores, la 
más pesada de todas, que le fué impuesta por Dios 
de una manera providencial, ha aceptado por fin la 
cruz pectoral de prelado del Uruguay. 

Ese joven sacerdote, que fué el alma y el nervio 
principal de la fundación de este Club. . . es Monseñor 
Soler, dignísimo y querido prelado metropolitano del 
Uruguay, que preside nuestra fiesta, y a quien en 
nombre de este Club, que fué su obra, presento 
reverente las protestas de nuestra gratitud y nues- 
tro amor. 

He dicho, señores, que el Club Católico es la ca- 
sa madre de todas las instituciones laicas militantes 
del país, y que, por consiguiente, esta fiesta es la 
fiesta de todas ellas. 

Efectivamente: todas las obras que, en el trans- 
curso de los últimos veinticinco años, han nacido 
en defensa de la causa de Jesucristo y de su Igle- 
sia, son ramas del tronco aquel, brotado a su vez 



64 



EL PRIMSB ARZOBISPO DS MONTSVÍD&O 



de un grano de mostaza fecundado por Dios. De aquí 
salieron la idea, los recursos y los redactores que die- 
ron nacimiento a El Bien Público, primer diario ca- 
tólico de la República. . .; de aquí salió el pensamien- 
to de la celebración periódica de nuestros prim.eros 
congresos católicos; de aquí el de la creación de los 
círculos católicos de obreros. . . ; aquí nació, por fin, 
la Unión Católica del Uruguay ... a la que convergen 
todos nuestros elementos de acción, incluso el mis- 
mo Club Católico, que a ella envían sus representan- 
tes, a fin de constituirse en un gran organismo de 
funciones ordenadas, que debe pugnar en todos los 
terrenos a que los acontecimientos lo conduzcan, por 
el triunfo de los ideales cristianos en nuestra pa- 
tria". 

Y concluye el insuperable orador: "Se han des- 
prendido del Club las vigorosas entidades a que an- 
tes me he referido, llevándose cada una de ellas, co- 
mo carácter propio, una parte de las atribuciones que, 
en un principio, estaban todas en germen o en acti- 
vidad en esta institución madre. 

¿Pero qué se ha reservado entonces, me diréis, 
como misión característica, el Club Católico de Mon- 
tevideo ? 

Pues bien : sin haber abandonado ninguno de sus 
ideales primitivos, pues nada de lo que interesa la 
causa católica puede serle ajeno, este club se ha re- 
servado algo de vital importancia. . . : el carácter de 
núcleo de la cultura intelectual y social que fluye de la 
vida y de los principios cristianos. El club es centro 
de cultivo de las ciencias, de las letras y de las ar- 
tes; es, muy especialmente, centro de reunión, de 
contacto, de prestigio para la fe, y de mutuo estí- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



65 



mulo para la juventud católica ; es, por fin, nuestra 
casa, señores, vuestra caga muy especialmente, seño- 
ras ; un ensanche o una concentración de vuestros sa- 
lones domésticos, que, refundiéndose periódicamen- 
te en este salón de predilección para vosotras, a 
fin de formar estas amables veladas, trae en vos- 
otras para nuestra causa un preciosísimo concurso, 
el perfume del hogar, el prestigio de la virtud, la 
expansiva alegría que de esa virtud procede, el bri- 
llo, que constituye el principal atractivo para la ge- 
neralidad de las gentes, y que los enemigos de la cau- 
sa católica hubieran querido monopolizar, presen- 
tando a ésta como un simple conjunto de dolorosas 
e insociables austeridades". 

El Liceo de Estudios Universitarios - 

El 19 de Septiembre repetidamente citado, Ho- 
racio Tavares, al hacerse cargo de la presidencia 
efectiva del Club Católico, indicaba como fin de és- 
te "confirmarnos por medio del estudio de las ver- 
dades supremas de la religión augusta . • . niás que 
todo esto, la fundación de un Colegio de enseñaima 
superior católica". 

Y el dueño de tal idea e inspirador de tales pa- 
labras, el Doctor Soler, con el fervor ejecutivo que 
le distinguía, se puso inmediatamente a la obra. 

En aquel mismo año de 1875 quedó trazado el 
programa, elegido el local, formado el cuerpo de pro- 
fesores. 

Quiero insertar aquí dicho programa, porque es 
documento que no debe perderse entre los papeles 
sueltos. 



6 — EditoriaL 



66 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



PROGRAMA 
DEL 

LICEO DE ESTUDIOS UNIVERSITARIOS 
CALLE SAN JOSE N.» 25 

Director: Pbro. Dr. MARIANO SOLER 

Este establecimiento de enseñanza superior ga- 
rante en la parte religiosa la libertad de conciencia 
de los católicos contra los sistemas opuestos a los 
principios y civilización católica, y promete una es- 
merada educación moral. En virtud de autorización 
del Superior Gobierno sus cursos son universitarios. 
(No se admitirán más que alumnos externos). Las 
matrículas se abrirán desde el 1." de Febrero pró- 
ximo de 11 a 12 de la mañana, Ituzaingó 209. 

Materias de enseñanza 

Latín. — (Primer Año). — Prof. Bachiller Don 
Antonio Sánchez. 

Latín. — (Segundo Año). — Pbro. Don Angel 
Paternostro. 

Francés. — Pbro. Don Juan del Carmen Souver- 
bielle. 

Italiano. — Pbro. Don Angel Paternostro. 

Geografía General. — (Comprende la Cosmogra- 
fía, Cronología, Historia Natural y Geología) . — Ba- 
chiller Ramón López Lomba. 

Historia Universal. — (Antigua, Sagrada, Grie- 
ga, Romana, Media, Moderna, de América y Filosofía 
de la Historia). — Pbro. Doctor Don Mariano Soler. 

Curso Mercantil. — (Aritmética Práctica y Razo- 



DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



67 



nada, Contabilidad Racional, Teneduría de Libros y 
Prescripciones del Código Comercial). — Sr. Don 
Jaime Roldós y Pons. (1) 

Matemáticas. — (Primer Año. Aritmética y Al- 
gebra) . — Sr. Don Ricardo Camargo, Agrimensor de 
Número. 

Matemáticas. — (Segundo Año. Geometría y Tri- 
gonometría y las aplicaciones más usuales). — Sr. 
Don Juan J. Castro, Agrimensor de Número. 

Dibujo. — (Lineal, Natural, Paisaje y de Ador- 
no) . — Sr. Don Julio Freiré. 

Física. — Sr. Don Santiago Silva. 

Química. — Sr. Don Santiago Silva. 

Conferencias Catequíst ico-Filosóficas de la' Reli- 
gión. — Por el Pbro. Juan del Carmen Souverbielle. 

Filosofía y Literatura. — (Psicología, Lógica, 
Estética, Ideología, Gramática General, Etica, Teodi- 
cea, Filosofía de la Religión, Historia de la Filosofía, 
Estudios sobre la Constitución del Estado, con los 
principios generales de Derecho Natural, de Gentes, 
Público y Penal ; Retórica, Poética e Historia Crítico- 
Literaria). — Pbro. Mariano Soler. 



(1) Hemos aducido testimonios de la filiación masónica de 
este señor. Ahora le vemos entre los profesores del Liceo Uni- 
versitario, cuyos Estatutos sólo admiten catedráticos católi- 
cos. Leemos, además en El Mensajero del Pueblo del l.o de 
Junio de 1873 un artículo de la más acendrada ortodoxia titu- 
lado Instrucción Pública, firmado por el mismo Don Jaime 
Roldós y Pons. Todo esto insinúa una transfoi-mación espi- 
ritual en el fracmasón de otros días. 



68 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



Precios módicos 

Pensión. — Por una clase de estudios superiores, 
4 $ ; por dos id., 6 $ ; por cuatro id., 10 $. — Por la cla- 
se mercantil, 6 $ ; por las de Francés o Italiano, 3 $, 
y por ambas, 5 $. — Sin embargo, el que justificare 
no poder pagar la pensión entera, a juicio del Direc- 
tor, sólo pagará la mitad. 

Las horas de clase serán de 8 a 11 de la mañana 
y de 4 a 8 de la noche, durando una hora continua ca- 
da clase. 

Advertencia. — No se abrirá clase alguna para 
la cual no se hayan matriculado al menos cuatro 
alumnos. 

Montevideo, 30 de Diciembre de 1875. 

Al compás del tiempo el Instituto fué ampliando 
sus cuadros de asignaturas y profesores, y así en el 
"Plan General de Estudios" de 1878, por ejemplo, 
encontramos la Facultad de Jurisprudencia con los 
catedráticos Dres. Hipólito Gallinal, Daniel Granada, 
Carlos A. Berro, Juan Zorrilla de San Martín, Maria- 
no Soler, y, en el decanato, Joaquín Requena. En el 
Bachillerato en Ciencias, Letras y Artes, aparecen 
nuevos nombres, como los de Silvestre Umérez, Pbro. 
Francisco Mujica y Dr. Faustino S. Laso, y se leen 
estas advertencias : "En las aulas de Filosofía e His,- 
toria se presentarán y discutirán periódicamente por 
los estudiantes tesis originales sobre los puntos más 
importantes de las materias vistas ... En el último 
año de Bachillerato, como síntesis general de los co- 
nocimientos adquiridos, se cursará un Aula Especial 



(DOCTOR D. ll^RIANO SOLER) 



69 



de Crítica y Erudición, que tendrá por objeto cono- 
cimientos más vastos sobre Filosofía, Literatura e 
Historia en sus relaciones con la civilización y la cul- 
tura. Catedrático: Dr. Mariano Soler". Resaltan lue- 
go las secciones de Conferencias Catequístico-Filosó- 
ficas, dictadas por el mismo Dr. Soler; de Estudios 
Profesionales para Agrimensores, Arquitectos e In- 
genieros; de Estudios Profesionales para Escribanos 
Públicos; de Estudios Especiales para Comerciantes, 
Contadores y Liouidadores; Aulas de Adorno: Agro- 
nomía; Escuela Normal Teórico-Práctica. Taimbién en 
esta serie sur.cen nombres de enseñantes que no figu- 
raban el año de la fundación. Nótepe finalmente la So- 
ciedad Filomática, de la cual se dice: "Con el objeto 
de que los estudiantes se acostumbren a las ciencias 
y aprendan a discutir y formarse convicciones pro- 
pias, existe en el Establecimiento una asociación de 
los amantes de las ciencias. Sociedad Filomática, go- 
bernada por una Comisión Directiva General, con va- 
rias secciones, de Filosofía, Matemáticas, Historia, 
etc., presentando por turno y periódicamente los so- 
cios un trabajo determinado y cuyo tema se pone en 
seguida a discusión". 

Los estudios liceales tuvieron desde el principio 
el anexo de la enseñanza elemental. 

Hemos visto en el encabezamiento del programa 
la observación de que, en virtud de autorización del 
Superior Gobierno, a los cursos del Liceo les corres- 
pondía valor de universitarios. 

Aclaremos y corroboremos esto con los documen- 
tos siguientes: 



70 



EL rrJMER ARZOBISPO^ MONTEVIDEO 



Excmo. Señor: 

El infrascrito, Director del Liceo de Estudios 
Universitarios que se instalará el 1." de Marzo pró- 
ximo, solicita de V. E. la facultad competente y per- 
petua de autorizar como universitarios para los efec- 
tos legales lo^ cTirsos de este establecimiento, con la 
obligación, sin embargo, de comunicar la época de los 
exámenes a la Universidad Mayor de la República; 
la cual tendrá el derecho de enviar para este acto un 
diputado universitario, quien, en caso de que asis- 
ta a la hora competente, no tendrá más que un solo 
voto. Igualmente solicita de V. E. la facultad perpe- 
tua de autorizar como universitario el examen gene- 
ral para el bachillerato en letras, con los anteriores 
requisitos. 

Es gracia que el infrascrito espera de la bene- 
volencia y amor a la difusión de las luces que dis- 
tinguen al Superior Gobierno de la República. 

Dios guarde a V. E. muchos años. 

Montevideo, 30 de Diciembre de 1875. 

Mariano Soler. 
Al Excmo. Sr. Ministro de Gobierno, doctor don Tris- 
tán Narvaja. 

Ministerio de Gobierno. 

Montevideo, Enero 10 de 1876. 

Vista al Fiscal Especial doctor don Antonio Vá- 
rela Stolle con recomendación de preferente despacho. 

Narvaja, 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



71 



Excmo. Señor: 

El Fiscal Especial dice: que las autoriza'Ciones 
pedidas en el precedente escrito no parecen perju- 
dicar en nada a la Universidad Mayor, por refe- 
rirse a estudios que ésta no tiene en su cuadro, 
y aun puede decirse por analogía que tiene un pre- 
cedente en los decretos de 19 de mayo de 1855, 6 
de noviembre de 1856 y otros. Por otra parte, no 
son ciertamente perdidas las concesiones que como 
ésta tienden a estimular el establecimiento de co- 
legios y casas de instrucción pública; y por consi- 
guiente cree el que suscribe que V. E. puede ser- 
virse acceder a lo que don Mariano Soler solicita; 
entendiéndose la palabra "perpetua" en su verdade- 
ro sentido jurídico, nada más, y sin perjuicio de las 
reformas, variaciones y mejoras que en lo sucesivo 
se adopten en el plan general de estudios; V, E. 
sin embargo acordará como siempre lo más opor- 
tuno. 

Montevideo, enero 11 de 1876 

Antonio Várela Stolle. 

Ministerio de Gobierno. 

Montevideo, enero 26 de 1876. 

De conformidad con la precedente vista fiscal 
acuérdase la autorización solicitada por el señor Ma- 
riano Soler, con la reserva expresada en dicha vis- 
ta y demás del caso, y comuniqúese al Consejo Uni- 
versitario. 

Rúbrica de S. E. 

Narvaja. 

Conforme. 

E. Zorrilla. 



72 



EL PRIMER ARZOBISP(#DE MONTEVIDEO 



Un extranjero, cierto Sr. Jaume y Bosch, que 
había recabado singulares prerrogativas y exencio- 
nes para su Escuela Politécnica, salió a romper lan- 
zas contra "loa privilegios del Liceo Universitario y 
su enseñanza". Repelió el ataque el Dr. Soler, que 
comienza por señalar "el raquitismo liberal en quien, 
proclamándo?e partidario de la libertad, clama por so- 
focarla apenas la ve asomar en nuestra patria . . . Me- 
ditamos, añade, que si un extranjero tenía privilegios 
mayúsculos ... el primer hijo de la patria que, invi- 
tado por juventud oriental, había levantado un esta- 
blecimiento de segunda enseñanza, merecería del Go- 
bierno algún aliento, algún privilegio, aunque no fue- 
se igual al ya concedido a un extranjero. En lasi na- 
ciones civilizadas se da privilegio hasta a los fabri- 
cantes de fósforos y cerveza para fomentar la in- 
dustria y el comercio, v creímos que también se po- 
dría dar para fomentar la ilustración y educación, 
riaueza la más preciosa para una nación culta y ci- 
vilizada. Pero infelizmente, según el señor Jaume, 
nos hemos engañado, y el Gobierno que los. concedió, 
y el señor Ministro que los ratificó. . . Dícese además 
en el suelto aludido que en el Liceo Universitario la 
enseñanza es deficiente en la parte científica, ocu- 
pándose preferentemente de lo religioso, como si di- 
iérnm'^.s. pe má.o un beaterío o sacristía que un templo 
del Piaber. Pero esto es lo que se llama calumniar 
soezmente y a sabiendas. Nuestro programa es pú- 
blico, como públicos fueron los exámenes últimos don- 
de con brillantez poco común, al decir del Dr. Ellau- 
ri, que los presidió, se rindió examen de todas las ma- 
terias del bachillerato ,de adorno y comercio". 

El 4 de Febrero publicaba el Dr. Soler en El Si- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



73 



glo, con el título de Enseñanza Católica, un artículo 
cuyos son los párrafos siguientes : 

"... La religión católica, madre de nuestras li- 
bertades políticas y sociales e inspiradora de nuestros 
fueros, se ve proscrita en las aulas del Estado, y vio- 
lada la Constitución que juraron nuestros mayores; 
y la gran mayoría de los hijos de Mayo tiranizada en 
su conciencia, desconocidos sus derechos religiosos, 
insultada en sus creencias y confinada al sarcasmo y 
al desprecio. Este es un hecho que es fuerza consig- 
narlo, por mns doloroso que sea. 

En presencia de tamaña injusticia ¿qué debía- 
mos hacer los católicos, que reconocemos por padres 
a los mártires de la civilización de los pueblos y a los 
oue implantaron el árbol de la libertad en nuestra na- 
tria ouerida? Defendernos con lealtad abroouelados 
con el escudo de la libertad de enseñanza y propagan- 
da. Por eso hemos organizado una Asociación con el 
nombre de "Club Católico", donde la juventud estudie 
las ciencia c en sus relaciones con la religión y se adies- 
tre en la defensa de sus creencias, de su dignidad y 
derechos de católicos, haciendo eco de este modo al 
movimiento católico, que en las naciones civilizadas 
está tomando grandes creces y camina a pasos agi- 
gantados con honra de la civilización y del progreso. 

Mas ahora cúmplenos también participar a los 
católicos la instalación de un Establecimiento de en- 
señanza superior con el nombre de "Liceo de Estu- 
dios Universitarios", donde se respete y propague 
el principio religioso, necesidad primera y fundamen- 
tal de toda nación que quiera marchar con gloria por 
las vías de esa civilización y de ese progreso que dig- 
nifican la humanidad. 



74 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



Ofrecemos, pues, a la juventud católica, esto es, 
a> la gran mayoría de la nación, un asilo donde se cul- 
tiven las ciencias y se tutele la libertad de sus creen- 
cias en la enseñanza superior y elemental, i Libertad ! 
fué el grito sagrado que salvó nuestra patria amada, 
y ¡libertad de enseñanza! será también el lema con 
que salvaremos nuestras creencias de la tiranía y 
autoritarismo con que se las quiere arrancar de la 
conciencia e instituciones de nuestro suelo privile- 
giado. Sería un sarcasmo que en un pueblo libre sólo 
se negase la libertad para el catolicismo, para el ca- 
tolicismo a quien debemos nuestra gloriosa civiliza- 
ción." 

El Liceo Universitario continuó dando a la so- 
ciedad elementos magistralmente formados en la cien- 
cia y en la religión por largos años. Florecientes 
ya el Cole:gio del Sagrado Corazón de los Padres 
Jesuítas y el Colegio Pío de Villa Colón de los Pa- 
dres Salesianos, aquel Instituto, cumplida su be- 
néfica misión, cerró sus puertas. El material escolar, 
con el museo y el gabinete, organizados con tantos 
desfvelos, fueron cedidos a los expertos educadores de 
la Congregación de la Sagrada Familia. 

El Fundador de aquel plantel de estudios podía 
estar legítimamente ufano de la obra con tan ar- 
duos sacrificios realizada en pro de la buena causa, 
y repetir a boca llena lo que afirmó en la clausura 
del curso de 1878: 

"El Liceo Universitario tiene la gloria de haber 
creado la primera Universidad libre de la República, 
pues es la vez primera que en un establecimiento pri- 
vado se ha cursado el Derecho y se han rendido exá- 
menes de Jurisprudencia." 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



75 



Para completar la. reseña de los trabajos de nues- 
tro biografiado en pro de la escuela cristiana, recor- 
demos que el Hmo. Sr. Don Inocencio María Yéregui 
fundó, bajo su propia presidencia, por iniciativa del 
mismo Soler y de Don Francisco Bauzá, la Sociedad 
Católica de Enseñanza Libre. Para secundarla con 
apertura de establecimientos escolares y recolección 
de fondos, surgió, en 15 de Mayo de 1884, el Institu- 
to Pedagógico, que en 2 de Febrero de 1886 contaba 
ya con cuatro escuelas en Montevideo, tres en Canelo- 
nes, tres en San José, dos en Rocha, una en Treinta 
y Tres. 

Otro dato histórico. En 25 de Abril de 1887 pre- 
sentó Don Francisco Bauzá a la Cámara- de Diputa- 
dos, de que formaba parte, un proyecto de ley de en- 
señanza libre, merced al cual sería posible cursar los 
estudios universitarios fuera de las aulas oficiales. 
Sancionado en 13 de Julio del mismo año, fué ratifi- 
cado, desechadas las enmiendas introducidas por el Se- 
nado y las observaciones del Poder Ejecutivo, el 20 
de Enero de 1888, por 43 votos contra 3. 

Soler ansiaba que se aprovechasen las facilida- 
des relativas brindadas por la nueva ley. 

De aquí que el Obispo Diocesano le escribiese des- 
de Sarandí del Yi, en 21 de Octubre de 1887: "¿Y 
nuestra Universidad Católica? ¿Cómo arreglaremos 
este aaunto que tanto me preocupa ? Veremos si pasa 
!a ley, y entonces V. estará de vuelta de Europa" [ha- 
cia donde partió, en efecto, el 4 de Diciembre pró- 
ximo] . 

Y Soler mismo escribía a Luquese desde Constan- 
tinopla, el 28 de Mayo de 1888: "¡Por Dios! ¿cómo 



76 EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 

no han abierto la Universidad Católica, con la nueva 



ley? ¡Que no se diga!. . ." 
Provisor Eclesiástico -- 

En este intermedio el Pbro. D, Mariano Soler 
había sido nombrado Provisor del Vicariato. 

Ocupaba dicho puesto, conjuntamente con el de 
Vicario General, desde Octubre de 1863, el P. Fran- 
cisco Castelló. Era éste un franciscano español, que, 
suprimidas en su patria en el año de 1836 las co- 
munidades religiosas, había buscado asilo en el con- 
vento de su Orden en Montevideo. Pero aquí también 
He enmarañaron de tal modo los acontecimientos, que, 
con harto pesar suyo, hubo de secularizarse. Desem- 
peñó por diez y siete años el curato de San José, por 
cuatro la secretaría del Vicariato Apostólico, y hasta 
Mayo de 1877 los cargos de Provisor y Vicario Gene- 
ral, como hemos indicado. La persistente nostalgia 
del claustro le decidió entonceal a presentar definiti- 
va renuncia, con el propósito de ir a terminar sus 
días al convento franciscano conocido por el "Colegio 
de Misioneros", en La Paz de Bolivia. En efecto, el 
1.' de Junio de aquel año de 1877, se embarcó en el 
Illinois con destino al Pacífico. 

Con esta ocasión Monseñor Vera separó los dos 
cargos, y, por providencia del mismo día 1.' de Ju- 
nio, nombró Vicario General a Don Inocencio María 
Yéregui, Proviw a Don Mariano Soler, Rector de la 
Matriz a Don Rafael Yéregui, Fiscal a Don Ricardo 
Isasa y Secretario a Don Santiago Silva. 

El Provisor, llamado en el Código de Derecho 
Canónico "Oficial de Curia", ejerce, en nombre y re- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



77 



presentación del Ordinario, la jurisdicción en lo con- 
tencioso. 

El mismo Código prescribe, en el canon 1573, 
párrafo I : "Todo Obispo está obligado a elegir un ofi- 
cial o provisor con potestad ordinaria de juzgar, dis- 
tinto del Vicario General, a no ser que lo exiguo de 
la diócesis o la escasez de negocios sugieran que este 
oficio se encomiende al propio Vicario General". 

Y en el párrafo 4 exige que el Provisor sea sa- 
cerdote de fama intachable, doctor en Derecho Canó- 
nico, o muy versado en él, de edad de treinta años, 
por lo menos. 

El Dr. Don Mariano Soler desempeñó este cargo 
hasta su nombramiento para el curato de la parro- 
quia del Cordón, en 8 de Febrero de 1879. 

El Obispado de Montevideo 

Ya en la época colonial, en el año memorable de 
1808, el Cabildo de Montevideo, por iniciativa del Sín- 
dico Procurador Don Bernardino Suárez, resolvía: 
"Que se suplicase a S. M. C. [Su Majestad Católica] 
se dignase dividir en dos el Obispado de Buenos Ai- 
res, estableciendo uno en la parte occidental y otro 
en la parte oriental, teniendo el río Uruguay por lí- 
mite de los Obispados, en vista de que los diezmos de 
e&ta Banda eran suficientes para que en esta Ciudad 
tuviese su silla el nuevo Obispo, sin gravar en nada 
la Real Hacienda." 

El año siguiente, de paso por este puerto el limo. 
Sr. Don Rafael Andreu y Guerrero, Obispo Titular de 
Epifanía, y consultándole sobre el particular los ca- 
bildantes, les aconsejó que encomendaran la gestión 



78 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



del asunto a Don Pedro Garibay, Agente de negocios 
de las Indias en la corte. Así lo hizo el Cabildo, quien 
señaló al comisionado una pensión anual de quinien- 
tos pesos fuertes. 

La situación de España, oprimida por la bota 
militar de Napoleón, y luego la revolución de Mayo 
en el Río de la Plata, inutilizaron las diligencias rea- 
lizadas. 

En 1825 el mismo Cabildo ocurrió al Delegado 
Apostólico Excmo. Sr. D. Juan Muzzi, Arzobispo titu- 
lar de Filipos, presente a la sazón en Montevideo, 
solicitando de él la consagración de un Obispo in pár- 
tibus infidélium para la "Provincia Cisplatina". No 
entraba en las facultades de aquel dignatario eclesiás- 
tico acceder a tal demanda. Mas para atender a los 
fieles del país, que en lo civil se hallaba sujeto al Bra- 
sil, y en lo eclesiástico dependía de Buenos Aires, 
concedió al Dr. D. Dámaso Antonio Larrañaga las 
facultades propias de los Vicarios Capitulares sede 
vacante. De este modo se inició el Vicariato Apostó- 
lico del Estado Oriental. 

Independiente el Uruguay, la Asamblea General 
Constituyente y Legislativa decretó, en 17 de Julio 
de 1830, que se negociara ante la Santa Sede la se- 
paración de nuestra Iglesia de la de allende el Plata. 
La condición angustiosa del erario hizo que no se lle- 
vara adelante con eficacia tal determinación. 

Falleció repentinamente en 16 de Febrero de 
1848 el venerando Padre Larrañaga. Le sucedió el 
Pbro. D. Lorenzo Antonio Fernández hasta su muer- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



79 



te, en 1854, sustituido por el P. José Benito Lamas. 
Entregó éste su generosa alma al Criador el 9 de Ma- 
yo de 1857, victima de su caridad, en la epidemia de 
la fiebre amarilla, y el 26 de Mayo de 1859 se nombró 
para ocupar la vacante a D. Jacinto Vera, Cura Pá- 
rroco de Canelones. El santo sacerdote fué preconi- 
zado obispo titular, o in pártibus infidelium, como se 
decía entonces, de Megara, en el Consistorio de Sep- 
tiembre de 1864, y consagrado, según ya lo hemos di- 
cho, en la Matriz el 16 de Julio de 1865, y continuó 
gobernando esta jurisdicción eclesiástica en carácter 
de Vicario Apostólico. 

Iba corriendo el año 1877. Desde el 10 de Marzo 
de 1876 ejercía la dictadura el Coronel Don Lorenzo 
Latorre. Este, como criollo de cepa, tenía gran afición 
al mate. Mientras lo saboreaba cada mañana, veía pa- 
sar apresuradamente a un sacerdote. Informado de 
que éste era el Dr. Soler y de que gustaba, como él, 
del néctar indígena, se empeñó en que lo acompañara 
a sorberlo. Le invitó, pues. El presbítero le respondió 
que aun no había celebrado. Quedaron convenidos en 
que el Gobernador le aguardaría. Así se hizo, y desde 
entonces los dos tomaron mano a mano los primeros 
mates del día. De aquí la intimidad entre ambos. 

Un día Latorre solicitó del Doctor Soler no sé 
qué dispensa, facultad o privilegio para una persona 
amiga. 

— Hay que recurrir a Roma, le contestó el Provi- 
sor. Pero si aquí no estuviéramos como en Africa, 
nuestra Curia lo podría conceder inmediatamente. 

— ¿Por qué como en Africa? preguntó sorprendi- 
do el Dictador. 



80 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



— ^Pues porque no constituímos más que un Vica- 
riato Apostólico, lo mismo exactamente que los in- 
fieles del Congo. 

— ¿Y que hay que hacer para no estar como los 
negros congoleses? 

— Organizar la jerarquía, el obispado, con sus 
tribunales, su cabildo. 

Desde aquel momento el Coronel vivió acuciado 
por el afán de que se remediase aquel orden de cosas 
tan desdoroso para los Orientales. En el archivo ecle- 
siástico se guarda un fajo de cartas del Dictador y de 
su Ministro de Relaciones Exteriores y Cultos, Don 
Gualberto Méndez, al Dr. Soler, todas de tenor pare- 
cido al de la siguiente: 

"Gobernador Provisorio. — 

De acuerdo con lo que hablamos esta mañana, y 
resuelto a elevar a Diócesis la Iglesia Oriental, he da- 
do orden al Sr. Ministro de Relaciones Exteriores 
para que escriba al Sr. Nuncio de Río Janeiro. Nece- 
sito que a la brevedad posible me mande V. el presu- 
puesto de que hablamos, para realizar ese gran paso. 

Queda de V. atento S. S. Q. B. S. M. 

L. Latorre. 

Despacho, Octubre 20 de 1877." 

El Internuncio del Río de la Plata, Excmo. Sr. 
Angel di Pietro, Arzobispo de Nacianzo, cuyas cre- 
denciales fueron reconocidas en Montevideo en 27 de 
Mayo de 1878, en correspondencia con el Dr. Soler no- 
ta complacido que "el Gobierno está loablemente im- 
paciente por alcanzar sin demora esta gracia", toma 
en cuenta "el laudable apremio con que urge el asun- 
to". 

Y en efecto, Latorre, para abreviar tiempo, des- 



(DOCTOH D. MARIANO SOLBR) 



81 



pacho a Roma, con carácter de enviado confidencial, 
al Vicario General Don Inocencio María Yéregui. 

Este partió en el vapor Araucania en 22 de Mayo 
de 1878 en compañía del Cura de Canelones Don Pe- 
dro Letamendi y del Bachiller Don Hipólito Gallinal. 

Y el 15 de Julio próximo quedaba ya, por decre- 
to pontificio, erigido el obispado y preconizado obis- 
po diocesano, primero de Montevideo, el Vicario Apos- 
tólico Don Jacinto Vera. 

El Pbro. D. Mariano Soler, a quien cabía el ma- 
yor mérito en este progreso jerárquico de la Iglesia 
Uruguaya, escribía con ufano alborozo y, según su 
costumbre, con brío apologético, en El Mensajero del 
Pueblo del 21 de Julio de aquel año: 

"Los católicos del Uruguay están de parabienes. 
Los hombres de orden y de esperanza en el porvenir 
de la patria contemplan un felicísimo augurio en la 
erección del obispado del Uruguay. 

El artículo V de nuestra Constitución acaba de 
recibir un augusto complemento y los votos subli- 
mes de los Padres de la Patria, consignados en nues- 
tra Carta fundamental, se ven coronados satisfacto- 
riamente después de tantos años de esperanza. 

Si los héroes que nos legaron una Patria libre y 
constituida, alzados de su gloriosa tumba, contempla- 
sen realizada la idea de una Iglesia nacional indepen- 
diente y organizada cual compete a su augusta y her- 
mosa jerarquía, exclamaran: "¡A los hijos del Uru- 
guay un hurra entusiasta ! Al realizar nuestro ensue- 
ño dorado se han mostrado dignos de la Religión y de 
la civilización en cuyo seno fuimos amamantados." 

La autonomía religiosa es complemento de la au- 
tonomía política. Es propio de un pueblo viril y avan- 



6 — Editorial. 



8^ 



zado en las vías del progreso verdadero poder excla- 
mar: "Yo, como Estado, tengo Religión. 

Ya somos Iglesia constituida; ya no aomos los 
parias de América en Religión. 

Ya no se dirá en adelante el Vicariato, cual .si fué- 
semos una misión de la China, sino el Obáspado, la 
Diócesis de Montevideo. Ya estamos a la altura de to- 
das las Naciones civilizadas de Europa y América, ya 
no seremos en el orden religioso la última Nación del 
mundo civilizado. 

¿Cómo, pues, el pueblo uruguayo, digno de altí- 
simos destinos, dejará de acoger con entusiastas a- 
plausos la organización definitiva de la Iglesia Na- 
cional? ¿Cómo no quedará grato al Gobierno del Co- 
ronel Latorre, a quien es debida tan progresista inicia- 
tiva y esa gloria nacional? 

A fuer de católicos y de hijos amantes de la Pa- 
tria, saludamos este faustísimo acontecimiento como 
un gran paso dado en la organización y regeneración 
social. 

Cuando un pueblo virgen y lozano camina hacia 
la perfección religiosa; cuando ve consagrado en su 
Constitución y en la organización nacional el elemen- 
to religioso, ese pueblo está en los albores de un bri- 
llante porvenir, si hijos desnaturalizados y espíritus 
incrédulos no se empeñan a toda costa en labrar su 
desquiciamiento social. 

¡Patria querida! ¡te saludamos entusiastas al 
contemplarte tomando asiento definitivamente entre 
las Naciones civilizadas que tienen a altísima honra 
acatar el catolicismo y su Iglesia planteada con la or- 
ganización y majestad que compete a su bellísima, 
noble y santa jerarquía! 



(DOCTOR D. MAItlANO SOLER) 



B8 



¡Cómo sienta a una Nación civilizada el poder 
proclamar bien alto y constitucionalmente que el Es- 
tado no es ateo, que tiene religión nacional! Porque 
cuanto es indigna del nombre de filósofo y de hombre 
perfecto la profesión de ateísmo, es muy doloroso y 
menguado el estado de una nación que deba confe- 
sar social y constitucionalmente: "Yo no tengo re- 
ligión." . . . 

Pero, si la religión es el más hermoso florón 
de toda sociedad culta y civilizada, es una necesi- 
dad imperiosa para los pueblos que, como el nues- 
tro, han de vivir cobijados bajo el árbol hermoso 
de la Democracia. El reinado de la libertad es im- 
posible sin la religión. Un Estado ateo es una pro- 
testa permanente contra la juis^ticiai la buena fe 
y el principio de toda sociabilidad. ¿Qué garantías 
l'iicde dar el Estado que profesa el ateísmo y que 
oficialmente reniega del Hacedor? ¿No hay que te- 
merlo todo del que no tiene pública y socialmente 
respeto al Supremo Legislador? 

Y el pueblo que contempla que los poderes pú- 
blicos prescinden oficialmente de los deberes y cul- 
to religioso ¿no se creerá él igualmente desligado 
de esos vínculos sagrados? Ni será posible la santa 
fraternidad entre ciudadanos que prescinden de sus 
deberes religiosos; ni patriotismo y heroicos esfuer- 
zos en quienes creen fanatismo la conciencia religio- 
sa 

El célebre Tocqueville dió esta hermosísima en- 
señanza a los políticos y legisladores: "La libertad 
sin la religión muere: el despotismo puede existir sin 
la fe ; pero sin la fe la libertad no puede vivir." 

¿Cuándo nos acabaremos de convencer de esta 
importante verdad? 



84 



EL PRIMER ÁRZOBISt>0 DE MONTEVIDEO 



¡Y cuán sublime no es la gloria de un pueblo 
que proclama el catolicismo religión nacional! La ci- 
vilización ha caminado siempre bajo la tutela del 
principio católico, y, lo que es más significativo, la 
barbarie ha recuperado siempre los pueblos de donde 
ese principio se retira ; que es la prueba histórica más 
hermosa de la divinidad y benéfica influencia del ca- 
tolicismo. 

Por eso es una negra calumnia la de los incré- 
dulos : afirmar que la religión católica es enemiga de 
la civilización, pues, como dice el ilustrado Bonjean: 
"sería una blasfemia histórica afirmar que el Catoli- 
cismo ,habiendo civilizado la Europa, no pueda vivir 
con la civilización moderna". 

¿Y acaso no se debe hacer justicia a esa reli- 
gión, que, como en todas partes, entre nosotros tam- 
bién está a la cabeza de todas las instituciones bené- 
ficas y regeneradoras, los hospitales ,asilos, manico- 
mios y orfanotrofios? ¿Diráse por ventura que nues- 
tra religión es antisocial y que no inspira las vir- 
tudes y heroísmo sublime que tanto honran a las 
naciones civilizadas? 

Con razón, pues, el pueblo oriental aplaude la 
fausta nueva de la organización definitiva de la Igle- 
sia nacional; y más aún al contemplar garantidas 
sus esperanzas en la persona de nuestro dignísimo 
Prelado que hasta hoy ha regido los destinos de la 
Iglesia del Estado: sus ejemplares virtudes ,su apoSf- 
tólico celo y heroica abnegación le hacen digno de te- 
ner la gloria de ser el elegido para primer Obispo Dio- 
cesano del Uruguay; el pueblo uruguayo le hace jus- 
ticia colmándole de sinceras felicitaciones; con ra- 
zón le llegan a porfía los parabienes y augurios de 
lo más selecto de nuestra sociedad. 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



85 



Cordial y sinceramente saludamos y felicitamos 
los católicos a la Patria, a la Religión del Estado y 
al limo. Señor Vera. Nuestra a<lma experimenta gra- 
tísima emoción y el 15 de Julio de 1878, en que ha sido 
preconizado el Obispado del Uruguay, será de eterno 
recuerdo para cuantos aman de veras la Patria y la 
Religión". 

Una ojeada a los acontecimientos sincrónicos- 

Demos, conforme lo hemos practicado hasta 
ahora, una ojeada a los sucesos generales de nuestra 
historia nacional en el período que corre desde la lle- 
gada de Soler a la patria. 

El año de 1874 expira con un conato frustrado 
de revolución, del coronel Máximo Pérez. 

Los descontentos ponen entonces la mira en la 
Capital. 

El 1.0 de Enero de 1875 se concentran los ciu- 
dadanos en el atrio de la Matriz para elegir alcalde 
ordinario, algo as^í como juez letrado. La prepotencia 
de los elementos perturbadores fuerza a aplazar el 
acto comicial para el 10, pero en esta fecha, seña- 
lada para siempre con trazo rojo en la historia pa- 
tria, se renuevan los atropellos, de los cuales hablan 
lúgubremente catorce muertos y cincuenta heridos. 

El día 15 todas estas manifestaciones s^intomáti- 
cas hacen crisis en un pronunciamiento militar que 
depone al Doctor José E. Ellauri y proclama presi- 
dente de la República a Don Pedro Várela. Este, con- 
firmado por el voto de las Cámaras el 22 de Enero, 
el 24 de Febrero siguiente apila a quince patricios en 
la barca Puig, flotante infierno dantesco que, al cabo 



86 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



de ciento ocho mortales días, arriba con su pasaje 
completo de proscritos al puerto de Chárleston, en 
los Estados Unidos. 

Y surge en Marzo la Guerra Tricolor, que ha sa- 
cado del relicario de las glorias patriasi para ponerla 
al frente de sus batallones la bandera de los Trein- 
ta y Tres, y que es vencida definitivamente, en el mes 
de Diciembre, por el coronel Lorenzo Latorre, ministro 
de la Guerra. 

Pa>ra colmo de males, el desastre financiero del 
país se agravó a la sazón de tal modo, que aquel año 
de 1875 pasó a la historia con el sombríoi mote de el 
año terrible. 

De resíultas, dimitió Pedro Várela, y se inició la 
dictadura uniformada de casaquilla y bota de montar, 
el 10 de Marzo de 1876. 

El despotismo militar ejercido por Latorre tuvo 
a raya a muchos facinerosos, fomentó la instrucción, 
promovió el adelanto edilicio de la Capital, fundó 
poblaciones, se preocupó de la organización jerár- 
quica de la Iglesia Uruguaya. Pero juntamente aido- 
leció de todos los vicios propios del sistema. 

Lorenzo Latorre, después de un trienio de dic- 
tadura, fué elegido presidente con£/titucional. Mas de 
pronto renunció, en 13 de Marzo de 1880, y fué a bus- 
car hospitalidad a Buenos Aires. Ya no volvieron a 
abrírsele las puertas de la patria. 

Le sucedió el Dr. Francisco A. Vidal, tan aven- 
tajado facultativo, como desastroso político y gober- 
nante. El dueño de la situación fué el general Máxi- 
mo Santos. Abdicó el médico presidente para que es- 
te nuevo ejemplar de la prepotencia soldadesca ci- 
ií^^'e la simbólica banda en l.o de Marzo de 1882. Du- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



87 



rante su gobierno nada quedó incólume en el país: 
las libertades ciudadanas, las rentas nacionales, el co- 
mercio, la industria, la religión, sobre todo, fueron 
víctima de los antojos, arbitrariedades y desmanes 
de aquel hombre funesto. 

Terminado su cuadrienio, Santos impuso la elec- 
ción de Vidal (l.o de Marzo de 1886). 

Estalló la indignación pública en una revolución, 
reprimida y aplastada inmediatamente en el Quebra- 
cho y en las Puntas de Soto (30-31 de Marzo). 

Y el sumiso Vidal devolvió el mando a Santos, 
presidente, en aquel entonces, del senado (24 de Ma- 
yo). Este primer magistrado de la República y "ca- 
pitán general de los ejércitos nacionales", como le ti- 
tuló servilmente el Cuerpo Legislativo, fué herido de 
bala el 17 de Agosto por el teniente Gregorio Ortiz a 
la puerta del teatro Cibíls. Y algo escarmentado por 
la dura lección de los hechos, formó, el 14 de No- 
viembre, el llamado Ministerio de la Conciliación. 
Mas a pocos días, el 18 del mismo mes, resignó la 
autoridad suprema. 

También este amo y señor del país cerró los ojos 
en el destierro (10 de Mayo de 1889). 

Ocupó la presidencia el teniente general Máximo 
Tajes, el vencedor del Quebracho, quien, a pesar de su 
uniforme, quebrantó el predominio militar en el go- 
bierno y resitauró el régimen civil. Su lema "a traba- 
jar en paz por los intereses de la patria" fué ventu- 
rosa realidad. La nación respiró y prosperó después 
de largo período de ahogo y retroceso. 

En el escaño parlamentario- 
Soler no contempló ya desde lejos, como en épo- 
cas anteriores, estas vicisitudes de la historia patria. 



88 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



Armado de toda?, arma?, ñe hallaba en medio de los 
sucesos. Y, conforme al programa trazado en sus años 
de preparación, ponía todo su ahínco en promover el 
bien y conjurar los males de su país. 

Ciñéndonos a su obra puramente civil, hemos de 
señalar aquí su acción parlamentaria. 

Formó parte de la XIII Legislatura, elegido por el 
departamento de Canelones en compañía de Don José 
Pedro Requena y García y los Doctores José Romeu, 
Luis Palacios y Martín Aguirre. Ingresó en la Cáma- 
ra el 8 de Febrero de 1879, el mismo día en que se le 
nombraba Cura Rector de la Parroquia del Cordón. 
Fué miembro de la Comisión de Legislación y Cons- 
titución, y más adelante de la de Fomento. 

Asistió con puntual asiduidad a las sesiones, in- 
tervino con oportunidad y acierto en los debates, re- 
petidas veces* como miembro informante. Recorrien- 
do página por página los trece voluminosos tomos que 
contienen las actas de aquella Legislatura, me ha pa- 
recido siempre ver a nuestro presbítero diputado en 
su rígida actitud característica, atento a los menores 
detalles e incidencias, en las manos el texto del arti- 
culado en discusión, previamente marginado, a la luz 
de la insomne lámpara de su estudio, por las obser- 
vaciones surgidas de la meditada lectura. 

En el Parlamento no de; ja pasar sin corrección 
ninguna frase que tergiverse la doctrina católica, que 
contravenga a la legislación eclesiástica, que roce los 
derechos del Estado o de los ciudadanos. 

Por otra parte, concentrado en la esencia del ar- 
gumento, no suele recoger las alusiones intencionadas, 
las personalidades hirientes, ni reparar en accidentes 
2:'í:-:íos. 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



89 



No es mi ánimo hacer aquí una reseña completa, 
que sería sin duda interesante, de su labor en este 
campo. Para amenizar un tanto estas páginas tras- 
cribiré solamente un diálogo en el que, contra su ha- 
bitual proceder, habla por momentos en tono zumbón 
al adversario. 

Es el 6 de Julio de 1881. Se discute un proyecto de 
ley de deuda consolidada. Tiene la palabra Don José 
Cándido Bustamante, una de las personas más- cons- 
picuas de aquella Legislatura. Preside D. Urbano 
Chucarro. 

"El Sr. Bustamante . . . Cuando se trata de cues- 
tiones como ésta y tan trascendentales, distraigo una 
gran parte de mi tiempo y lo consagro a estudiarlas 
y a beber en lafj más puras fuentes las verdades que 
constituyen el evangelio de las ciencias, puede decir- 
se, profundamente radicado, tratándose de la ciencia 
económica de los pueblos. 

El Sr. Soler. — No hay evangelio : depende de las 
circunstancias de cada país. 

El Sr. Bustamante. — Muchas gracias por la ad- 
vertencia. 

El Sr. Soler. — Depende de las circunstancias de 
cada nación, coTno de cada casa de comercio : si puede 
pagar, paga; si no, no paga. 

El Sr. Bustamante. — ¡Pero, señor! ¡Si recién 
empezaba a sentar mi tesis, y ya el Sr. Diputado me 
interrumpe ! 

Hablé del evangelio, y el Sr. Diputado ha confun- 
dido. He dicho que es principio evangélico, porque he 
querido hacer uso de esta figura para dar mayor 
fuerza de autoridad a la concepción . . . 

El Sr. Soler. — Comprendiendo eso es que . . . 



90 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



El Sr. Bustamante. — ¡ Pero, señor ! . . . Si no se 
habla del Evangelio cristiano . . . Cuando llegue el ca- 
so, ya F^abe el Sr. Diputado que soy muy liberal. 

El Sr. Soler. — Comprendiendo el sentido en que 
lo decía el Sr. Diputado, y que no era religioso . . . 

El Sr. Bustamante. — Bien, Sr. Presidente. Se 
trata de una cuestión que es seria, trascendental, ¡ la 
cuestión de crear una deuda ! . . . y una deuda que, si 
bien puede considerarse, por el tiempo y las circuns- 
tancias, con relación a las demás, debería estar com- 
prendida ya antesi de ahora en el cúmulo de las otras 
ya sancionadas, ya reconocidas como consolidadas. 

Y yo soy liberal, señor: yo no me aferró a mis 
opiniones ; no soy intransigente, porque tengo la con- 
vicción de que en el seno del Parlamento, como fuera 
de él, todos debemos discutir, emitir nuestras opinio- 
nes con toda la franqueza y con todo el sentimiento y 
paaión que nuestra conciencia nos lo dicte. Pero como 
es de sabios ceder a la razón y al raciocinio . . . 

El Sr. Soler. — Apoyadísimo. Sapientis est muta- 
re consilium; es decir: es propio de los sabios mudar 
de consejo, cuando se convencen de que están en 
error. 

El Sr. Bustamante. — Yo hace mucho tiempo que 
dejé el latín ; pero, sin embargo, cuando llegue el caso 
de citar latines, pierda cuidado el Sr. Diputado, que 
he de sier muy abundante en las citas. 

El Sr. Soler. — Apoyado también. 

El Sr. Bustamante. — Pero me interrumpe el Sr. 
Diputado ... Yo no protesto contra las interrupciones 
del Sr. Diputado, a pesar del Reglamento, porque ten- 
go mucho gusto en oírlo : ya sea en el púlpito, ya sea 
en la tribuna, ya sea en la conversación familiar, le 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



91 



rindo justicia, porque respeto al hombre que tiene 
ilustración y talento, aparte del carácter que revis- 
te... 

El Sr. Soler. — Gracias. 

El Sr, Bustamante. — . . .lo conceptúo bastante 
elocuente. 

El Sr. Soler. — Mil gracias. 

El Sr. Bustamante. — Bien, Sr. Presidente: ya 
que, gracias al Sr. Diputado, se me ha ido la ilación 
de mi discurso . . . porque las interrupciones son el 
sistema que seguía Cassagnac, a pesar de que es an- 
tagonista, y muy amigo del Sr. Diputado. . . 

El Sr. Soler. — En el orden político no soy amigo, 
porque es imperialista, y yo Soy republicano. 

El Sr. Bustamante. — Por consiguiente: como se 
habla de las deudas nacionales; y efectivamente, la 
verdad es, en principio general, que el que debe pa- 
gue, y el que no puede pagar todo, debe pagar lo más 
que pueda . . . 

El Sr. Soler. — Ese es el evangelio, Sr. Diputado. 

El Sr. Bustamante. — ¡ Dale con el evangelio, se- 
ñor! ¡Pero, señor! ¡no es del Evangelio de lo que 
hablo ! 

El Sr. Soler. — ¡Cómo no! 

El Sr. Bustamante. — Introíbo ad altare Del. 

El Sr. Soler. — ¿Pero entonces el Sr. Diputado 
habla contra el Evangelio? 

El Sr. Bustamante. — ^Yo creo que el Sr. Diputa- 
do tiene un sistema muy conocido de prolongar la dis- 
cusión, que es el de interrumpir; y le prevengo, para 
que no me interrumpa, que no le voy a oír ; porque hay 
un refrán antirreligioso, o anticristiano, que dice que 
si un individuo que va a un camino muy largo se pone 



92 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



a atender a todos los que pasan cerca de él, no llegará 
al término de la jornada. . . 

El Sr. Soler. — Es muy católico. 

(Muestras de aprobación en lai barra.) 

El Sr. Presidente. — (Tocando la campanilla). Ha- 
go presente a la barra que está prohibida toda clase 
de manifestación. 

El Sr. Bustamante. — Perdóneme el Sr. Diputado 
la franqueza ; pero hasta cierto punto debo decir que 
se manifiesta un poco impertinente . . . 

El Sr. Soler. — Mil gracias. 

El Sr. Presidente. — Pediría que se suprimieran 
esas interrupciones. 

El Sr. Bustamante. — Por consiguiente déjeme 
hablar. 

El Sr. Soler. — ¡ Lo he apoyado ! 

El Sr. Bustamante. — Si no le gusta lo que a mí 
me ha oído, tiene dos caminos: o hacer moción para 
que se me llame al silencio, o mandarse mudar. 

El Sr. Soler. — i Si lo he apoyado ! 

El Sr. Bustamante. — . . .Porque yo no tengo mi 
discurso escrito, y no puedo leer mis opiniones ; y so- 
bre todo, en una cuestión tan seria, en una cuestión 
de deuda, en que quizá tiene el Sr. Diputado que in- 
tervenir como Representante del pueblo, y como in- 
teresado también, como cuando ha pedido que se ha- 
ga alguna capilla allá en el pueblo de los Pocitos o en 
el Paso de la Arena. 

El Sr. Soler. — Puede ser. 

El Sr. Bustamante. — . . .Y hágame el obsequio 
de no interrumpirme, porque la paciencia se me acaba. 

Bien : hablemos de la deuda, Sr. Presidente y Sres 
Diputados; y el que debe, debe pagar; y cuando no 



(bOCTOU D. MARIANO SOLER) 



98 



pueda pagar todo, debe pagar hasta donde puedan lle- 
gar sus esfuerzos. Este es un principio de moral; y de 
ahí viene que el que paga se enriquece. 

Así, pues, Sr. Presidente: cuando se trata de es- 
ta cuestión, y de cuestiones, Sres. que, como dijo muy 
bien, y lo repite, uno de los más inteligentes colabora- 
dores de esta Cámara, el Sr. Diputado por Canelones, 
cuestiones que afectan y penetran hasta lo más re- 
cóndito de la sociedad, que es el hogar de la familia, 
es deber de la Asamblea tomarlas con detención, es- 
tudiarlas bajo el punto de vista, no económico ya y 
social, sino hasta filosófico y moral mismo; porque 
son cuestiones que afectan justamente en lo más de- 
licado, en lo más susceptible de la educación moral 
de un pueblo, es decir, la cuestión del crédito ; la cues- 
tión del crédito, que ea la cuestión del dinero, la cues- 
tión de facultades, de elementos para poder, no sola- 
mente satisfacer nuestras necesidades, sino para cons- 
tituir nuestra independencia, para constituir el honor 
de la familia, porque en pos de la pobreza y las ne- 
cesidades no viene más que la miseria, la corrupción 
y el vicio. . . (no se le oye) . . .y como por naturaleza 
y por instinto no todos gozan de las virtudes de que 
gozaba la Virgen Inmaculada que pisó y holló la ca- 
beza de la serpiente tentadora ... lo que todavía es 
un misterio para algunos, un dogma y no sé qué más, 
que el Sr, Diputado que me ha estado interrumpiendo 
podría decirlo . . . 

El Sr. Soler. — Me ha prohibido hacerle apartes. 

El Sr. Bustamante. — . . . y no yo, poique soy 
Representante de la República Oriental, y no Repre- 
sentante de Roma. 

El Sr. Presidente. — Pediría al Sr. Diputado que 
se concretase a la cuestión. 



l 

y 

94 EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 

El Sr. Bustamante. — Pero, Sr. Presidente, soy 
tan condescendiente que así lo haré, a pesar de que 
creo que estoy tan concreto a ella, como el que más, 
porque lo que he dicho no es más que una figura, una 
licencia que me he permitido y que creo que nadie ha 
desaprobado en la Cámara. Pero también haré notar 
que si me he exacerbado algo y si me he dirigido al 
Sr. Diputado, es porque él ha tomado la iniciativa en 
el debate con sus interrupciones: me ha hecho inte- 
rrupciones y me ha indicado cos,as que, francamente, 
yo no creía propias de este lugar . . Pero aceptaré el 
consejo del Sr. Presidente. 

El Sr. Presidente. — Puede continuar el Sr. Di- 
putado." 

Cura Rector del Cordón -- 

La XIII Legislatura clausuró sus sesiones en los 
primeros días de Febrero de 1882. El mandato polí- 
tico del Dr. Soler duró casi lo que su cura de almas 
en el Cordón. 

Había sido destinado a dicha parroquia el 8 de 
Febrero de 1879. 

En los tres años en que con solicitud pastoral 
veló por esta grey, siguió desarrollando, como hemos 
visto, en los más diversos campos la actividad asom- 
brosa de que más adelante daba testimonio La Unión 
de Buenoa Aires, diciendo, después de haber enume- 
rado muchas ocupaciones del insigne sacerdote uru- 
guayo: "Añade a todos estos trabajos el de una ele- 
vada dignidad eclesiástica que desempeña con sin- 
gular aplauso [a la sazón, 1883, era Vicario Gene- 
ral], hallando tiempo para todo, consagrado a cada 



« 

(DOCTOR D. MABIAKO SOLER) 08 

tarea como si no tuviera otra en que pensar, jamás 
inquieto, siempre aereno, afable, sonriente, sin can- 
sancio, sin desmayo, multiplicándose y haciéndose 
todo para todos." 

El Vicario General - 

El 27 de Abril de 1882 fué elevado a la dignidad 
de Vicario General, a que hemos hecho referencia. 

Es el indicado un puesto de alta categoría y 
responsabilidad en la jerarquía eclesiástica. 

El Código de Derecho Canónico, canon 367, pá- 
rrafo I, estatuye que el Vicario General sea sacerdo- 
te del clero secular, de no menos de treinta años de 
edad, doctor o licenciado en Teología y Derecho Ca- 
nónico, o muy versado en tales disciplinas, de reco- 
nocido saber, probidad, prudencia, y experiencia en 
el desempeño de los negocios. 

Según el canon 368, párrafo I, " al Vicario Gene- 
ral ,en virtud de su oficio, le compete en toda la dió- 
cesis la propia jurisdicción que por derecho ordina- 
rio le pertenece al Obispo, exceptuadas aquellas co- 
sasl que el Obispo se reservare o que por derecho re- 
quieran especial mandato del Obispo". 

Conforme al canon 198, le corresponde al Vica- 
rio General, lo mismo que al Obispo, el nombre de 
Ordinario u Ordinario del lugar. 

Por todo esto se suele decir, en tecnicismo ca- 
nónico, que el Vicario General constituye un solo 
tribunal y una persona con el Obispo. 

El Doctor Soler desempeñó este delicado car- 
go con singular celo y destreza hasta el 1.' de Febre- 
ro de 1890. 



98 



EL PRIMER ARZOBISPO m UONTBVIDEO 



Veamoa una serie de acontecimientos que pre- 
cedieron a esta fecha. 

Por los fueros de la Iglesia - 

Latorre, a pesar de su reconocida bienqueren- 
cia a la religión, patrocinó y llevó adelante la ley de 
Registro Civil para nacimientos, matrimonios y de- 
funciones. Esta fué promovida con espíritu hostil a 
la Iglesia, protestándose que los documentos ecle- 
siásticos no debían hacer fe, pues el clero no ofrecía 
garantías de aptitud para redactarlos ni de fidelidad 
para custodiarlos. 

¡Injuria gratuita, castigada por los resultados 
prácticos, siendo así que los funcionarios civiles se 
mostraron a menudo, según tenía que suceder fatal- 
mente, inferiores, sin comparación, a los sacerdotes, 
en tan delicado ministerio! 

Soler bregó por mejorar las disposiciones de es- 
ta ley, obteniendo, por ejemplo, en la Cámara de Di- 
putados, que se prolongara el plazo concedido al pá- 
rroco para la entrega, al oficial del Registro Civil, 
de los datos referentes al bautismo. 

En aquellos días la ley, al paso que insistía en 
que el único matrimonio de católicos válido era el que 
se celebraba in facie Ecclesiae, establecía que el de 
los no católicos, o disidentes, surtía efecto, contraído 
ante el funcionario del Estado. 

En desconocimiento de los fueros de la Iglesia 
y en daño de la conciencia de sus hijo^, se abusó har- 
tas veces de la palabra disidente, heteróclita para las 
personas del pueblo : se hacía creer a éstas que, decla- 
rando que se casaban como disidentes, quedaban exi- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



97 



midas de la obligación de presentarse a su reciiecti- 
vo pán'oco. 

Y ya tenemos a Soler lidiando en defensa del 
matrimonio cristiano, como continuó haciéndolo sin 
tregua en toda su vida, mientras la impiedad iba des- 
de el Gobierno infiriendo a esta institución fundamen- 
tal nuevas heridas, con las leyes del matrimonio ci- 
vil obligatorio y previo al religioso, y del divorcio ab- 
soluto. Resonancia de esa valiente y nunca interrum- 
pida campaña son sus escritos: El matrimonio bajo 
el aspecto religioso y moral, 1890; El divorcio abso- 
luto, 1902; El divorcio, 1905; Instrucción pastoral con 
ocasión de la ley sobre divorcio, 1907. 

Con hostilidad solapada, sagaz y terca procuró 
asimismo la impiedad la descristianización de la es- 
cuela, aspiración confesada paladinam.ente por el re- 
formador, José Pedro Várela, a quien protegía y 
alentaba desde el Gobierno el ministro de Latorre, 
José María Montero (hijo) . 

Y vemos una vez más descender al palenque, ar- 
mado de todas armas, al Dr. Soler. Ahí están, como 
recuerdo de aquella lucha ardiente, sus obras: El 
problema de la educación en sus relaciones con la re- 
ligión, el derecho y la libertad de la enseñanza, 1880; 
Refutación - protesta a las erróneas apreciaciones del 
Inspector Nacional de I. P. sobre la enseñanza reli- 
giosa, 1881 ; Los católicos y la Sociedad de amigos de 
la Educación Popular, 1883, etc. 

En la serie de clamorosas derrotas infligidas a 
los católicos del Uruguay en todos los campos, y en 
particular en éste de la enseñanza, nuestro luchador 
habría podido apropiarse las palabras de Montalem- 
bert a sus correligionarios de Francia: "Lo diré sin 

7 — EUitcrial. 



98 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



ambages, autorizado, a mi ver, por doce años de lidia, 
de esfuerzos públicos y perseverantes en pro de esta 
santa causa : la culpa es de los católicos mismos ; de 
la flojedad e indiferencia de los padres cristianos". 

Víctima propiciatoria. -- 

Y se desató la persecución religiosa del gobierno 
de Santos, Sin leer la prensa y demás documentos de 
la época no es posible formarse idea de lo brutal del 
atropello a la conciencia católica y de lo soez y 
despótico del lenguaje con que a las razonadas repre- 
sentaciones del Prelado Diocesano, Don Inocencio Ma- 
ría Yéregui, y de los hijos fieles de la Iglesia contes- 
taban el Presidente de la República y su Ministro de 
Justicia, Culto e Instrucción Pública, el extraño per- 
sonaje Don Juan Lindolfo Cuestas. 

Fueron enviados por el Poder Ejecutivo a las 
Cámaras, y aprobados a tambor batiente por una ma- 
yoría regimentada y servil, los proyectos de "m.atri- 
monio civil obligatorio" y de la "ley de conventos". 
Fué empastelado e incendiado, El Bien Público el 1.' 
de Febrero de 1885; el 6 de Abril reducido a prisión 
el Dr. D. Ricardo Isasa, Cura de la parroquia de San 
Agustín, de la Unión, por haber exigido composturai 
y respeto en el templo; encarcelado también el Cura 
de Libertad, Don Crisanto López, por haber des- 
aprobado en conversación privada los actos del Pre- 
sidente; el 31 de Julio expulsadas las Hermanas del 
Buen Pastor. 

El 21 de Marzo el citado Ministro de Justicia, Cul- 
to e Instrucción Pública dirigía al Obispo una nota 
inverosímil en que se contenían estos dicterios contra 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



99 



el más esforzado adalid de la Iglesia Uruguaya y el 
más denodado impugnador de las leyes anticristianas : 
"Es de notoriedad que el Pbro. Dr. D. Mariano Soler 
Vicario General en ejercicio, pero cuyo nombramiento 
no fué autorizado por el Gobierno, escandaliza a la 
sociedad casi diariamente desde el pulpito de la Igle- 
sia Catedral, con discursos y sermones contrarios a 
la moral y a los respetos que se deben a una sociedad 
culta." Califica luego al predicador de "orador sagra- 
do poseído de verdadera furia sectaria" y hace al 
Prelado responsable de las consecuencias. 

Dos días después, el 23 de Marzo, el Ministerio 
de Gobierno circula esta instrucción a los Jefes Polí- 
ticos: "Algunos sacerdotes funcionarios públicos 
(sic!) desde el pulpito se han pronunciado en tér- 
minos que constituyen un ataque al orden y a la mo- 
ral públicos concitando a la rebelión contra los Pode- 
res Nacionale?.. — Si algún sacerdote en su departa- 
mento, desde el púlpito o en reuniones públicas, se 
produce en lenguaje destemplado hacia las autorida- 
des o las leyes, V. S. lo reduzca a prisión y, con las 
indagatorias respectivas, lo pase a disposición del 
Juez competente. — Eduardo Zorrilla". 

El limo. Sr. Yéregui opone a los dos ministros 
sendas notas, fechadas el 24 de Marzo. 

En la primera rechaza de plano la "acusación 
calumniosa" contra el "sacerdote oriental más ilus- 
trado y por todos conceptos recomendable y virtuoso" 
y asevera que el aludido ha expuesto la doctrina ca- 
tólica, de que el obispo es juez privativo. 

En la segunda se expresa así:* "El Superior Go- 
bierno ha ordenado que el Sr. Fiscal del Crimen y 
las autoridades policiales asistan a los sermones y 



100 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



denuncien y lleven a la cárcel pública a los sacerdotes 
que, según el criterio policial, falten a su deber. — 
No puedo consentir, Excmo. Señor, que la palabra del 
sacerdote en el ejerdício de su ministerio sea interpre- 
tada y juzgada por una autoridad extraña a la del 
Prelado; y hasta entiendo que las leyes civiles dis- 
ponen este mismo respeto a los eclesiásticos. Y en 
vista de que el Gobierno ha empezado a ejecutar sus 
disposiciones, habiéndose dado el caso anoche mismo 
de aparecer el púlpito rodeado de agentes de policía, 
he creído de mi deber librar a los sacerdotes de ve- 
jámenes personales, ordenándoles que cesen en la 
predicación mientras la palabra de Dios no recobre la 
libertad que le corresponde de derecho". 

La prensa liberal, lejos de protestar, inspiraba 
y jaleaba a los gobernantes inicuos. Es de advertir 
que en aquélla mangoneaban y escribían, no solamen- 
te currinches sin seso ni responsabilidad, sino tam- 
bién, y principalmente, muchos primates de las le- 
tras y de la política. Nuevo caso demostrativo de que 
nuestra causa no ha de esperar, como no sea por ex- 
cepción, defensa, ni justicia, ni conocimiento, de par- 
te de sus adversarios, y de que únicam.ente ha de con- 
fiar en el auxilio de Dios, merecido por nuestro es- 
fuerzo y sacrificio. 

Conforme a lo estatuido por la suprema autori- 
dad diocesana, aquel año enmudecieron los tradicio- 
nales y conmovedores sermones de Semana Santa. 

Soler, el centro de los tiros del despotismo im- 
pío, había exclamado: "Mariano me llamo, y he de 
defender los derechos, de María y los derechos del 
matrimonio, aunque me cueste la vida". Y escribien- 
do a Don Fernando Bourdieu, el 19 de Abril, hacía 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



101 



esta valiente protesta: "En este día en que evocamos 
el recuerdo de los 33 atletas que juraron por la patria 
¡libertad o muerte!, juro ante sus cenizas venerandas 
que la amaré mientras Dios esté en mi conciencia y 
su fe divina en mi corazón." 

Sin embargo, se creyó oportuno sustraerle a la 
persecución creciente, al peligro que corría su vida 
misma, y el 9 de Mayo zarpó en el Regina Marghe- 
rita con rumbo a Europa. 

A manera de adiós dirigió al diario católico la 
epístola que a continuación trascribimos: 

"Sr. D. Juan Zorrilla de San Martín. — Pre- 
sente. 

Distinguido amigo: 

Los que saben cuánto amo a esta patria ya 
sospecharán cuánto siento separarme de ella en tan 
aciagas circunstancias, con las que no creo que ha 
de castigar Dios indefinidamente a nuestro pueblo; 
pero llévame a Roma, no sólo el deseo de traer a mi 
hermano, bastante delicado de salud, sino principal- 
mente el mejor servicio de la Diócesis en las actua- 
les necesidades, con ocasión, sobre todo, de la ley de 
matrimonio civil, próxima a sancionarse [se le puso 
el cúmplase el 22 del mismo mes de Mayo], como- 
quiera que, entre las prescripciones de la S. Peniten- 
ciaría sobre el matrimonio civil, se ordena que los 
obispos consulten a ese santo tribunal para los. casos 
más graves. Alguien, sin embargo, podría creer 
que siento ausentarme de la patria porque recrude- 
cerán las calumnias e insultos de que estoy siendo 
objeto por parte de los perseguidores e insultadores 
de nuestra augusta religión. Pero se equivocan ; por- 
que, así como no existe timbre más glorioso para el 



102 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



catolicismo que tener los enemigos que tiene, tam- 
poco podía yo aspirar a mayor honra que merecer los 
insultos y diatribas de personas cuya honorabilidad 
todo el mundo conoce . . . Gracias a Dios y en home- 
naje a la santa causa que defiendo, sé levantar mi co- 
razón y colocarlo muy por encima del recurso de la 
infamación, para que sus tiros pasen por debajo de 
él sin herirlo ni mancharlo. Para estas ocasiones es- 
pecialmente es que sirve de una manera admirable 
el cuotidiano súrsum corda de la Iglesia . . . 

i Que los enemigos de la religión me odian! Lo 
tengo a grandísimo honor. Ya nos lo había predicho 
Jesucristo: "Seréis aborrecidos por causa de mi nom- 
bre." Mis enemigos se han creído que soy persona 
influyente y por eso han puesto en práctica esta re- 
comendación masónica de la Instrucción Secreta: 
"Debilitad al hombre influyente a fuerza de ma- 
ledicencias y calumnias". Y aunque &e ha dicho 
que debe temerse la calumnia, porque de la ca- 
lumnia algo queda; y, según la máxim.a profesada por 
la Masonería en el documento citado, una calumnia 
bien inventada basta para matar moralmente a un 
hombre, debo confesar que aun ese algo lo desprecio ; 
ni me aterro, porque para todo cristiano padecer por 
Jesucristo es gran lucro, reputando todo lo demás por 
una bagatela. Más todavía: puedo declarar, con el 
mismo apóstol de las gentes, que deseo ser anatema 
por mis hermanos en la fe. Padecer por la religión 
que profesamos es una gloria, es un consuelo ; es más 
aún: es un honor para el cristiano. Soy de V. afmo. 
S. S. y C. — Mariano Soler. — Montevideo, 7 de Ma- 
yo de 1885." 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



103 



El viajero - 

Una vez evactiados los asuntos que le llevaban 
a Roma, y mientras se desbravaba el encono de los 
enemigos que había dejado en la patria, realizó por 
diversas comarcas una larga expedición de casi tres 
años. 

Esto nos brinda oportunidad para considerarle 
en uno de sus aspectos más característicos: el de 
viajero. 

Visitó gran parte de Europa, Asia, Africa y 
América, 

¿ Con qué fin y con qué espíritu ? 

El mismo nos lo va a decir : 

"Yo había soñado viajar por el mundo y de- 
seaba conocer la humanidad prácticamente. Viajar 
por el Oriente y por Occidente y recorrer ambas Amé- 
ricas era para mi alma el más hermoso ideal . . ." 

Por tierras del Oriente 

"Un viaje a Palestina y a Grecia, a Egipto, al 
Asia Menor, un viaje a Oriente, formaba desde tiem- 
po atrás el ideal de mi predilección. 

i Cuántas veces transportado en alas de mi ima- 
ginación había besado el Sepulcro de mi Redentor, 
mojado mi frente en laa aguas del Jordán y seguido 
a Jesús, unas veces por la vía dolorosa, y otras por las 
montañas de Judá y las campiñas de Galilea! 

¡Cuántas veces se había mecido mi fantasía en 
las ondas del Archipiélago, fecundo en victorias, en 
maravillosas leyendas y en ilustres naufragios, ora» 
siguiendo las huellas de las galeras de Eneas, de los 



104 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



trirremes de Temístocles y Conón, ora atravesando 
ese mar de negras olas, de que habla Homero 

Nuestra educación, tanto por su parte clásica, 
como cristiana, nos conduce irresistiblemente al Orien- 
te; y esta patria común de las religiones, de las ar- 
tes y del pensamiento, se convierte, a despecho de 
nuestro amor por el suelo natal, en la verdadera 
patria de nuestros espíritus. 

Pero cuando la peregrinación al Oriente se me 
presentó bajo una forma concreta, entonces se apo- 
deró de tal modo de mi imaginación, que Jerusalén 
se me presentaba encantadora y bella, veía pasar 
ante mis ojos la nevada cumbre del Hermón, las poé- 
ticas siluetas del Parnaso y del Olimpo, la Acrópolis 
de Atenas, las palm.eras del Jordán y las pirámides de 
Egipto. 

Quise ver y vi. Y doy gracias a Dios porque 
bendijo mi peregrinación y me hizo sacar de ella 
más fruto que el que yo mismo esperaba . . . 

Jamás olvidaré el viaje a Oriente, ese gran mu- 
seo de los( siglos. Egipto, Palestina, Siria, Fenicia, 
Asia Menor, Grecia, Tracia, Alejandría, Menfis, Te- 
bas, Jerusalén, Tiro, Sidón, Heliópolis, Damasco, Efe- 
so, Troya, Atenas, Corinto, Maratón, Salamina, Cons- 
tantinopla, han grabado en mi alma recuerdos e im- 
presiones que llevaré hasta el fondo del sepulcro . . . 

La curiosidad que me llevó a Oriente fué menos 
la de los sentidos,, que la de la inteligencia . . . me pro- 
puse instruirme más bien que recrear el espíritu . . . 

Seré lo más impersonal que me sea posible, pues 
estoy convencido que los detalles y particularidades 
nimias carecen de verdadero interés para el públi- 
co. 




El primer Arzobispo de Montevideo en el Oriente 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



105 



Y no se crea que renuncio a ellas porque me 
hayan faltado en el viaje peripecias! fáciles de explo- 
tar en la narración. Iba un día a visitar las ruinas 
de Corinto, y el tren que nos conducía a este lugar 
se destrozó completamente, dando muerte a varias 
personas, inclusos los maquinistas. ¿Por qué no fui 
víctima yo también? Por una feliz casualidad: diez 
minutos antes del descarrilamiento se le ocurrió al 
dragomán o guía que me acompañaba bajar a almor- 
zar en la estación inmediata, contra toda mi inten- 
ción, pues hubiera querido hacerlo poéticamente so- 
bre las ruinas de Corinto, a la sombra del templo de 
Neptuno; pero el dragomán tenía que cargar con las 
viandas y quiso librarse de esta incomodidad . . . 

Una tarde partíamos de Betulia con dirección al 
Tabor. Por habernos demorado algo en Nafm, tuvimos 
que hacer la ascensión de la montaña ya de noche. 
Al llegar al convento latino que está en la cumbre, 
los religiosos nos recibieron llenos de estupor. Pre- 
guntada la causa, nos dijeron que habíamos corrido 
peligro de la vida, porque en el bosque que debimos 
atravesar existen leopardos . . . 

Yo deseaba ver a Jerusalén, no sólo, por expe- 
rimentar las dulcísimas emociones que produce la 
contemplación del lugar en donde se realizaron los 
misterios de la Redención humana y que no re pueden 
experimentar en otra parte ; no sólo por visitar el San- 
to Sepulcro, ideal de todo cristiano que viaja al Orien- 
te. . . sino también para encontrar una luz más dis- 
tinta sobre los hechos, las palabras y el espíritu de la 
Sagrada Escritura; y has'ta para retemplar la fe de 
nuestra alma, porque, si es verdad que no la infunde 
al que no la tiene o la ha perdido, la contemplación 



106 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



de los santos lugares la aviva y la fortifica en el que 
ya la posee ; como la visita de las pirámides aumenta 
la admiración por el pueblo que las construyó, y la 
del Partenón perfecciona el ideal que del arte grie- 
go habíamos concebido. 

Además el conocimiento de los diversos pueblos 
del Occidente no satisface la necesidad que tenemos 
de contemplar la humanidad bajo más de un aspecto. 
Las naciones europeas no son más que variedades in- 
significantes de un mismo tipo. 

Los rasigos que distinguen al español, al francés, 
al alemán, al inglés, o al holandés, son nada al lado 
de los puntos de contacto y semejanza, en cuya vir- 
tud cada uno de ellos es ante todo un europeo. De 
Nápoles a Edimburgo, de Copenhague a Madrid la 
sintaxis latina, las Instituciones y las Pandectas cons- 
tituyen el fondo común de la educación . . . 

No puede uno formarse una cumplida idea del 
■genio y espíritu del inquieto Occidente hasta no te- 
ner un punto de comparación en ese Oriente inmóvil, 
que conserva, en sua tradiciones y en sus costumbres, 
el recuerdo inalterado de las edades primitivas, como 
conserva las momias de sus reyes en las necrópolis de 
Menf is y de Tebas . . . 

En efecto: el Oriente es el país del pasado. . . 

La historia no puede ser mejor estudiada y com- 
prendida que en esos países donde los pueblos no se 
encuentran, como en Europa, en el siglo XIX, sino 
que cada uno ha permanecido en el siglo en que fué 
constituido; de donde resulta al mismo tiempo una 
gran variedad etnográfica. ¡Cuánto placer no da en- 
contrarse en Oriente con usos y tipos de que nos habla 
la historia antigua y la Sagrada Escritura, completa- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



107 



mente desconocidos en la civilización moderna! Aun 
sje ven entre los beduinos y árabes del campo las cos- 
tumbres primitivas , . . 

Por otra parte es innegable que los recuerdos 
y las reminiscencias son preferibles, como más en- 
cantadores para el espíritu que las cosas materiales 
que caen bajo nuestros sentidos. No son los suntuo- 
sos palacios, ni los teatros soberbios, ni los magní- 
ficos pórticos, ni los grandiosos bulevares, ni las po- 
pulosas ciudades, lo que despierta en la mente del 
observador ideas y pensamientos sublimes; todo eso 
puede proporcionarnos un bello espectáculo y satisfa;- 
cer los sentidos. 

Algunas ruinas, un monte, un valle, un campo 
de batalla, una gruta, un sepulcro, un desierto, una 
piedra, una inscripción: he aquí lo que llena el alma 
de entusiasmo, da vuelos al genio y alas ai la imagi- 
nación, recreando al espíritu con purísimos placeres 
y con indecibles emociones. . . 

Palmira sepultada en las arenas del desierto; 
Tebas humillada bajo sus propias ruinas; Babilonia 
y Tiro, perdidas en el polvo de los siglos; Menñs, 
Heliópolis, Atenas, Jerusalén, y tantas otras céle- 
bres ciudades, de cuya antigua magnificencia ape- 
nag queda el recuerdo, despiertan en la mente del 
que las contempla al través de la historia ideas tan 
altas, sentimientos tan conmovedores y emociones 
tan sublimes que no son parte para comparárseles, 
ni siquiera remotamente, las impresiones de Ñápe- 
les, Venecia, Parííi(, Londres ni de ninguna otra ca- 
pital del mundo moderno. . . » 

Para completar estos apuntes, mencionemos to- 
davía dos expediciones del insigne viajero. 



108 



EL PPJMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



A la primera, que efectuó ya Obispo en 1893, se 
refiere en este párrafo: 

"Quizás no lie realizado jamás un viaje más 
bien aprovechado que el presente: en poco tiempo 
muchas cosas buenas y notables. He asistido a dos 
grandes solemnidades, a dos acontecimientos extra- 
ordinarios : el jubileo episcopal de León XIII y el so- 
lemnísimo Congreso Eucarístico de Jerusalén, el más 
grande y notable de cuantos se han celebrado; y en 
el breve lapso transcurrido entre uno y otro he reali- 
zado el viaje más clásico que el más insigne turista 
haya pedido realizar al través de la Asirla) y Caldea 
contemplando sus ruinas monumentales: Nínive y 
Babilonia, Seleucia y Ctesifón, Eridu, Ur, Nippur, 
etc. ¿Cómo podré olvidar esta etapa en los anales de 
mi pobre existencia? En cuanto a conocimientos del 
mundo y de loa monumentos de los grandes imperios 
y edades que nos han precedido, a nadie puedo en- 
vidiar; y como uruguayo soy el único. ¡Vaya esta 
satisfacción intelectual en cambio de tantos sinsa- 
bores ; aunque bastaba con solo Jerusalén, pues ante 
el Santo Sepulcro todas las penas se olvidan y se 
Giente en el corazón una atracción divina." (Carta a 
Don Nicolás Luquese, de Jerusalén, a 24 de Mayo 
de 1893.) 

Los datos escuetos que van a continuación 
sugieren una idea del temple físico y moral de 
nuestro expedicionario. Sin detenerse hizo este 
recorrido : en tren de Roma a Brindis ; de este puer- 
to a Alejandría de Egipto y de aquí a Alejandreta de 
Siria, en embarcación; por tierra hasta Alepo; lue- 
go veintiún días a caballo hasta Nínive, de donde 
bajó por el Tigris en balsa hasta Bagdad; de nuevo 



(DOCTOIl D. MARIANO SOLER) 



lOD 



veinticinco días a caballo, en algunas jornadas diez 
y siete horas, hasta Damaaco ; de esta ciudad en ca- 
rruaje a Beirut; hasta Jafa en vapor y hasta Jerusa- 
lén por ferrocarril. (Véase su Viaje Bíblico por Asi- 
rla y Caldea.) 

Unos años más tarde, arzobispo, arrostró "las 
grandes incomodidades de una continua vida nóma- 
da de treinta y ocho días bajo las tiendas como los 
beduinos del desierto, para recorrer el itinerario in- 
mortal del pueblo hebreo descrito por Moisés en el 
Pentateuco". 

El recuerdo y las enseñanzas de esta travesía 
quedaron consignados en el libro titulado Viaje por 
los Países Bíblicos — excursión — al través de la 
Península Smaítica — de la Arabia Pétrea y De- 
sierta — de la Filistea y del Pats de Moab — por el 
Dr. D. Mariano Soler Arzobispo de Montevideo. 1S97. 

En el Continente Africano - 

La vista de Africa le sugiere las siguientes con- 
sideraciones : 

"¡El Africa! ¿Quién la contempla sin recordar 
la célebre República de Cartago, la rival de Roma, la 
ciudad de Dido, floreciente por su gran comercio, ri- 
ca y guerrera; los esplendores de sus colonias y las 
guerras de Aníbal? Pero, sobre todo, ahí está el 
Egipto, la tierra tan celebrada de los Faraones, re- 
conocida como el antiguo emporio de las ciencias, 
de las artes y de la mitología. Ella tiene la preemi- 
nencia entre las naciones cultas de los tiempos' más 
remotos. 

Esta es la tierra clásica adonde los más grandes 



110 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



personajes de la Grecia, como un Homero, un Pitá- 
goras, un Platón, un Licurgo, y un Solón, fueron 
expresamente a» perfeccionarse en todo género de 
erudición y conocimientos, cuyos depositarios eran 
sus sabios sacerdotes. La misma Escritura la ha ce- 
lebrado alabando a Moisés por haber sido instruido 
en toda la sabiduría de los Egipcios. . . 

Además ¿cómo sería posible pasar con indi- 
ferencia por la tierra de las maravillas, por el país 
que fertiliza el famoso Nilo, que sustenta las Pirá- 
mides y conserva las ruinas de Menfis, Heliópolis, 
Tebas y Elefantina?" 

A través de Europa y de las Am ericas -- 

Despuési de habernos descrito aquellas civiliza- 
ciones sedentarias y exóticas, añade: 

"Además del Oriente y de Palestina, he tenido 
la satisfacción de recorrer las naciones principales 
de Europa, deteniéndome en sus ciudades más nota- 
bles: Londres, Viena, Munich, Nápoles, Milán Vene- 
clíí; Turín, Florencia, París,, Burdeos, León, Madrid, 
Toledo, Sevilla, Zaragoza, Valencia, Granada, Córdo- 
ba, Burgos y otras de alguna importancia; así como 
la América de Norte a Sur, y sus ciudades más im- 
portantes: Nueva York, Filadelfia, Wáshington, Mé- 
jico, Puebla, León, Habana, Santiago de Cuba, San- 
to Domingo, Caracas, Bogotá, Panamá, Guayaquil, 
Quito, Lima, Arequipa, Cuzco, La Paz, Cochabamba, 
Copiapó, Valparaíso, Santiago de Chile, Concepción, 
Mendoza, Cuyo, Córdoba, Santa Fe, Paraná, Buenos 
Aires y las demás ciudades que en mi trayecto ofre- 
cían algún interés histórico o arqueológico, que por 
evitar prolijidad no enumero. 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



111 



He realizado, por tanto, la aspiración más aca- 
riciada de mis ensueños de viajero, contemplando a 
la humanidad bajo las múltiples fases de su situación 
social para poderme formar una idea del estado ac- 
tual del mundo en sus relaciones con la civilización 
y el progreso, y unai síntesis general del problema 
que nos ha de dar la solución del porvenir que nos 
espera, como consecuencia de la época por que atra- 
\ viesan los pueblos en esta etapa de sus destinos pro- 
videnciales. He aquí lo que he ambicionado estudiar 
para darme cuenta del momento histórico en que 
nos encontramos. . . 

América Precolombíana 

La satisfacción más gratamente científica que 
en mi viaje al través* de América he experimentado, 
es la contemplación de los monumentos y antigüe- 
dades de las civilizaciones prehistóricas de los impe- 
rios precolombianos. . . a estos estudios he dedicado 
aparte un trabajo etnológico que denomino Améri- 
ca Precolombíana." (Todo lo citado hasta aquí es de 
la obra Memorias de un viaje por ambos mundos es- 
critas por el Doctor D. Mariano Soler. 1888.) 

"El país de Aonio (Norte América), el Aná- 
hua-c, el Yucatán, el Fetén, Centro - América, el Pe- 
rú y Cundinamarca contienen monumentos que la 
arqueología y etnología americanas llegarán a de- 
mostrar ser tan importantes para la filosofía histó- 
rica de la humanidad, como los más celebrados de 
Egipto, Nínive, Babilonia, Etruria, Grecia y Roma. 
Más de doscientas ciudades cuyas ruinas son gigan- 
tescas, cubren el suelo americano. Los pueblos que 



112 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



las habitaron eran grandes y civilizados, y llegará el 
día en que, evocados de su tumba, reclamen un lugar 
distinguido entre las naciones de la tierra. Palemke, 
Mitla, Copan, Papantla, Mayapán, Cuzco, Pachacá- 
mac, Tiahuanaco, Tenotkilán, Uxmal, Chichen - Itzá 
y otras ciudades prehistóricas de América indígena 
emularán las glorias de Nínive, Babilonia, Susa, Per- 
sépolis, Baalbek, Palmira, Tebas, Menfis, Atenas y 
Roma, i Tiempo al tiempo ! . . . 

Puedo afirmar que he recorrido el mundo ente- 
ro en algo más de tres años, con excepción del extre- 
mo Oriente; y la satisfacción que ha experimentado 
mi alma al realizar esa excursión, podrá ser adivina- 
da, pero es indescriptible. Estoy satisfecho de haber 
conocido a la humanidad en sus ruinas, en sus monu- 
mentos y en £\Us progresos actuales; pero ¿por qué 
no he de confesar también que después de haber con- 
templado tantas grandezas, mi corazón siente aún 
un vacío, el de la inmortalidad de ultratumba, en cu- 
yo parangón son efímeras y vanas las grandezas de 
este mundo? Tenía la ambición de ver y he visto; y 
quizás como pocos; pues en varias partes se me in- 
dicó que era yo el único y primer uruguayo que las 
había visitado, especialmente al tratarse de Amé- 
rica. 

Quizás conservo con exagerada satisfacción el 
recuerdo de mi viaje por ambos mundos; pero la sa- 
tisfacción moral y científica que se experimenta al 
contemplar las ruinas- colosales que han dejado a su 
paso las sociedades humanas, es muy grande, es im- 
borrable en tan alto grado como es indescriptible. 
"Aquí vivió un gran pueblo". Y decirlo ante sus 
ruinas es conmovedor; es más aún: ¡es sublime! 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



113 



En verdad que el pi¿ar las tumbas de las generacio- 
nes que fueron, agiganta el alma y el corazón, aun- 
que sean de un pigmeo como yo. 

La humanidad es grande, porque al través de 
los siglos marcha hacia la inmortalidad. 

¡Hasta el castigo providencial de los grandes 
imperios y de las grandes razas en su caída, son la 
glorificación de la Providencia y una lección augus- 
ta para las generaciones que se suceden. Dios y el 
hombre: he aquí los factores del progreso y de la ci- 
vilización de los pueblos. He visto a Dios en todas 
partes y al hombre en ambos mundos. Estoy satis- 
fecho. ¡Esa era mi aspiración!" (Del libro Las rui- 
nas de Palmira con ocasión de una excursión arqueo- 
lógica profano - sagrada por ambos mundos por el 
Dr. Mariano Soler, Pbro. 1889.) 

El escritor -- 

Este incansable viajero fué también un incan- 
sable escritor. 

La época de sus estudios lo fué de preparación 
a este ininterrumpido ministerio y apostolado de la 
pluma, de la que él tenía pensado valerse para ex- 
poner con limpidez, defender con eficacia y propagar 
a todos lo vientos la verdad católica. 

En La Bibliografía de Monseñor Soler ordena- 
da por D. Arturo E. Xalambrí sus obras, excluidas 
las que no han tomado forma de libro, suman ciento 
veintiuna. 

El motivo dominante de esta inmensa produc- 
ción literaria nos lo indica el autor mismo en un dis- 



7 — Editorial. 



114 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



curso publicado en Ensayos de una pluma (1877) 
con el título de "Influencia del catolicismo en la ilus- 
tración y progreso científico" y pronunciado en el 
Club Católico en 5 de Mayo de 1876: 

"Empiezo, dice, por reclamar vuestra indulgen- 
cia si al tener el honor de dirigirosí la palabra pare- 
ce ser mi tema obligado progreso y civilización por 
el catolicismo y según el catolicismo. Y me habéis 
de disculpar. . . porque tengo, señores, profundas, ín- 
timas convicciones, y el derecho sagrado de realizar- 
las por todos los medios posibles a mi alcance, de que 
esa institución dignifica las sociedades y las conduce 
con gloria y honor a la verdadera civilización, que es 
el destino y patrimonio sublime del género humano 
sobre la tierra. . . Y mi alma se ha extasiado ante es- 
te sublime espectáculo. Y entonces juré por amor a 
mi patria querida ser obrero incansable de su civi- 
lización y progreso en la escuela del catolicismo." 

Cuanto a la forma literaria, oigamos a Zorrilla 
de San Martín, que sie expresa sobre el particular 
conforme a verdad y con la animada originalidad 
con que él solo sabe hacerlo! 

"Con ser, como lo es, un notable y fecundo es- 
critor, el arzobispo uruguayo no es un grande orador 
como pudiera serlo; au palabra en público no es dó- 
cil a su pensamiento, no se identifica con él sincera- 
mente; se rebela, se va. Su cuerpo no habla; el ca- 
lor del alma lo enfría como una evaporación. La pa- 
labra no tiene en él, por otra parte, más destino que 
el de expresar ideas, nunca el de agradar o conmo- 
ver; él pide a la palabra humana sólo un sentido, 
siendo así que tiene también un alma; él le exige 
que transmita sólo el pen^^amiento, siendo así que 



(DOCTOR D. MAklANO SOLÉR) 



115 



también puede transmitir la pasión, es decir, la emo- 
ción orgánica que acompaña el nacer de los pensa- 
mientos nobles, y que se propaga, por simpatía, en 
los organismos predispuestos a reproducir el estre- 
mecimiento inicial. 

Esto es arte, y el gran prelado uruguayo no es 
artista: es un pensador y un obrero, un claro enten- 
dimiento y una gran voluntad; no es un organismo 
vibrante. Absorbido en la belleza de la verdad, y 
lleno de fe en ella, no la tiene tanto en la verdad de 
la belleza en sí misma, ni en su eficacia moral. Si la 
busca, la buqca sólo como medio ; y ése es el modo de 
no encontrarla jamás." 

En este aspecto también se parece a Balmes, con 
el que tiene tantos rasgos comunes. Tampoco el in- 
mortal filósofo de Vich atinaba con la forma esté- 
tica, si bien sus páginas son maravilla de solidez, 
orden y claridad. 

Esto en lo que atañe a la elocución y estilo de 
sus obras. ¿Qué diremos acerca de la novedad del 
contenido? Se le ha acusado de transcribir a veces 
hojas y hojas de otros autores. Respondamos a esto. 
Lo que le importa a él, la preocupación que le ava- 
salla y absorbe, no es el que le califiquen de creador, 
de escritor original, sino el presentar reunidos y or- 
denados, procedan de donde procedan, los principios 
católicos, los elementos de apología, los argumentos 
de defensa de la religión que le parecen oportunos, 
valederos y eficaces. Así como el bodeguero con la 
uva de la propia viña y con la adquirida elabora un 
vino generoso, aquel que, según el salmo 103, "albo- 
roza el corazón del hombre", así él con lo personal- 
mente discurrido, que a menudo es exquisito y ge- 



11& 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



nial, y con lo tomado de los otros, compone sus doc- 
tos tratados, que con frecuencia valen una biblio- 
teca. 

No cabe aquí enumerar ni mucho menos anali- 
zar los escritos de este eximio apologista. Hemos 
aludido al catálogo de ellos trabajado por Xalambrí. 
Nos proponemos, una vez publicados estos apuntes 
biográficos, dedicarnos a formar una antología so- 
leriana, entresacando de cada uno de los libros la 
página más atrayente y nuclear. Resultará un volu- 
men, o dos. Y así podrán todos, sin arredrarse por 
lo abultado de ella, conocer y disfrutar, en lo subs- 
tancial, la obra del infatigable obrero de la pluma. 

Recordemos para concluir, que nuestro primer 
Arzobispo suspiró siempre por la quietud de una cel- 
da claustral, donde estudiar, meditar y escribir sin 
descanso. Distintos fueron los designios de la Pro- 
videncia. Pero en medio de la brega cotidiana reali- 
zó una producción admirable por cantidad y mérito. 

Según veremos más tarde, en el año 1904 pre- 
sentó a la Santa Sede renuncia del Arzobispado, y 
al suplicarle a Monseñor Luquese, a la sazón en Ro- 
ma, que gestionara eficazmente la aceptación de tal 
renuncia, advierte que si, enfermo, no puede aten- 
der debidamente su arquidiócesis, retirado a la vi- 
da privada, le será posible escribir algún folleto en 
pro de la buena causa. 

¡Siempre, a vueltas de su invencible humildad, 
la preocupación del apostolado de la pluma! 

Este es el momento de recordar también cuan- 
to le debe la prensa cotidiana en nuestro país. 

Al volver de sus estudios romanos encontró el 
periodismo católico representado por El Mensajero 



lUOCIOR D. MARIANO SOLER) 



117 



del Pueblo, bisemanario religioso, literario y noti- 
cioso de ocho páginas (30 X 20) y folletín suelto, 
dirigido por el Pbro. D. Rafael Yéregui y editado por 
imprenta propia, sita en la calle Buenos Aires, esqui- 
na a la de Misiones. 

Era un valiente defensor de la causa, por la 
cual combatió sin tregua desde el 1.' de Enero de 
1871 hasta el 31 de Octubre de 1878. 

Pero se hacía indispensable un diario católico 
moderno, ágil, interesante. 

Con tal órgano periodístico soñaba el Dr. Soler. 

Y Dioa, que le había inspirado la idea, le deparó el 
hombre para realizarla. Allí estaba, en la mañana 
radiosa de su genio, el hombre del arte, de la patria 
y de la fe. el Dr. Zorrilla de San Martín. 

Y el 1." de Noviembre de 1878 a El Mensajero 
del Pueblo sucedía El Bien Público, que hoy lleva vi- 
vida una epopeya de cincuenta y siete años. 

Al festejarse en Villa Colón el primer aniversa- 
rio de la hoja católica, si el Dr. Soler manifestaba su 
alborozo en alocución entusiasta, los prestentes acla- 
maban unánimes en él al creador de El Bien Público. 

Hacia la plenitud del sacerdocio -- 

De vuelta de su largo viaje a Europa y al Orien- 
te y a lo largo de América, llegó a Montevideo el 8 de 
Marzo de 1887. 

Todo el catolicismo uruguayo se conmovió. Más 
de cien caballeros, en un vaporcito cedido por Lus- 
sich, fueron a recibirle a bordo del trasatlántico. 

Y se escribió de él entonces/. "Ya está entre nosotros 
el maestro, el amigo, el soldado de la buena causr 



118 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



Ahora a trabajar: ésa es su consigna, su única as- 
piración como católico y ciudadano." 

No necesitamos encarecer con qué heroica fide- 
lidad cumplió tal programa. 

Entre tanto el orbe entero se disponía a cele- 
brar, el 31 de Diciembre de 1887, el jubileo sacerdotal 
de oro del Sumo Pontífice León XIII, lumen in ocelo, 
astro de primera magnitud en la espléndida conste- 
lación de loa sucesores de Pedro. Naturalmente, en 
Montevideo también se designó una Comisión Dio- 
cesana para el efecto. 

Una delegación enviada por ésta a la Ciudad 
Santa y presidida por el Dr. Soler, a quien acompa- 
ñaba D. Demetrio Piñeiro, zarpó de Montevideo el 
día 4 de Diciembre. 

Los embajadores del Uruguay católico aporta- 
ban $ 15.000, allegados por suscripción, para el óbo- 
lo de San Pedro. Llevaban asimismo como obsequio 
al Padre común de los fieles, un preciosio objeto de ar- 
te, consistente en un trofeo, de 0.40 X 0.18, de oro 
y plata oxidada y sobredorada, con una ágata mag- 
nífica en el centro. Colaboraron en esta alhaja Agusti- 
nelli, que trazó el diseño; el artista nacional P"'elipe 
Moreau, que lo ejecutó magistralmente ; el uruguayo 
Ramón Pilissio, que esculpió el estuche de ébano; la 
Srta. Concepción Carbonell, que efectuó el adorno in- 
terior de la caja. 

Los peregrinos fueron recibidos en audiencia 
particular el 17 de Enero de 1888. El Soberano Pon- 
tífice los colmó de paternales atenciones, y el Dr. 
Soler pronunció un sentido discurso al entregar al 
^adre Santo los dones de sus hijos. 

Al cabo de un año, el lí> de Enero de 1889, ha- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



119 



Hamos de nuevo en Montevideo al viajero, a quien 
hemos visto alternar de continuo las fecundas ex- 
cursiones a través del mundo con el apostolado en 
la patria. 

El día 20 El Bien publica en su elogio un ar- 
tículo en que se lee: "Su llegada es un verdadero 
acontecimiento, tanto para el clero como para el lai- 
cisjno católico." 

Y por eso los amigos le rinden solemne homena- 
je, ofreciéndole el 26 en el Club Católico un banque- 
te, en el que el Obispo Diocesano, limo. Sr. D. Ino- 
cencio María Yéregui, se levanta a pregonar los mé- 
ritos del festejado. 

Este, sin quitarse las sandalias del caminante, 
reanuda sus tareas. 

Circula en aquellos días una invitación a una 
asamblea en el Club Católico, en la que, se dice, "el 
Pbro. Dr. D. Mariano Soler presentará un proyecto 
de importancia para la causa católica." 

Se trataba de la celebración de un Congreso 
Católico, el primero uruguayo, con carácter de adhe- 
sión al Romano Pontífice y con el fin de remediar 
\oz males del momento histórico. 

La iniciativa, merced a la actividad intrépida 
de su autor, fué en breve estupenda realidad. El Con- 
greso, celebrado en los días 28, 29 y 30 de Abril de 
1889, constituye un capítulo glorioso en los anales 
de la Iglesia Uruguaya. 

De aquellas £;esiones salió la organización de 
los nuestros en la Unión Católica del Uruguay, te- 
ma desarrollado por la elocuencia de Don Francis- 
co Bauza. 

La enseñanza religiosa fué el argumento, de 



120 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



permanente trascendencia, desarrollado por el Dr. 
Soler. Por moción de Don José María Carafí, la asan; - 
blea tributó a éste una delirante ovación. 

En 10 de Mayo próximo vió, con dolor de su al- 
ma generosa, como fallecía en el destierro de Buenos 
Aires el general Santos, el enemigo implacable que 
tanto daño le había causado a él, y, lo que él más de- 
ploraba, a la santa Madre Iglesia. 

Mientras ratificaba su perdón al desdichado y 
anhelaba que su impenitencia final hubiera sido só- 
lo aparente y le encomendaba a la infinita miseri- 
cordia de Dios, seguía incansable trazando nuevos 
planes y realizando nuevas obra? de bien. 

En 30 de Junio presenta con Don Francisco 
Bauzá a una asamblea de quinientas personas con- 
gregadas en el Club Católico el proyecto de erigir 
al Sagrado Corazón de Jesús un templo nacional, del 
costo de no menos de un millón de pesos. 

Al propio tiempo reasume la dirección del Liceo 
Universitario. 

Y el i de Agosto vuelve a ocupar su antigua 
cátedra del Club Católico para proseguir aquella se- 
rie de sólidas conferencias apologéticas que form.an el 
substrato de sus numerosos libros. 

El catálogo de éstos se enriquece con dos nuevas 
producciones en aquel año de 1889: Las órdenes mo- 
násticas y religiosas y Teosofía. El último, cuyo tí- 
tulo se toma en el sentido de filosofía de la' religión, 
había de ser, en la intención del autor, el recuerdo 
dejado a sus compatriotas al partir él para el 
claustro. 

Hacía largos años que le asediaba el anhelo de 
la celda. Es mi clara vocación, pensaba: mi carácter. 




Ijílesia Parroquial de San Carlos 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



121 



mi escafa afición al trato de los hombres, mi incli- 
nación al estudio y a la lucubración, mi devoción a 
los Santos Lugares, todo me está llamando a la sole- 
dad religiosa, todo está pidiendo para mí el sayal de 
los hijos de San Francisco de Asís. 

Avasallado por esta idea, y resuelto a cortar to- 
da dilación, se dirigió el 1.» de Febrero de 1890 al 
palacio del Obispo a presentar la renuncia del cargo 
de Vicario General. 

El limo. Sr. Inocencio María Yéregui se hallaba 
en su escritorio rezando el oficio divino con su secre- 
tario Don Nicolás Luquese. Este observa de pronto 
que el Prelado se demuda, lleva una mano al corazón 
y exclama: "¡Me muero! ¡Me muero!" Acude el Dr. 
Soler y ayuda a conducir al lecho al enfermo. Poco 
después, a las 9 Vi, p. m., expira aquel mártir de la 
persecución brutal, rodeado de sus familiares y con- 
fortado con loa auxilios de nuestra Santa Madre 
Iglesia. 

El P. Ramón Morel, Rector de la Casa de la Com- 
pañía de Jesús en Montevideo, se volvió al Dr. Soler 
y le dijo: "No hay tal vocación religiosa. Ahora lle- 
gará un telegrama de Roma con esta orden: Soler, 
Gobernador Eclesiástico. Y después, Obispo." 

Todo se cumplió a la letra. Antes de terminar el 
año se recibió en la Capital un cablegrama redacta- 
do en los términos siguientes: "Roma, Noviembre 
22 de 1890. Encargado de Negocios a S. E. el Sr. Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores. Montevideo. Mon- 
señor Irazusta me encarga comunique a V, E. que 
Monseñor Soler ha sido nombrado Obispo de Mon- 
tevideo." 

El, sin embargo, insistió en sus antiguos pro- 



122 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



pósitos, atribuyendo la nueva responsabilidad con 
que la obediencia le agobiaba a castigo de Dios por 
su tardanza en seguir la vocación. 

Y el 5 de Diciembre se embarcaba para poner en 
manos del Papa la renuncia y embarcarse para Je- 
rusalén. 

Celo vigilante y sin fronteras -- 

Antes de pasar a estudiarle como Obispo, consi- 
deremos cómo este hombre extraordinario, que ha- 
bía visitado tan considerable parte del mundo, des- 
de su rincón de estudio abarcaba todo el orbe con la 
mirada de su espíritu, buscando anheloso el punto 
y la ocar,ión de promover una idea, de suscitar una 
obra en bien de la Iglesia y de la sociedad civil. 

Comprobaremos esta afirmación con algunos he- 
chos poco o nada conocidos de su vida. 

Sigamos el orden cronológico. 

En 22 de Septiembre de 1884, escribió según 
anotación autógrafa fuya, al Dr. Nevares de Buenos 
Aires exhortando a nuestros correligionarios de allen- 
de el Plata a formar "una posición holgada e inde- 
pendiente" a D. José M. Estrada, el "héroe abnegado 
de la causa católica", a título de Director de La Unión, 
"para no herir su modestia". 

En nombre de los católicos chilenos persegui- 
dos, se dirige a él, con fecha de 5 de Enero de 1885, 
Don Ramón Ricardo Rozas, agradeciéndole efusiva- 
mente los sabios consejes y las fraternales palabras 
de aliento con que lea ha levantado el espíritu en 
aquellos angut:ticsos trances. 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



123 



Desde Roma, a 8 de Febrero de 1888, envía a 
El Tiempo, de Méjico, un artículo al que pertenecen 
los siguientes párrafos: 

"Es necesaria para el Continente Americano, 
destinado a ser la gloria de la democracia cristiana, 
la Liga Católica de la América Latina, la unión de 
las asociaciones y de la prensa religiosa, como lo exi- 
gen y facilitan los vínculos históricos, los de raza, 
de religión, de usos y costumbres y hasta del carác- 
ter y del genio, como también la identidad de sus 
destinos, peligros y necesidades. 

A la liga del mal hay que oponer la liga del bien ; 
a la liga liberal la liga católica. La santa alianza, la 
cruzada moral de los católicos americanos, es indis- 
pensable porque será salvadora; los esfuerzos aisr- 
lados son ccmo los eslabones de una cadena rota y 
como un ejército sin disciplina ; ni aquélla resiste con 
fuerza, ni éste sostiene el combate, por más numero- 
so que sea. La unión de las asociaciones católicas es- 
trechará las relaciones fraternales y engendrará en- 
tusiasta emulación para la gran lucha moral y social 
que deben sostener con bríos siempre crecientes. La 
liga de la prensa católica será a su vez la voz ge- 
neral de alerta en todo el campo católico para dirigir 
con uniformidad la defensa, defender de calumniosas 
acusaciones al catolicieono y a sus defensores, re- 
velar los flacos del campo enemigo y comunicar los 
recursos con que deben contar los católicos para ob- 
tener la gran victoria, reivindicando para el catoli- 
cismo el puesto de honor que debe tener en los desti- 
nos de la sociedad". 

En 7 de Septiembre de 1890, redacta un escrito 



124 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDLIO 



dirigido "al Excmo. Señor Deodoro da Fonseca, Je- 
fe de los Estados Unidos del Brasil", cuyo original, 
todo de su mano, se conserva en el archivo de la Cu- 
ria Eclesiástica de Montevideo y que él mismo ti- 
tula así : 

"Carta de un amigo de la República y admirador 
del Generalísimo". 

De ella extractamos lo que sigue: 

"Todos los demócratas de América y del mundo 
civilizado han aplaudido sinceramente y saludado con 
admiración el surgir de súbito una gran República 
en el hermoso y vasto Brasil; y, lo que es más, rea- 
lizarse tan magna transformación de la manera mris 
rápida, acertada e incruenta de cuantas registra la 
historia política de los pueblos antiguos y modernos. 
Pero también todos han saludado en el Generalísimo 
al héroe y protagonista de tan gloriosa jornada y de 
tan hábil y trascendental golpe de Estado, pasando 
su nombre a la posteridad con los lauros del Wás- 
hington brasilero. . . 

¿Y cuáles han de ser entonces los votos de to- 
dos los demócratas sinceros? Que V. E. no deje caer 
lo que tuvo la gloria de fundar. 

Ahora bien; el que tiene el honor de dirigirse 
a V. E. es un demócrata uruguayo, que cree ser eco 
fiel de esos votos, y a quien cupo la satisfacción de 
anunciar el advenimiento de esa República menos de 
un año antes de ser proclamada, con ocasión de pa- 
sar V. E. por las aguas de Montevideo, de regreso de 
Corumbá . . . 

He dicho que V. E. no deje caer lo que tuvo la 
gloria de fundar, y lo repito ante el rumor de un gran 



.DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



125 



peligro político y social, promovido por la actitud de 
consejeros que quizá no escuchan leal y desapasio- 
nadamente lasi inspiraciones del genio de la libertad, 
que es el alma de las Repúblicas y la vida de las de- 
mocracias . . . 

V. E., que tuvo la gloria de hacer rodar a sus 
pies ese Imperfo, débil espantajo de formas carcomi- 
das, no permita se dé el más mínimo pretexto de que 
se considere perseguida por la libertad la religión na- 
cional y las creencias religiosas . . . 

No ignora V. E. que, sin ser víctimas de ningún 
fanatismo. Platón en la Política y Cicerón en los De- 
bereá declaran ser la religión el fundamento de las 
Repúblicas; y la razón es bien obvia: las masas po- 
pulares sin religión son reclutas para las. demago- 
gias, mas no ciudadanos aptos para la democracia; 
y esto hasta el punto de que Voltaire afirmase ser 
preferible la misma superstición en el pueblo a la 
falta de religión. 

V. E. inspirándose en los dictámenes de una sa- 
bia y alta política hará imposibles [los temores y 
peligros de restauración monárquica] con sólo de- 
mostrar que la Iglesia puede gozar de mayor liber- 
tad con la República que con el Imperio, comoquiera 
que para la Religión Romana las formas de gobier- 
no le son igualmente aceptables, según su doctrina 
dogmática. . . 

En cuanto al nombre del que estas líneas escri- 
be, no hace al caso, suprimiéndolo de intento para evi- 
tar toda sospecha de adulación; aunque sí puede ase- 
gurar con toda imparcialidad que es Un Admirador del 
Generalísimo". 

En 16 de Noviembre del mismo año de 1890, sien- 



126 



El primer ARÍOUISPO DE MONTEVIDEO 



do Gobernador Eclesiástico de la Diócesis de Monte 
video, en sede vacante, f;e dirige a Don Marcelino Me- 
néndez y Pelayo exponiéndole uno de los proyectos 
que brotaban de su mente siempre en actividad. 

Comienza a>sí: "A título de descendiente de Es- 
pañoles y admirador de las glorias de la madre pa- 
tria, complázcome desde esta lejana República en ren- 
dir homenaje y tributar sincero aplauso al genio y al 
talento que Dios se ha servido darle, sin duda alguna 
para que los ponga al servicio de su santa causa y 
con cargo de exigirle por sus dones estrecha cuenta". 

Observa que falta un texto didáctico de filosofía 
de la historia e historia de la civilización. Agrega que 
en los programas de estudios no se da cabida a esta 
materia, indispensable ,dice, "para que el joven salga 
de nuestras Universidades dotado de un recto criterio 
acerca del hombre y de la sociedad y de los destinos 
de la civilización". 

Y concluye que Menéndez y Pelayo es el maestro 
destinado a escribir tal obra en sentido católico. 

El inmortal polígrafo le contesta desde Santan- 
der, en larga carta que se guarda autógrafa en el ar- 
chivo arquidiocesano. Agradece, confundido, los elo- 
gios del insigne Prelado, y añade: "En el estado ac- 
tual de los estudios históricos, que tan profunda 
transformación han recibido en nuestro siglo, es tal 
la masa de investigaciones previas que habría que 
hacer, que resultaría corta la vida de cualquier hom- 
bre para llegar a la síntesis suprema. El genio de 
San Agustín y el de Bossuet pudieron, con los mate- 
riales relativamente escaí^os que existían en su tiem- 
po, levantar monumentos imperecederos, pero no ca- 
bales ni definitivos." 



(DOCTOR b. MARIANO SOLER) 



127 



El, por su parte, declara que, en campo tan vasr 
to, ha concretado su investigación a la historia lite- 
raria y científica de España; mas no excluye que, 
brindándose la oportunidad, pueda aportar su piedra, 
"aunque chica", al grandioso edificio que el Prelado 
uruguayo desea construir. 

En 5 de Agosto de 1892, en nota al Excmo. Sr. 
Dr. D. Juan Zorrilla de San Martín, Minisitro Pleni- 
potenciario y Enviado Extraordinario de la R. O. del 
U. ante el Gobierno de S. M. C, se expresa en los si- 
guientes términos, iluminados a ratos por vislumbres 
prof éticas : 

"Mi estimado amigo: He tenido el honor de ser 
Invitado para tomar parte en las deliberaciones del 
próximo Congreso Jurídico Ibero - Americano que se 
celebrará en Madrid, pero tengo el sentimiento de no 
poder asistir, en cuyo sentido he contestado al Sr. 
Secretario. 

Ahora bien: el gran interés que me hubiese mo- 
vido a asistir es el deseo de proponer al Congreso un 
proyecto de arbitraje internacional, en la persona del 
Papa, proyecto que encomiendo a su ilustración y 
buen tino. 

En artículo segundo del programa de ese 
Congreso se indica: Bases, conveniencia y alcance 
del arbitraje internacional para resolver las cuestio- 
nes, que surjan o estén pendientes, entre España, 
Portugal y los Estados Ibero - Americanos. Forma 
de hacer eficaz este arbitraje. 

Pues bien; ¿no cree Vd. que, ain entrar en otros 
pormenores, podrían formularse como aceptables las 
dos conclusiones siguientes? 



128 



EL PRIMEPv ARZOBISPO DE MONTEVIDCv) 



1. 'í Necesidad para la sociedad moderna de un 
árbitro internacional para librar al mundo de una 
paz y de una guerra igualmente ruinosas. 

2. ' La única persona a quien por su autoridad 
indiscutible y su situación "sobrenacional" conviene 
la misión de arbitraje, es el Papa. Está claro que el 
Congreso Jurídico Ibero - Americano no podría resol- 
ver esta cuestión trascendental con la amplitud in- 
dicada, pero la puede preparar proclamando el arbi- 
traje del Papa para las cuestiones internacionales 
que surjan entre España y Portugal y las Repúbli- 
cas Ibero - Americanas ; lo que sería ya un gran paso 
para la solución' completa. 

Lanzo la idea; y si tengo la fortuna de que Vd. 
la recoja y proponga al Congreso, quizás se abra ca- 
mino. 

i Y qué conquista, amigo mío, sería ésta para la 
civilización moderna! Si se consideran las condicio- 
nes actuales de la Europa armada, los gastos inmen- 
sos de guerra; si se consideran las disidencias pro- 
fundas que dividen a las naciones, las rivalidades, 
las pretensiones, las ambiciones en que se inspiran 
los Gobiernos, el buscar un medio o un remedio cual- 
quiera que ponga término a aemejante estado de co- 
sas es hoy el propósito más oportuno y más necesa- 
rio de los publicistas y estadistas que se preocupan de 
los destinos de la Sociedad moderna. ¡Y qué gloria 
no sería para el Congreso Jurídico promover tamaña 
solución internacional ! 

A un solo hombre conviene la misión de Arbi- 
tro, uno solo es el que la Historia y la Política seña- 
lan como capaz de representar el derecho de gentes 
y el de revestir su autoridad. Este hombre es el Pa- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



129 



pa: el Papa, a quien los fieles de todas las naciones, 
de todas las lenguas! rinden igual acatamiento, y a 
quien los no creyentes reconocen imparcialidad, y 
para quien todos los pueblos son igualmente caros, 
siendo el único superior a toda» sospecha. . . 

Las dificultades de la política internacional ha- 
cen evidente y harán urgente la necesidad de reco- 
nocer la suma potestad moderadora de los Papas en 
las cuestiones internacionales, tanto europeas como 
americanas. . . 

El militarismo es hoy representante de la fuer- 
za bruta como ley única de las relaciones entre los 
Estados, y los impele a una guerra semejante a la 
cual no habrán visto los siglos pasados: millones 
de soldados, de ejércitos armados con el mayor per- 
feccionamiento dejarán atrás a aquellas hordas de 
Atila a cuyo paso quedaba desolada la tierra. La fal- 
ta de un arbitraje internacional hace del militarismo 
una fatal necesidad, manteniendo a las naciones en 
una constante amenaza de complicaciones y comba- 
tes sangrientos. ¡Qué gloria para el genio profético 
de Leibnitz si se realizara su ideal de arbitraje in- 
ternacional del Papa en un plazo no muy lejano, 
pues es la condición del orden y de la paz en el mun- 
do entero! Tan grande y glorioso acontecimiento se- 
rá una de las más hermosas conquistas de la Socie- 
dad moderna, que, libre de la constante amenaza 
de una guerra desastrosa y de la rémora de una paz 
ruinosa, caminará con nuevos bríos por la senda del 
progreso y de la civilización con pasos más agiganta- 
dos que nunca. 

El Congreso Jurídico Ibero - Americano podría 
iniciar esa conquista para la familia ibero -ameri- 



130 > 



EL PEIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



cana y por ende acelerar la realización de tan esplén- 
dido advenimiento en el mundo, como que es obra de 
progreso verdadero, santo y glorioso y por cuya ini- 
ciativa merecería bien de la Sociedad moderna y 
de sus hermosos destinos. 

¿Cree Vd. que podrá tener éxito semejante pro- 
yecto en el Congreso Jurídico? Pues entonces a la 
obra, y no dudo sabrá coronars,e de gloria abogando 
por tan hermosa idea. 

Soy de Vd. afmo. y atto. Capellán. -|- Mariano 
Soler, Obispo de Montevideo." 

En 8 de Octubre de 1897 pone de manifiesto su 
solicitud por el honor de la Iglesia del Río de la Pla- 
ta con la siguiente epístola a su hermano en el epis- 
copado el limo. Sr. Mariano Antonio Espinosa, a la 
sazón Obispo Auxiliar de Buenos Aires: 

"Estimado y Venerable Hermano: Inspirado por 
el espíritu de confraternidad y simpatías que sin mis- 
terios profeso al gran pueblo hermano, la República 
Argentina, voy a proponerle un pensamiento - pro- 
yecto para que procure S. S. gestionar su realización 
del mejor modo que crea conveniente, seguro desde 
ya que no ha de disgustarle al Excmo. Sr. Preíiden- 
te de la República en su reconocido patriotismo. 

Así pues, creo que la erección de las tres nue- 
vas diócesis [de la Plata, Santa Fe y Tucumán] es 
ocasión oportuna para que el GobÍQrno argentino 
procure obtener de la Santa Sede la declaración de 
los honores y jurisdicción de Primado para el Arzo- 
bispo de Buenos Aires, erigiendo en Arzobispado la 
Diócesis de Córdoba, pues bien sabe S. S. que no exis- 
te la categoría de primado nísi ad honórem, no exis- 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



131 



tiendo al menos dos Provincias Eclesiásticas o Ar- 
zobispados Metropolitanos. En cuanto a la asigna- 
ción de Obispados Sufragáneos para los respectivos 
Arzobispados de Buenos Aires y Córdoba es asunto 
fácil de arreglar según la situación geográfica de 
cada uno. 

No tengo neces^idad de advertir que esta organi- 
zación jerárquica de la Iglesia Argentina no exigi- 
ría mayores erogaciones fuera de las bulas corres- 
pondientes. 

Pero ¿qué es eso, ante el honor jerárquico que 
recibiría esa Iglesia nacional y por tanto la Repú- 
blica? ¿ Y cómo la gran República de Sud América 
no ha de tener su Arzobispo Primado, cuando lo tie- 
nen Méjico y el Brasil? Y aunque Méjico tiene seis 
Arzobispados, esto no es necesario, pues el Brasil 
no tiene más que dos, el de Río de Janeiro (de reciente 
creación) y el de Bahía, que es el Primado por ra- 
zón de antigüedad. 

Así, pues, si Córdoba merece el Arzobispado, 
a Buenos Aires tocan los honores del Primado. 

Excuso advertirle que no propongo la idea ni 
al Sr. Arzobispo ni al Obispo de Córdoba, porque, 
apareciendo los interesados, les podría suceder lo que 
a mí, que me achacaban a propio interés lo que só- 
lo buscaba para bien de la Iglesia y del Estado. 

Por lo demás vea lo que más convenga, pero 
creo oportuna la ocasión". 

Y para que se columbre hasta dónde alcanzaba 
la amplitud de miras de nuestro incomparable Ar- 
zobispo, consigno esta nota, que, entre varias otras 
muy interesantes, encuentro en una hoja - memo- 
rándum : 



132 



EL PRIMER ARZOBISPO DE MONTEVIDEO 



Escribir "una carta (confidencial) al Obispo Bo- 
nomcUi sobre arreglo de extraterritorialidad de la 
Santa Sede". 

Obra en el archivo de la Curia una carta de Mon- 
señor Juan Ireland, fechada en 9 de noviembre de 
1898, de cuya lectura se deduce que el Prelado uru- 
guayo había escrito al de Saint Paul exhortándole a 
bregar por el propósito de que las Islas Filipinas, li- 
bres de la influencia de los Estados Unidos, permane- 
ciesen en su órbita natural dentro del sistema hispá- 
nico. 

El célebre Obispo angloamericano responde que 
ello es irremediable: que el movimiento de opinión 
de su pueblo es arrollador y ningún jefe del Estado 
será capaz de contrarrestarlo. 

En Mayo de 1904 agradece a Da. Angela Olive- 
ra de César Castro la medalla del Cristo de los An- 
des, se muestra asimismo reconocido al delicado pen- 
samiento de ofrecer por la pacificación del Uruguay, 
ensangrentado por la guerra civil, la primera misa 
celebrada al pie de la estatua colosal del Redentor, 
y aprovecha la oportunidad para manifestar su preo- 
cupación e interés por la paz internacional y su con- 
vicción de que uno solo es el medio de alcanzarla. 
"¡Qué feliz inspiración la suya!, dice. Es en verdad 
el Cristo Redentor el único garante de la paz y la 
felicidad de los pueblos y naciones". 

En 4 de Octubre de 1905 escribe a Don Gumer- 
sindo Busto, residente en Buenos Aires: 



(DOCTOR D. MARIANO SOLER) 



133 



"Me pide Vd. mi opinión acerca de la convenien- 
cia de crear una segunda Universidad hispano - ame- 
ricana en Compostela, además de la proyectada en 
Salamanca, pero montada según los últimos adelan- 
tos y costeada por suscripción entre los Gallegos 
de América. . . Ocasión propicia para expresar mi 
pensamiento sobre esa simpática corriente hispano - 
americana, que es como la evocación de tradiciones, 
glorias e ideales comunes a las dos Españas, la atlán- 
tica y la trasatlántica." 

Afirma luego que, destendiente de Españoles, 
siente orgullo de raza, pues no hay nación más glo- 
riosa, heroica, prolífica que España; ella realizó 
la epopeya de la conquista, y nos dió su lengua. Ur- 
ge la unión, dice, pues hemos perdido el tiempo en 
suspicacias y recriminaciones. 

Y concluye: "Para que Vd. no vaya a creer que 
estas ideas Bon una improvisación del momento, de- 
seo declarar que desde el año 1884 tuve el ardimien- 
to de exponerlas al rey Don Alfonso XII en carta que 
le hice presentar por medio de un Español amigo. 
Soy, pues, antiguo partidario de la unión ibero - ame- 
ricana." 

Queda, pues, en evidencia lo que quería demora 
trarse: que el ínclito Uruguayo seguía con ojo avi- 
zor y con solicitud de apóstol el movimiento de la hu- 
manidad en toda la extensión de la tierra. 



Monte»ideo, Marzo 13 de 1935 
NIHIL OBSTAT 
GERMAN VIDAL 
Censor Eclesiástico 



PUEDE IMPRIMIRSE 
ANTONIO S. ARDOINO Vio. Gen. 
MonteTÍdeo, Marzo 15 de 1935 



NIHIL OBSTAT 
P. FERNANDO FAGALDE 

Censor ad hoc 
Marzo 14 de 1935 



PUEDE IMPRIMIRSE 
P. LUIS VAULA 

Inspector 
Marzo 15 de 1935 



PROTESTACION 

El autor, de acuerdo con las prescripciones ca- 
nónicas, declara que en la calificación de las perso- 
nas y de los actos no quiere anticiparse al juicio de 
la Santa Madre Iglesia, cuyo hijo sumiso es y anhela 
TSer hasta la muerte. 



135 



INDICE 

Prefacio 3 

PRIMERA PARTE. — En el camino del sacerdocio 

El terruño natal 7 

Los albores de una vida 10 

Un viaje in illo témpore 13 

Estudiando en los libros y en la vida 16 

En Santa Fe de la Vera Cruz 21 

Mirando a la patria 25 

En la Ciudad Eterna 29 

El Concilio Vaticano 34 

Los Colegios Eclesiásticos de Roma: el Pío Latino 

Americano 35 

Mi primer sermón de estudiante seminarista 39 

La caída del poder temporal de los Papas 40 

Grados académicos y órdenes sagi-adas 46 

Con los ojos puestos 'en la patria remota 49 

SEGUNDA PARTE. — En el ministerio apostólico. 

Una síntesis magistral 53 

El Fiscal Eclesiástico 58 



136 



El Club Católico 57 

El Liceo de Estudios Universitarios 65 

Provisor Eclesiástico 76 

El Obispado de Montevideo 77 

Una ojeada a los acontecimiontos sincrónicos 85 

En el escaño parlamentario 87 

Cura Rector del Cordón 94 

El Vicario General 95 

Por los fueros de la Iglesia 96 

Víctima propiciatoria 98 

El viajero 103 

Por tierras del Oriente 103 

En el Continente Africano 109 

A través de Europa y de las Améiicas 110 

América Precolombiana 111 

El escritor 113 

Hacia la plenitud del sacerdocio 117 

Celo vigilartte y sin fronteras 122 



EDITORIAL DON B05C0 



BIBLIOTECA URUGUAYA DE AUTORES CATOLICOS 
OBRAS PUBLICADAS 

JORIS - KARL HUYSMANS — de la Academia Francesa. 

Den Bosco. — Bosquejo Biográfico. Traducción del 
Pbro. Dr. José María Vidal, (Salesiano). 

P. Dr. JOSE MARIA VIDAL, (Salesiano). — La Madre 
de un Santo, (Margarita Occhiena de Bosco). Sem- 
blanza. 

Dr. CARLOS D'ESPINEY. — Un haz de anécdotas' de San 
Juan Bosco. (Extracto de la obra Don Bosco, del 
mismo autor). 

Pbro. MARTIN HECTOR TASENDE. — Conferencias. 

RAUL MONTERO BUSTAMANTE. — Detrás de los An- 
des. — (Notas de viaje). 

P. Dr. ANTONIO MARIA DE MONTEVIDEO. — Hacia 
El. . . — Introducción a la vida de Cristo. Conferencias. 

P. Dr. JOSE MARIA VIDAL, (Salesiano). — El Primer Ar- 
zobispo de Montevideo, (Dr. D. Mariano Soler). Sem- 
blanza. Tomo 1.'. 

EN PRENSA 
P. Dr. JOSE MARIA VIDAL, (Salesiano). — El Primer Ar- 
zobispo de Montevideo, (Dr. D. Mariano Soler). Sem- 
blanza. Tomo 2." y último. 

SECCION TEATRAL 

JOSE MARIA ESPASANDIN. — El sueño de muchos. Co- 
media en un acto. 

Del mismo Autor. — Por la tarjeta. Saínete en un acto. 

Del mismo Autor. — Una broma de carnaval. Paso de comedia. 

PIERRE ET PAUL. — El billete de lotería. Comedia en 
cinco cuadros, traducida del italiano, por el P. Ar- 
turo Mossman Gross, S. S. 

EN PRENSA 

R. UGUCCIONI. — "Tarde o temprano..." Comedia en 2 
actos. "En la antesala de un Santo". Comedia en 1 
acto. Traducidas del italiano por el P. José María 
Oberti, S. S. 



En venta en todas las Librerías y en sis Casas S^lesianas 



5487CD. 2g?cl 

82-87-06 3?r(« MT F 



1012 01312 0326